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[Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

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[Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Magnus Vólker el Sáb Jun 11 2016, 00:28

Cumpleaños, ¿quién no deseaba con la ilusión de un niño que llegase el suyo?. Es una fecha sumamente especial que siempre se celebra de una forma u otra: fiestas, reuniones familiares o de amigos, regalos, juegos, comidas pantagruélicas, alcohol a raudales si se es adulto... las opciones son de lo más variadas.
Pero Deimos había dejado pasar sin pena ni gloria no uno, si no los dos de sus novios. Así que intuía sin temor a equivocarse que el enfado de los mismos también estaba multiplicado por dos.

Se había acordado, por supuesto, ambas fechas se habían grabado en su cabeza tal y como un cincel modifica el mármol. Pero entre los viajes, las peticiones de Denis, sus contínuos problemas en diferentes ámbitos y, sobretodo, el trabajo; había sopesado los pros y los contras y llegado a la conclusión de que fingir un pasotismo exagerado y olvidadizo era la mejor opción.

¿Por qué? Todo por una sorpresa en condiciones en la que pudiera llegar a celebrar ambos sin que ninguno se superpusiera. Sin contar con la espera de que su propio humor estuviera en consonancia.

Aquella tarde había parado pronto, dando órdenes a su ayudante de que el trabajo por ese día había terminado e ignorando a la mayor parte de las personas que estaban en la arena. Como todo un Príncipe asqueado del populacho.

Aprovechó que todos estaban ocupados en sus respectivos quehaceres para dirigirse al comedor y arrastrar una mesa desocupada hasta su carromato, pateando a Tulipana por el camino ya que tropezó con ella en cuatro ocasiones ya que el animal parecía haber encontrado en él a todo un entretenimiento. La colocó frente al carromato y repitió la operación con otra más, cubriéndolas después con manteles claros después de bajar una más pequeña y redonda que tenían.
Realmente sólo tenía una idea parcial de lo que quería, por lo que se estaba dejando llevar por la improvisación y el último libro que había releído y que le gustaba desde niño, cuando una de sus niñeras, una preciosa puta francesa, se lo había contado: "Alicia en el País de las Maravillas".

Empezó a sacar una taza tras otra, junto con los platitos con los que iban a juego. Arrebatandole también su juego a Kóstyk aprovechando que éste estaba ocupado. Repartió cucharillas y pequeños cubiertos de postre desiguales, servillertas y platos con dulces que había conseguido comprar en el pueblo, de chocolate, caramelo, fresa y nata o menta. Al no poder decidirse optó por un poco de todo.
Unos panecillos de leche terminaron dentro sopera no cubierta, no muy lejos de una pequeña torre de cuatro tazas que le habían sobrado y que hacían equilibrio sobre sus respectivos platos.
 
Las sillas que rodeaban la mesa era cada una más dispar que la anterior, incluyendo tres butacones y un pequeño taburete que había puesto sobre unos una caja de madera y unos libros para que, si alguien decidía sentarse ahí, llegase cómodamente a la mesa. Dejó tomando el café a un gran peluche de un conejo blanco que había conseguido tiempo atrás en el tiro al blanco. El pobre juguete tenía la cabeza cosida de forma tosca sobre el tronco pues, en un arrebato, había sido decapitado a la fuerza hacía casi un año.

Regresó al carromato para vestirse después de haber decorado el exterior, enredando cintas incluso en un arbol. La ropa extravagante y colorida acudió una vez más a su encuentro junto con su sombrero favorito, al que había puesto un largo lazo de raso azul para la ocasión, que combinaba con sus ojos y caía hasta la mitad de su espalda. La tetera que había preparado silbó y la apartó del fuego, llevándola a la mesa junto con una compañera en cuyo interior se movía un líquido muy diferente al té.

Miró a su alrededor, dando un par de vueltas mientras colocaba de forma perfecta su chaleco y la cadenita que colgaba del bolsillo de su bolsillo, asegurandose de que no faltaba nada. Se maquilló un poco los ojos, y sonrió al espejo, encantado con el resultado. Si sus cálculos no eran erróneos, debían tardar poco en llegar.

El gitano había sido su víctima no sólo con las tazas, sino también con el gramófono que conectó para que la música empezara a sonar y ambientara el lugar. No lo consideraba un robo, pues tan sólo se lo había cogido prestado pese a que en realidad no había pedido permiso.

Se sentó en el butacón que había en la cabecera de la extraña y caotica mesa, estiró las piernas para apoyar los pies en la esquina de la misma, quedando con éstos alzados y medio tumbado en el asiento, con la mirada puesta en el horizonte. Esperando pacientemente mientras tarareaba.

Tulipana apareció de nuevo, mirando de forma curiosa todo, y saltó hasta el asiento de una de las butacas. Atrapó una pasta de té y empezó a mordisquearla con felicidad, probablemente preguntándose quién era el conejo que tenía sentado enfrente. Deimos enarcó una ceja y después encogió los hombros, aceptando a la repentina invitada, pese a que no hubiera traído regalo. Ese día alguien le había puesto un tutú rosa que iba acorde con el momento.
Idea de Mesa (?):


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Nicola Stracci el Dom Jun 12 2016, 05:41

Ya había pasado un mes, más o menos, desde que empezó a formar parte del circo, y el italiano todavía no estaba muy seguro de si se había acostumbrado o no a ese novedoso tipo de vida, viviendo con dos hombres aún más inestables que él mismo.
A veces echaba de menos lo que había dejado atrás, en Baltimore: dinero, lujos, prestigio, una vida fácil... Y no quería amargarse pensando en ello, pero en ocasiones resultaba bastante difícil, provocando un mal humor que lo tenía preso más de lo que le gustaría, mal humor que no dudaba en descargar en sus clientes.

Durante su tiempo libre había experimentado con varios productos que, pese a que no servían para nada que estuviera demostrado, resultaban muy atrayentes para su tipo de público, y cuanto más se desinhibía en su nuevo trabajo mayor era su facilidad para convencer e insultar a todo el que se pusiera delante.
Nunca sería tan rico como lo habría sido viviendo en Baltimore, pero al menos tampoco pasaba por ninguna necesidad. Sus intenciones de convertirse en el más pudiente del circo estaban ahí, y aunque tenía grandes competidores se abría paso igualmente.
Él no era ninguna rareza, no tenía nada que mostrar, otros sin esfuerzo podían ganar más dinero que él, pero Nicola estafaba a diestro y siniestro a gente con complejos.

Aquel día había pasado tiempo preparando sus tónicos milagrosos para la próxima venta, incluso había aprovechado para ir a la ciudad con Werther a pasearse y a comprar unas cuantas cosas que necesitaba para si mismo. Por supuesto habían aprovechado el viaje para llevar octavillas que tenían que repartir, pero luego de dar algunos el resto acabaronabandonados en cualquier parte.
Se pasó varias horas tan solo paseándose por el centro de Salem con su amigo mientras fumaba, viendo a la gente pasar y dando rienda suelta a sus pensamientos.
Algunos ya lo conocían de haberlo visto en el circo o parado por alguna parte junto a su carromato para vender sus tónicos, y le llamó especialmente la atención un viejo calvo y gordo que se acercó a él para contarle con mucha emoción que le estaba saliendo pelo, concretamente uno, largo y negro, en la coronilla.
Mantuvo la compostura como buenamente pudo, le dio la enhorabuena y le dijo que ya estaba un poco más cerca de tener pelo, y el tipo se fue tan contento.
Tan pronto como estuvo fuera de su vista rompió a reír con Werther.

Para cuando regresó al circo le dolían un poco los pies y estaba deseando sacarse los zapatos.
Se despidió de Werther y pasó primero por su carromato, el que usaba para su trabajo, y dejó las cosas que había comprado dentro, luego marchó al hogar que compartía con Jack y Deimos con intenciones de descansar, o más bien holgazanear, por el resto del día.

Una vez fue llegando al carromato alcanzó a ver la mesa que estaba dispuesta delante y apretó el paso, extrañado, pues no recordaba que eso hubiera estado ahí antes.
La escena era sin duda muy surrealista, sobretodo teniendo en cuenta a la cabra con tutú, pero en el circo todo era así.
Su mirada se fijó en Deimos, sentado más allá, pero no pudo evitar regresar a la cabra que al hacer contacto visual con él baló después de haberse comido una galleta directamente de un plato. Nicola era demasiado escrupuloso para dejar pasar eso por alto, y se notó en su expresión que no le agradaba para nada la presencia del animal, que terminó por acaparar toda su atención.
¿Qué estamos celebrando? —preguntó al rubio, empujando a la cabra para bajarla del asiento, aunque esta se rehusaba—. ¡Fuera bicho! Deimos, no dejes que se suba a las cosas, luego lo caga y lo mea todo —quejó Nicola, mientras forcejeaba con la cabra que cada vez balaba con más insistencia.

Nicola le ganó la batalla a Tulipana, pero mientras tomaba un paño para limpiar la silla la cabra decidió que sería divertido subirse en otra.
¡No! Ahg, que alguien se la lleve a su corral y la amarre.




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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Jack Stracci el Dom Jun 12 2016, 06:33

Cuando Jack vio la escena se quedó mirando muy serio. Había estado pasando por una serie de sucesos extraños, varias veces la realidad parecía torcerse a su alrededor de forma estrambótica por lo que la escena que se presentaba frente a él parecía otra más de aquellas. Deimos en la cabecera de una ridícula mesa, con una cabra con tutú que luchaba contra Nicola y un conejo enorme decapitado y con la cabeza vuelta a coser que a ratos parecía ser falso. Entrecerró los ojos hasta nublar la escena entre sus pestañas negras para tratar de ver si así esta se aclarara y se volvía real, fuera lo que fuera que era en realidad lo que pasaba ahí. Pero no, seguía todo así, como una explosión colorida, como si hubiesen destripado a un payaso, suponiendo que las entrañas de este fueran tan estrafalarias como su exterior y las hubiesen colgado por todos lados. Tomó una taza floreada con diseño exótico que danzaba bajo sus dedos azules y al dejarla dejó una mancha de pintura en ella.

Jack estaba manchado de forma multicolor, en sus manos llevaba azul y violeta, un poco de amarillo incluso, en su mejillas estaba salpicado el color dorado una gota incluso muy cerca de uno de sus ojos azules, sólo por fortuna no había caído dentro. El cabello, que de hace un tiempo era castaño oscuro, tampoco se había librado de aquella batalla contra el lienzo y tenía las pintas manchadas con una mezcla de colores que habían dejado los mechones tiesos en las puntas. Su pecho descubierto, el jeans gastado y raído y las zapatillas de lona y caucho estaban en igual condición. Pero Jack no estaba preocupado por la imagen que presentaba él, pues no era extraña realmente después de las horas de trabajo. Era la mesa la que captó su interés hasta que salió de su ensimismamiento y se acercó.

Antes de todo aquello, durante el día, había hecho decenas de volantes de cada uno de los espectáculos en un mimeógrafo de gelatina con tinta azul, luego los cortaba su asistente. Había dibujos tanto de los artistas de la carpa principal como de los del sideshow, aunque se distorsionaba un poco en la copia mantenían bastante el aspecto del dibujo original. Dibujaba las letras también que irían en cada afiche, pues no tenían dinero para un linotipo que estaban tan de moda. Se preguntó si podría hacer uno con ayuda de la extraña Berenice para facilitarse el trabajo, pero no llegó a detenerse para plantearle esa idea, sólo la dejó en su mente tratando de no olvidarla. Copiaba uno a uno los volantes, que por hoja cabían cuatro mientras en su mente repetía en un susurro el nombre artístico de cada uno al entregarle el papel a su asistente para que lo cortara. Titán le sacaba suspiros al pensar en el fuerte gigante, aunque para él Valdemar no era alguien que deseara por lo bobo que era. Otro que le gustaba mucho era Denis, ahora que era el ángel caído que no salía durante el día le gustaba mucho más que antes. Se había convertido en un misterio. Su asistente se encargó de entregar a los volanteros los papeles terminados de días anteriores y ese y pidió encarecidamente que los entregaran pues ya había pillado a Werther botándolos, no había querido decirle a Jack para que no matara a una de las estrellas del show nada más.

Luego de eso Jack se había visto libre al fin, pero no deseaba estar con Deimos, él solía estar ausente, por lo que si es que esa tarde estaba él sería quien no estaría. Peleaba con él en su mente constantemente, aunque esas peleas no llegaban a ser reales, al menos no la mayoría. Nicola por otro lado debía repartir volantes, por lo que sólo imaginó que la labia que usaba en su show le serviría para atraer espectadores... Pensó en la posibilidad de que Nicola vendiera sus cuadros y poder salir del circo como un pintor famoso, aunque Deimos amaba el circo, era su hogar, por eso le costaba salir de ahí. No pensó más en ello pues se dedicó el resto de la tarde a pintar, había confeccionado un gran lienzo que no estaba destinado a ser para ningún show, no era un encargo ni nada, sólo era algo de su gusto, por lo que empezó a pintar un cielo nocturno y los techos de las casas de una ciudad ficticia llenos de gatos sonrientes multicolores, todos mirando hacia el espectador con esa macabra sonrisa y ojos despiertos, así como la luna contaba con un rostro similar. Se sentía bien pintando aquello. Sonreía.


-¿Que es todo esto?- preguntó, aunque tratando de no parecer tan sorprendido, pues a veces le pasaba que le asustaba algo inofensivo o que no notaba como estaba en un lugar peligroso. Como había comunicado antes a sus amantes, había perdido la cabeza, sólo que trataba que no se le notara tanto...- ¿Vamos a tomar té? Yo me iré a bañar antes.

Pese a sus palabras no se marchó de inmediato, se acercó a Deimos y se dejó caer sobre su regazo agarrándose de su cuello con ambas manos entrelazándolas detrás de su nuca, sonrió y se acercó para llenarlo de besos. Se sentía como la "Piedad" de Miguel Ángel en los brazos de su amado.

-Estoy haciendo un cuadro, luego te lo muestro. Tiene muchos colores- por si no se notaba por su aspecto lo aclaró. Se levantó del regazo de Deimos y se acercó a Nicola quien se veía de mal humor, cosa común en él. Lo agarró por la mandíbula y le dio un beso intenso en los labios.- Ya vengo, empiecen sin mi si quieren, no tengo hambre.- se alejó del italiano y pensaba entrar en el carromato preguntándose que demonios era esa escena ¿Estaba ahí o era sólo su imaginación?


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Magnus Vólker el Mar Jun 21 2016, 21:40

Las comisuras de sus labios se curvaron en una amplia sonrisa en cuanto Nicola hizo acto de aparición, llegando el primero. Tulipana le arrebató la oportunidad de ser el centro de atención pero pese a que en un primer momento la tentación de hacer con ella un asado fue lo suficientemente fuerte como para que se lo planteara durante unos segundos, la expresión de asco del italiano se superpuso y empezó a verlo tremendamente divertido.  

No quiso responder a su pregunta, una de lo más lógica, hasta que Jack no hubiera llegado, por lo que decidió ignorarle por todo lo alto, sin hacer tampoco ademán de ir a ayudarle con la cabra- Tulipana es más limpia que la mayoría de nuestros compañeros -aseguró en referencia a los circenses, estirándose un poco más para hundirse en el sillón. La cabra volvió a balar con mayor fuerza, al parecer de acuerdo con aquella afirmación.

La sonrisa se volvió más y más divertida, llegando a reír entre dientes al ver la frustración ajena- No la he invitado, pero considero que echarla ahora sería de lo más descortés... -Su mirada fue entonces hacia Jack, que acababa de llegar y cuyo cuerpo estaba salpicado de colores. El mago enarcó una ceja, mirándole de arriba abajo. - Si. -le siguió con la mirada y bajó las piernas de la mesa para que pudiera sentarse encima suya, agarrándole de la cintura con delicadeza.

Por suerte la mayor parte de la pintura estaba seca, pero pese a eso algunas zonas de la ropa y la mano derecha quedaron un tanto manchadas, aunque la peor parte se la llevó el cuello y la coleta que acabaron con marcas azules frescas. - Creo que podría adivinarlos todos... -bromeó con una sonrisa de medio lado, lanzándole un beso.

Observó encantado como se saludaban, reclinándose como deseando poder formar parte de ese beso pero a la vez aceptando de buen grado ser espectador. Eran tan bellos...

Siguió con la mirada a Jack, lamentándose por sus palabras, ¿no tenía hambre? ¿Entonces para qué había preparado todo eso?. Suspiró y abrió los labios dispuesto a decir algo, pero una escena que vislumbró por el rabillo del ojo borró todas las ideas de un plumazo y le hizo soltar una estridente carcajada. Tulipana, enfadada como estaba por la forma de actuar de Nicola y sus más que reiteradas amenazas, había optado por aprovechar que éste se había inclinado con intenciones de limpiar la otra silla para saltar sobre su espalda y quedarse ahí, balando con orgullo. Como si fuera parte de un novedoso espectáculo.

El ataque de risa se extendió por largos segundos, incapaz de contenerse y provocando con uno de sus aspavientos que el sombrero se le ladeara quedando colocado de forma extraña.
Alcanzó una magdalena y, tras apuntar bien, se la lanzó a la cabeza al animal, que dejó de berrear y le miró todo ofendido antes de bajar al suelo de un salto.

Deimos se levantó y agarró la mano de Jack antes de que se alejara, tirando de él y caminando hacia Nicola. Una vez estuvo junto a ambos les besó, sonriente, tomando también la mano del italiano. - ¡Feliz cumpleaños tardío!-exclamó antes de mirar a su alrededor un segundo- Quería que lo celebráramos en condiciones, y ésta me pareció la mejor idea. En vuestros respectivos cumpleaños sin duda os habríais esperado alguna cosa, pero ahora no. Hay de todo lo que os apetezca, incluyendo absenta y algo de opio, aunque también té y café, claro. Pasteles, pastas... -ladeó la cabeza, mirándoles- Oh, y regalos, por supuesto -amplió la sonrisa y volvió a besarles- Puse más asientos por si queríais invitar a alguien o por si decidíamos ir variando... -encogió los hombros- Depende de lo caprichosos que seamos. -guardó un segundo de silencio sólo roto por un nuevo balido que le hizo rodar los ojos, chistando a Tulipana- Shhhh, insecto. -volvió a ellos- Nuestros primeros cumpleaños juntos los tres. Jamás me olvidaría.


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Nicola Stracci el Miér Jun 22 2016, 15:44

La idea de mancharse de pintura no le resultaba muy atrayente, de hecho cuando Jack se acercó pensó en apartarse para que no lo tocara y pintara con la infinidad de colores que tenía encima, pero al final no se movió y recibió aquel beso con el que también tuvo su cara pintada.
Olvidándose del color que Jack había añadido a su piel cerró los ojos y respondió aquel beso que hizo que valiera la pena ensuciarse.
Ya cuando se alejaba el más alto él se lamió los labios recordando la sensación del reciente beso, y sonrió.
A este paso vamos a necesitar un baño todos —miró a Deimos, volviendo su sonrisa hacia él.

Buscó una servilleta en la mesa con la que poder limpiarse la pintura que le había dejado Jack en la cara, y luego volvió a hacer lo mismo de antes, pretender espantar a la cabra y limpiar la silla en la que se había subido, con la diferencia de que esta vez el maldito animal aprovechó la situación para subir de un salto en su espalda.
Nicola sintió sus duras pezuñas clavarse en su espalda con el peso de aquella rechoncha cabra y soltó un quejido que fue seguido por sus gritos.
¡Quita de ahí! ¡No te rías y ayúdame! —le gruñó primero a Tulipana y luego a Deimos cuya risotada se hizo más que audible.
Se irguió para que la cabra se cayera de su espalda, pero esta alcanzó a bajar antes de un salto que propició una magdalena voladora.
¡Voy a hacer estofado a esa alimaña! —dijo, histérico, y alcanzó lo primero que encontró sobre la mesa para arrojárselo con furia a la cabra que escapaba apurada.
Nicola tenía la cara colorada en parte por la vergüenza de semejante escena, por la risa de Deimos y por la rabia que le daba que un animal le hubiera tomado el pelo de esa manera.

Aun estaba rabiando y mirando hacia la cabra con los dientes apretados y el ceño fruncido cuando sus chicos se aproximaron, en realidad siendo Jack jalado por Deimos, y recibió el beso a tres bandas que pretendió ser un poco tranquilizador para si mismo.
Nicola suspiró, tratando de apagar ese mal humor que había hecho crecer el animal que se había invitado solo.
¿Cumpleaños? —dudó, mirando primero a la mesa con todas las cosas y luego volviendo hacia Deimos.
Iba a replicar, soltar alguna queja, pero prefirió quedarse callado, pues incluso iba a tener un regalo.
Que extraña sorpresa —admitió, volviendo a mostrar una sonrisa, tratando de olvidar todo el asunto de la cabra y su molestia porque en su día Deimos se hubiese olvidado—. Si lo hubiese sabido habría traído regalos también... —miró tanto a uno como a otro, aunque su mirada se detuvo en Deimos, ampliando su sonrisa de forma un tanto más maliciosa—. Pero, ya que eres tú quien nos celebra a nosotros vas a tener que servirnos... Es tu parte por jugar a olvidarte para hacer esto.
Nicola se pasó las manos por el cabello, peinándolo hacia atrás, y con aquella sonrisa suya se sentó en el asiento que le pareció más cómodo.
Café, por favor —dijo, señalando su taza mientras miraba a Deimos, con tono juguetón, pretendiendo actuar como buen noble con servicio—. Y quiero que nos cantes cumpleaños feliz después.
Su mirada se desvió hacia Jack.
Estás muy sucio, pero no me importa —comentó, con una risilla—. Ven a mancharme mientras el buen Deimos nos sirve, te puedes bañar después —le dijo, manteniendo aquella sonrisa traviesa.




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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Jack Stracci el Lun Ago 08 2016, 15:53

Escuchó la risa de Deimos y se dio vuelta para mirar cual era el motivo de esta y vio como estaba Nicola rabiando con  por tener a la cabra encima, Jack se rió de forma más moderada y pensó en ir a bajarle la cabra de encima, pero a medida que dio unos pasos la risa empezó a aflorar contagiada por la de Deimos y se detuvo para agacharse un poco con contracciones de su estómago. Rio a carcajadas después hasta que Deimos se le acercó y lo arrastró de la mano hacía Nicola. En un inició pensó que se refería sólo al cumpleaños de Nicola y tras haber respondido al beso le sonrió, pero según hablaba Deimos se dio cuenta que también se refería al suyo, pero le extrañó pues el suyo había sido hace mucho tiempo, meses atrás. Se rio de todo el discurso de Deimos y hasta de la opinión de la cabra, luego Nicola habló y Jack encontró que tenía razón, cuando mencionó que estaba sucio se miró a si mismo y se sintió incomodo, no sabía cuanto rato iba a poder estar así, pero un baño haría que se tardara mucho.

-Mi cumpleaños fue en febrero...- le recordó como reproche aunque llevaba una sonrisa.- Ya vengo.- dijo y se fue de vuelta al carromato, no con intensiones de darse un baño, pero al menos fue por una camisa que se puso y abotonó y luego se puso una chaqueta de cuero negra. Salió después sacando un cigarrillo y se acercó a Nicola que había dejado esperando. Se sentó a su lado, apoyó la cabeza en su hombro y luego se levantó para botar las cenizas en un platillo y apuntó su taza vacía.- Vierte café, príncipe.

Acarició el muslo de Nicola de forma distraída. en esos momentos recordaba muy bien quien era él, no como le pasaba a veces en que su mente se torcía en lineas temporales de su vida en las que aún no estaba. Recordaba a Nicola y todo ese amor y deseo que despertaba en él. Lo miró mostrando en su mirada ese amor que existía por él y le sonrió con complicidad, podían jugar a torturar al príncipe, se lo decía con esa mirada, se lo merecía por sus continuas ausencias y siempre estar drogado... Miró la pipa de opio después no mostrando mucho deseo por ella, sino no le gustaba la idea de ver a Deimos después enchufado en ella sin ser consciente del resto del mundo. Quiso empujarla, pero sabía que eso lo haría entrar en cólera. Prefería que se drogara afuera si lo hacía aunque prefería que no lo hiciera, pues estaba seguro que mientras se drogaba estaba en los brazos de alguien.

-No me gusta el opio- le recordó- ya estuve aturdido casi toda la vida, no quiero más, prefiero la droga de Nico...- se acercó para succionar sus labios como saboreandolos, luego lo soltó para fumar un poco más. Seguía prácticamente echado en él apoyándose en su pecho y descansando su nuca en su hombro.


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Magnus Vólker el Sáb Ago 13 2016, 00:00

-No me importaría en absoluto. Busquemos una laguna y bañémonos desnudos los tres -respondió a Nicola, sonriendo también, de un humor fantástico. Después podría haber intentado contener las carcajadas, haberse acercado al italiano y obligado al animal a bajar de su espalda para que el chico pudiera mantener relativamente intacta su dignidad. Podría, pero no lo hizo ya que el momento era demasiado hilarante como para perderselo. ¿Cuántas veces tendría la oportunidad de ver a Nicola siendo pisoteado por una cabra que a su vez iba vestida con un magnífico tutú rosa?, solo una.
Y que Jack se hubiera unido a sus risotadas no hacía más que empeorarlo porque éstas seguían y seguían, contagiándose mutuamente.  

Pero al final, a sabiendas de que la venganza ajena iba a ser muy cruel si se limitaba a reír o, peor, a aplaudir tal y como se le había pasado por la cabeza hacer, decidió echarle una mano. Con una magdalena fue más que suficiente, pero Nicola no se contentó con que bajara de él sino que volvió a amenazarla de forma culinaria y a arrojarle algo. Deimos enarcó una ceja al ver que, el arma escogida, no había sido ni más ni menos que un bonito platillo que había terminado por estamparse contra un árbol, haciéndose añicos pero sirviendo para que la cabra no apareciera más.

-Cumpleaños -repitió después de la pregunta del italiano, como si hiciera falta recalcar aún más la celebración. Las palabras se sucedieron y, después, al asegurar que sería él el que tendría que servir a los cumpleañeros, provocó que el escapista enarcara ambas cejas con expresión de sorpresa y entreabiera los labios dispuesto, probablemente, a indicar que él jamás serviría pues no era un mayordomo. Ambos eran más que conocedores de su orgullo desmesurado pero, en un día como aquel, decidió callarse y asentir con una sonrisa encantadora. - Contad con ello. -le siguió con la mirada y su ceja dorada no tardó en volver a enarcarse con expresión divertida cuando le ordenó café de esa forma.- No juegues con fuego, niño rico... -medio amenazó, riendo entre dientes. Antes de volver hacia la mesa se detuvo, miró a Jack a los ojos y le acarició el mentón-¿Crees que después de todo éste tiempo no recuerdo cuando es? -preguntó cuando le recordó que había sido en febrero.

Mientras Jack entraba al carromato, Deimos volvió a la mesa y tomó la jarra que tenía el café, acercándose a Nico para servirle un poco, poniendo a su lado un vaso en cuyo interior estaban amontonados un puñadito de terrones de azucar moreno y blanco. Se inclinó para darle un beso en el cuello, agarrándose con la otra mano el sombrero para que no se le cayera encima de la mesa destrozando su "obra", y sonrió a Jack una vez éste hubo tomado asiento al lado, con un nuevo atuendo. Le sirvió a él también una taza de café, regalándole un beso y volvió a su butacón para ponerse un poco de té, dejando caer tres terrones en el interior. Puso la tetera cerca de la jarra y cogió una galleta que mordisqueó mientras les veía besarse, pensando muchos debían envidiarle.

Dio un sorbo al té caliente y se acomodó- Hmmm..., no me deis envidia-sus ojos claros se deslizaron hacia Jack- Sé que no te gusta, pero quizá a Nico si. Por cierto... me gusta como te quedan esos colores. Eres tu propio cuadro -observó la parte del pecho que mostraba, más bien escasa, la camisa que se había puesto. Una mancha que iba a medio camino entre verde y morado ascendía hacia su cuello- Traje todo lo que se me ocurrió, no sabía que os apetecería más. Hoy es un día todo vuestro, y por un día, acepto ser mayordomo -Apuntó a Nicola con la galleta- Por uno, no te ilusiones -le dijo, pues sabía que él si estaba acostumbrado a los criados- ¿Qué os apetece hacer? -preguntó mientras el gramófono daba paso a una canción más animada y pegadiza.


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Nicola Stracci el Lun Ago 15 2016, 22:06

Notó la sorpresa de Deimos después de que este fuera consciente de que pretendía volverlo su sirviente por un día, y esperaba que se quejara pero no lo hizo, sino que se mostró bastante dócil ante la idea, cosa que hizo reír al italiano, para devolverle al menos un poco lo de la maldita cabra.
Jugar es lo que más me gusta —respondió, con una sonrisa torcida, esperando a que le sirviera, señalando incluso su taza por segunda vez como si estuviera repitiendo la orden sin palabras, exigente como era.

Y el mio fue el mes pasado —comentó Nicola de forma más bien distraída, después de que lo hubiera hecho Jack, para meterse simplemente.
Vio como el más alto se marchaba al carromato y formuló una expresión de disgusto, pensando que iría a bañarse de todas maneras y que tardaría en regresar. No podía culparlo por querer estar limpio, pero le apetecía más pasar tiempo con él, sobre todo cuando tenían aquella pequeña fiesta de cumpleaños que había organizado Deimos.

Miró como este último le servía el café, cediendo a su capricho, y consiguió hacer que volviera a sonreír, de brazos cruzados y con su mejor pose de «soy el dueño de todo ésto».
Cuidado, no lo derrames —dijo, limitándose a molestarlo.
Cerró sus ojos al recibir el beso en el cuello, disfrutándolo, y luego vio que Jack regresaba.

Jack parecía estar bastante más lúcido de lo que había estado últimamente, lo miraba de forma distinta y eso tenía constantemente confundido a Nicola. A veces lo recordaba, a veces no, a veces lo miraba con desprecio y asco y otras notaba el mismo amor que él le tenía... En ese momento quiso disfrutarlo, al menos mientras durara.
Con su mirada pícara correspondió a aquella idea de hacer pagar a Deimos, y luego miró a éste para hacer visible sus intenciones.
Tampoco quiero opio, y no quiero que tú lo tomes en nuestro cumpleaños —le dijo, sonando como una perfecta orden—. Lo haces todos los días, no te hará mal dejarlo por un rato. —Aquel era sólo un pequeño castigo más que añadir.
No supo a que droga se refirió Jack, aunque lo intuyó por la forma en la que tomó sus labios, disfrutando de ello.

Estaba muy cómodo con Jack actuando como un gato buscando cariño, y aunque quería su café le daba pena tener que moverse para poner el azúcar, removerlo, tomar la taza... En seguida se le ocurrió que podía usar a Deimos para eso.
Estás muy cómodo —dijo, en primer lugar, al ver que ya se había sentado—. Pero no has acabado tu servicio ¿Qué es eso de solo servir y sentarte? Eres un muy mal mayordomo. Pusiste el café no más, pero yo quiero que me añadas un terrón de azúcar, que lo muevas, soples un poquito y me lo des en la mano —sonrió amplio, de forma perversa, dejando en evidencia que, pese a que lo hacía para molestar, hablaba en serio—. Mis manos están ocupadas, solo mira lo que tengo aquí —dijo, dejando escapar una risilla malintencionada antes de girar la cabeza para dejar algunos besos en el cuello de Jack—. Si me complaces luego te pagaré bien.
»También te faltó cantar cumpleaños feliz, y... Dame una de esas pastas.


Miró al gramófono cuando éste cambió de canción, y su vista regresó luego a los dos chicos.
Me apetece ver mi regalo —confesó—. Pero también que hagas lo que te he dicho. —Le sacó la lengua—. Y quien sabe, quizás bailar después.




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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Jack Stracci el Vie Ago 26 2016, 01:53

Miró admirado a Nicola como lo mandaba a hacer cosas, más aún después de decirle que no quería que consumiera opio. Él tampoco quería, pero durante esos años nunca había podido hacer nada contra ese vicio o su infidelidades, eran dos cosas que por más que odiara siempre estaban y generalmente ligadas. Odiaba el opio, odiaba como se ponía Deimos con él y especialmente odiaba cuando ese era excusa para las marcas sexuales que a veces tenía y sabía que sería el mismo cuento cuando sacara a tema las marcar de heridas extrañas que tenía. Siempre puntos dispares que le hacían pensar en vampiros si no fuera porque no creía que existiera tal cosa. Se volvió más serio sin darse cuenta mientras miraba su cuello y se irguió en la silla ya que estaba incomodo al estar echado sobre Nicola y seguro el otro también lo estaba. Acercó la mano a su taza de café mirando la pipa en la mesa y en un acto rápido la tomó y quebró. Podía estar provocando que todo se fuera al cuerno y que la velada se transforma en otra pelea, pero Nicola tenía razón, no quería verlo embobado por la droga. Lanzó cada parte sobre la mesa y se echó hacía atrás en el respaldo mirándolo a los ojos, desafiante, para ver si sería capaz de arruinarles el cumpleaños con una rabieta.

Se había provocado un momento de silencio, sólo la música alegre estaba en contraste. Le mantuvo la mirada hasta que decidió acercarse a su taza de café, echó un par de terrones de azúcar y revolvió.

También quiero ver mi regalo y escuchar la canción, con un pastel con velas.


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Magnus Vólker el Mar Ago 30 2016, 23:25

Suspiró, asintiendo con una leve sonrisa a la nueva orden del italiano, accediendo así a no fumar por un día aunque se le hiciera algo demasiado complicado. Llevaba casi un mes haciéndolo de forma diaria y su organismo había vuelto a acostumbrarse, balanceándose en una peligrosa adicción que ya estaba siendo incontrolable. Había supuesto que Jack se negaría en rotundo ya que jamás fumaba, pero casi había esperado que Nico aceptara. - No lo tocaré, tranquilos -dijo en referencia al opio y a la pipa, haciendo un ademán con la mano como si pretendiera señalar dichas cosas, aunque todo quedó en un leve gesto desganado.

-No he tenido nunca un mayordomo, ni he conocido a uno y menos aún lo he sido -replicó, dando a entender que no tenía ni la más remota idea de lo que se suponía que tenía que hacer mientras fingía ser el de ellos, ¿acaso no era suficiente con servir lo que iban a beber?. Enarcó una ceja tanto como le fue posible, mirándolo como si le hubieran salido dos cabezas- ¿Moverlo y soplarlo también? Los ricachones no sabéis hacer nada solitos -bromeó, rodando después los ojos. Aquello era condenadamente absurdo, pero tenía razón en lo de sus manos. - ¿Cómo de bien? -les dedicó una maliciosa sonrisa de medio lado.  

-Regalos -corrigió- Son dos para cada uno, al menos por el momento. Cogió el plato de las pastas que Nicola había señalado e hizo ademán de incorporarse para llevarlo a donde ellos se encontraban, deteniéndose al ver los gestos de Jack, extrañado, pues el más alto cogió la pipa de opio. Le devolvió la mirada, sorprendido, y su expresión se tornó iracunda cuando la rompió sin mediar palabra.
Las partes de la pipa rebotaron un poco al caer sobre la mesa, chocando con alguno de los platos, pero el mago seguía con la mirada puesta en Jack. Apretó las mandíbulas, intentando controlar la furia que corría por sus venas. Había roto su pipa, la única que tenía desde los dieciocho años, y lo había hecho sin consideración alguna.

Cerró los ojos un par de segundos, serenando su respiración y esbozó una sonrisa que, al principio, parecía fría pero se fue relajando. Jack le quería retar, lo sabía, demostrar que su adicción era mucho más fuerte de lo que él mismo era consciente e incluso hacerle elegir entre ellos o la droga. Pero la decisión era muy sencilla, aunque le hubiera molestado enormemente.

Se levantó y caminó hacia ellos para dejar el platito de pastas a su alcance, echando después un terrón de azúcar al café de ambos y removiéndolo con tranquilidad. Los sopló y les devolvió sus tazas, caminando después hacia el carromato. - Ahora vuelvo - ¿Un pastel de cumpleaños? Había comprado de todo menos eso, aunque había muchos pastelitos por la mesa así que podría improvisar algo. Cogió dos pequeñas velas blancas, se las guardó en el bolsillo, y regresó con dos paquetes, uno más grande que otro. Las cajas de madera estaban envueltas en papel de color brillante.

Dejó el regalo de tamaño más pequeño frente a Jack y el otro frente a Nicola, alcanzando después un par de pastelitos a los que les puso una vela que encendió mientras cantaba la canción de cumpleaños feliz, sonriente. Apoyó las manos en el respaldo de los asientos donde estaban acomodados.

Mientras los abrían se inclinó hacia Jack, mirando curioso su expresión. En el interior de la cajita había un bonito colgante de plata que pendía de una cadena. Tenía la forma de dos alas de angel, cuyas plumas se distinguían a la perfección. El joyero había hecho un trabajo muy delicado, siguiendo sus ideas mentales y un tosco dibujo que había hecho para explicarse- Dijiste que me habías arrancado las mías... asi que aquí las tienes, ya que no se han perdido. Siempre te protegeré y estaré contigo -susurró en su oído, dandole un beso en la mejilla.

Se giró hacia Nico, sonriente y se inclinó- ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Creo que entonces ya sabía que no te dejaría escapar y por eso te las puse. Unidos para siempre -susurró también en su oído, incorporándose después de acariciar la piel de su pómulo con un beso. Había costado que el joyero comprendiera lo que quería, pues era un trabajo muy extravagante, pero ahí estaba, descansando en el interior de la caja. Una parte de las esposas de aquel día había sido separada y bañada en plata, modificandola con cuidado y originalidad hasta dar forma a un brazalete elegante que no perdía la esencia de lo que era originalmente, con un discreto labrado decorativo.


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Nicola Stracci el Dom Sep 04 2016, 00:15

Vio a Jack romper la pipa de Deimos y se quedó en completo silencio. Miraba a uno y a otro, sus ojos, y como todo parecía estar a punto de estallar.
Se sintió inquieto, como si en el fondo estuviera deseando ver lo que sucedía, y una de sus manos quedó en el muslo de Jack, apretando suavemente ahí mientras su mirada se había centrado en Deimos y en cómo este parecía tratar de controlarse.

Vio como le acercaba las pastas y el café, y él tomó la taza para darle un pequeño sorbo.
Gracias —dijo después, perdiendo por un momento aquel afán de molestarlo que había tenido momentos atrás.

El silencio se había hecho largo y tenso, dejó la taza sobre la mesa cuando Deimos se retiró y entonces se giró hacia Jack.
¿A qué ha venido eso? Parecía a punto de arrojarte lo primero que tuviera a su alcance —le dijo en voz baja, pero no como una reprimenda, pues rió.
Se acercó a dejar un beso en sus labios, disfrutando de ellos, y luego se separó para tomar una de las pastas y mordisquearla mientras tomaba su café, volviendo a recuperar poco a poco sus aires de señor todopoderoso.

Cuando Deimos regresó parecía estar más sereno, le dio un primer vistazo a los regalos, sin intuir qué podrían ser, y rió con la canción y también con los pasteles de cumpleaños más ridiculamente pequeños que había tenido nunca. Aún así le encantaba.
Se acercó a la mesa para soplar su vela, y luego miró a Jack con una gran sonrisa.
Quitando el incidente con la pipa, se lo estaba pasando bien, siempre sin olvidar lo extraño de la fiesta fuera de fecha.

No tenía ganas de pastelito, así que simplemente lo dejó frente a si, atravesado por la vela, y volvió a atender su café, que apuró antes de dejar la taza vacía sobre el platillo.
Era el momento de los regalos, y debía admitir que estaba quizás más emocionado de lo que había imaginado en un principio.

Jack fue el primero en recibir su regalo, cosa que solo causaba un poco más de ansiedad en Nicola.
No entendía el asunto de las alas, era algo que quedaba entre los dos, pero tampoco interrumpió el momento. El collar le pareció muy bonito.

Luego fue su turno, y cuando abrió la caja que le correspondía se encontró con una pulsera, cuyo simbolismo fue explicado por Deimos.
Al principio se le vio un poco extrañado, tomó el accesorio entre sus dedos y lo miró desde varios ángulos, era bonito, sí, y recordó el momento en el que había conocido a Deimos, cuando fue incapaz de ver el truco de sus esposas.
Le sonrió.
Muchas gracias —dijo, luego se volvió hacia el brazalete para ver cómo era que debía ponérselo. Se vio en un pequeño aprieto porque no supo exactamente cómo funcionaba el mecanismo tan particular de aquellas esposas adaptadas a una joya, así que se las acercó a Deimos pidiéndole con la mirada que se lo pusiera él mismo, ofreciéndole luego la muñeca.

No era de llevar ese tipo de complementos, pero pensó que podría hacer una excepción por tratarse de un regalo.




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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Jack Stracci el Sáb Sep 10 2016, 19:51

Esperó. Dispuesto y preparado para golpearlo si actuaba con la ira que veía en sus ojos, no tenía hacer un desastre en al fiesta si debían repartirse golpes, estaba harto de verlo drogado y al ver como estaba en esos momentos, tan lucido, bello y alegre supo que ya no quería más al otro Deimos, iba a frenarlo, aunque tuviera que romperle la cara a golpes en el intento.

Por fortuna no pasó a mayores y vio como Deimos les servía, revolvía y les soplaba el café. Jack encontraba todo eso innecesario, pero no iba a negar que era divertido, era estimulante verlo tan servicial, al príncipe, al tirano. Cuando se retiró miró a Nicola y se rió ampliamente y puso una mano delante para ocultar sus dientes. Se mordió el labio inferior para recuperar la seriedad, respondió al breve beso de Nicola y después lo vio mordisquear una galleta y empezó a reírse con más ganas.

¡Comes como ratón!—siguió riéndose, no se imaginaba que de verdad los ricachones comían de la forma en que se burlaban de ellos. Jack tomó su taza de café y bebió mientras seguía con la mirada a Deimos que estaba de vuelta con dos cajitas de regalos. Dejó su taza sobre la mesa. Vio como Deimos dejaba la caja más pequeña delante suyo y luego sonrió al oírlo cantar. Intentaba contener la emoción avergonzado de estar sintiendo alegría, de reírse y todo lo que le estaba provocando, se sentía ridículo por lo que volvió a ocultar con la mano su boca hasta que terminó la canción y sopló la vela de su pastelito. Negó con una sonrisa mirando a Deimos—...ridículo.—musitó y aunque tuvo ganas de darle un beso se hizo esperar impulsado por la curiosidad.

Tomó el regalo mirando primero a forma en que lo había envuelto, como el regalo en si ya era algo bello. Lo abrió con cuidado sin romper el papel y luego dejó este en la mesa. Su corazón latía más rápido deseando ver que era al darse cuenta que era una caja de joyería. Era ridículo de su parte pensar que sería una petición de matrimonio, pues no podían, pero sentía una expectativa similar. Cuando finalmente abrió la caja y vio las alas inspiró y contuvo el aliento de forma involuntaria. Apretó los labios cuando escuchó sus palabras y sintió el beso en su mejilla, luego dejó la caja abierta sobre la mesa sin mirar lo que tenía Nicola. Intentar contener las emociones lo estaba asfixiando, se tapó la cara apoyando los codos en la mesa y sintió como le caían lagrimas en las palmas de las manos. Se secó la cara y miró a Deimos, se levantó y lo abrazó con fuerza.

Estúpido...—le murmuró con cariño al oído mientras se aferraba a él. Era doloroso intentar contener las emociones, pero sabía que si las dejaba salir iba a llorar.—Te odio, maldito, me harás llorar...¡Lo hiciste a propósito! te odio.

Se separó de él y le dio un suave puñetazo en el estómago y luego se secó las lagrimas del ojo izquierdo riéndose. Miró después el regalo de Nicola, ya estaba desenvuelto y no estaba en su caja, por lo que no vio lo que era a simple vista y no quería mirar directamente a Nicola para que no viera su cara llorosa y ruborizada. Se acercó a la cajita y la cerró para no ver más esas bellas alas, no podía soportarlas más y no quería ponérselas en ese momento porque estaba muy sucio. Lamentaba no haberse bañado no más, sin importar si los hacía esperar.

Para cuando cerró la caja ya podía respirar más tranquilo y sentía que se le baja el rubor de la cara. Sacó la vela de su pastelito le chupó el extremo que se había manchado y la dejó en la mesa. Se sentía observado, pero no se volteó a mirar, comió el pastelito intentando serenarse. Era el regalo más hermoso que le había dado en todos esos años.


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Magnus Vólker el Vie Sep 23 2016, 19:01

Se encogió de hombros con relajada indiferencia divertida, correspondiendo así al susurro que dejó escapar Jack en referencia a la canción, de melodía modificada, que había cantado y a los pequeños pastelitos iluminados. Cosas más absurdas habíoa hecho a lo largo de su vida, aunque estaba seguro de que nadie que le conociera habría pensado verle así en alguna ocasión, cantando alegremente un cumpleaños feliz. - ¿Habéis pedido un deseo? -comentó con algo de mofa, cuando al fin soplaron las velas.

Lo del asunto de la pipa seguía sin hacerle la menor gracia, pero por su propio bien y el de ellos tenía que dejarlo pasar como fuera, no darle importancia aunque en un futuro un poco cercano se tomase la dulce venganza de su mano por ello y por el asunto de que lo trataran como un mayordomo, cosa que, en realidad, le resultaba de lo más hilarante. No había pensado jamás en verse en una situación semejante, pero merecía la pena por ver sus caras, se notaba que en algunos momentos se estaban conteniendo las carcajadas. Ese era su día y no deseaba estropearlo.

Se quedó tras ellos cuando les dió los regalos, deseando ver sus expresiones cuando quitaran el papel que los recubría y vieran el contenido. Jack fue el primero, aunque se tomó su tiempo en retirar el papel sin hacerle el menor rasguño. Que no dijera nada al ver el colgante y se limitara a aguantar la respiración fue más que suficiente para el mago, que supo en seguida que le había encantado. Sonrió de medio lado y su mirada fue hacia el italiano, que había empezado a abrir también el suyo. Con él había pensado una docena de regalos que había terminado por despachar de su mente al considerarlos demasiado insulsos y aburridos. Nicola sin duda estaba acostumbrado a cosas caras y eso al principio había sido su talón de Aquiles a la hora de encontrar algo idóneo, pero después, al cabo de unos días, tomó la decisión de darle algo único con simbolismo como a Jack, pues para Deimos eso era algo muy importante. Mejor que algo de mucho valor monetario, pues significaba algo que nadie conocía y deseaba que ambos le recordasen cada vez que vieran el objeto el cuestión. Estar con ellos de una forma metafórica.

Vió como contemplaba el brazalete, quizá delineando con la mirada el labrado en la plata, y correspondió a la sonrisa - No hay de qué -respondió, tomando el brazalete para poder colocárselo. Le mostró una pequeña palanquita que había y la pulsó para que la pulsera se abriera, poniéndosela- Les pedí que le hicieran un cierre algo diferente que pudieras usar. Me encanta como te queda- comentó, cerrándola. Quedaba bonito, muy elegante, descansando sobre su muñeca.

Se giró un poco tras robarle un nuevo beso a Nico y miró por encima del hombro los gestos de Jack. La cajita estaba sobre la mesa, cerrada, y el chico se cubría el rostro con las manos. Deimos sonrió ampliamente y correspondió al abrazo cuando se levantó, aceptando encantado el puñetazo- Cambia el verbo, amor: No te "haré" llorar... te "he hecho" llorar -puntualizó, enarcando ambas cejas con sorna. - Yo también te odio. A ambos -miró también a Nico- con toda mi pútrida alma -miró hacia el cielo y abrió los ojos, suspirando y dejando que el melodrama cómico se apoderase de él antes de reír entre dientes. Se sentó de un salto sobre la mesa, apoyando un pie en el asiento de cada uno, y se giró para coger una taza límpia y ponerse un café, dejando olvidada la de té que estaba al otro extremo del mueble. Dio un sorbo y paseó la mirada por sus novios. - Sois condenadamente perfectos... os haría el amor ahora mismo, sobre la mesa, si no nos pudiera ver todo el mundo. -cogió una galleta de chocolate e hizo un gesto de indiferencia en ese punto- Aunque eso no me importaría en absoluto -se la comió, con una sonrisa maliciosa. - Sabéis, quiero bailar. Ahora. -se incorporó para quedar en pié sobre la mesa y les tendió a cada uno una mano para que subieran también, pidiéndoles de esa forma un baile- ¿Qué me decís? -les guiñó un ojo, tentador, y, un momento después hizo un gesto para que no se movieran del sitio. - Faltan dos cosas más... -Se giró y, andando por encima de la mesa, fue hasta el otro lado, el más cercano al carromato. En el transcurso de aquel pequeño paseo tiró la torre de tres tacitas que había hecho e hizo que parte de su té se derramara. Pisó el butacón donde había estado sentado antes, usándolo así de escalón, y bajó de un salto para entrar en su hogar.

Movió un poco uno de los muebles altos y sacó de detrás de él una caja alargada que había mantenido escondida y fuera de la vista de los dos, dejándola por el momento al lado de la puerta mientras tarareaba al ritmo de la canción que sonaba en ese momento.

Todo el dinero se lo había gastado en la comida y en las joyas, por lo que en las otras dos cosas fue cuestión de hacer uso de sus habilidades. Ese regalo en concreto, que descansaba en una caja hecha a medida, lo había ganado en una partida de cartas ilegales con un hombre de las altas esferas que estaba en Salem de paso. Una trampa sencilla y la apuesta se inclinó a su favor, haciéndole el poseedor de un bonito bastón pistola cuya empuñadura era preciosa y estilizada, acorde con un pensamiento y estilo dandy. El arma, aunque escondida, se vislumbraba parcialmente gracias al gatillo que parecía camuflado por la decoración y que funcionaba a la perfección. Si no se equivocaba, había una bala en la recámara, pero no lo había mirado. Nicola no necesitaba un bastón, claro estaba, pero la mayoría de los burgueses que había visto llevar uno, tampoco lo necesitaban. Suponía que era todo un distintivo de clase y pomposidad innecesaria. Uno bonito, incluso valía para su trabajo de Medicine Show. Ya que amaba tanto su pistola, así ésta podía tener una hermana tan llamativa que en realidad era discreta. Además, y gracias a un favor que le debía un circense, había conseguido que marcaran cuidadosamente y en pequeñito las iniciales N.S.

En cuanto a Jack...Regresó y abrió el armario para dar con el segundo y último regalo de éste, que dormitaba convertido en una bola peluda encima de uno de sus pantalones. Por suerte el pintor había decidido en el último momento no darse una ducha de lo contrario lo habría descubierto antes de tiempo. Deimos había conseguido que una de las costureras cuidara al animal el día anterior, pero esa tarde ya debía estar ahí. Era un cachorrito de siamés, pequeño y adorable, de ojos muy claros que le hacían parecer un peluche. Una raza que era codiciada por los más ricos pues acababa de llegar a América y era considerado de los más exóticos. El mago había optado por lo sencillo, aquello que le había dado de comer de niño: robar. Hacerse con el animalito no había sido nada difícil, intentar que no le arañara en la vuelta a casa, no tanto. Por suerte ahora parecía que se llevaban bien y le acarició una oreja al oír como ronroneaba. Sabía que Jack los adoraba desde hacía mucho tiempo, y no había podido contenerse en concederle por fin el capricho, uno que nadie conocía y que contrastaba con su forma de ser pues era algo muy tierno.
Le puso un collar con un cascabel que tenía dibujado un pincel pequeñito y lo metió en el interior de una caja grande que, por supuesto, tenía algunas aberturas en un lateral para que respirara aunque éstas no eran demasiado grandes para que se viera el contenido. Salió, cargando con ambas cosas, y las dejó frente a ellos.

Volvió a sentarse en la mesa y les hizo un gesto para que abrieran los regalos, mostrándose tan impaciente como ellos mismos antes de tomar su taza y terminarse el café, ya tibio.
El gatito pareció despertar y empezó a moverse en el interior de la caja, moviendo la misma unos centímetros antes de conseguir sacar un poco una pata por una de las aberturas, enganchando el mantel y tirando para jugar, curioso. Deimos pretendió no darse cuenta y les sonrió, bebiendo.

-Bolsillo izquierdo, precioso-le dijo a Nico, sin más. Allí le había guardado en el acercamiento discreto un par de balas más que le darían la pista de lo que era el regalo en cuestión quizá antes de abrirlo pues no era algo nada usual. El cascabel tintineó un poco, camuflándose con el resto de sonidos del lugar. Realmente, en su caso, era el primer bastón pistola y el primer gato siamés que veía, pues sólo había oído hablar de ambos en alguna ocasión, y le entusiasmaron.


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Nicola Stracci el Dom Oct 16 2016, 00:48

Las risas y sonrisas de Jack le parecían al italiano un bien escaso, al menos de la forma en la que podía estarlo contemplando en ese momento, y sin duda atesoró ese momento en su memoria, los tres juntos.

¡No es cierto! —quejó después, ante su acusación de que comía como ratón.

Por supuesto —dijo después a Deimos, sonriendo ante la mención de su deseo, pero él no diría de qué se trataba.

No había prestado mucha atención a Jack en el momento de recibir su regalo, pero una vez tuvo su particular brazalete envolviendo su muñeca —gracias a Deimos— se volvió hacia él con una sonrisa y fue consciente del torrente de emociones que el tercero estaba intentando contener.
Le parecía conmovedor, y mientras los dos chicos se abrazaban él se mantuvo sentado observándolos.

Jack no quería mirarlo directamente, pero Nicola si que lo miraba a él, moviéndose para captar mejor aquel momento y grabarlo en su retina.
Era un cumpleaños extraño para el italiano, pero le agradaba.
Estás muy lindo —comentó Nicola cuando Jack se distrajo en el pastelito, haciéndole notar con eso que nada le pasaba por alto.

Rió un tanto cuando vio a Deimos sobre la mesa, tomándose todo el desorden que hizo con humor, y alcanzó a rescatar el café de Jack antes de que le rubio lo volcara, ofreciéndoselo de regreso a su dueño.
No había subido a la mesa porque Deimos parecía habérselo pensado mejor, y ante la forma en la que la recorrió y bajó negó con al cabeza, apoyándose luego en Jack de forma casual, esperando al regreso del tercero.

Mientras Deimos se dedicaba a buscar el resto de regalos en el carromato, Nicola aprovechó para prenderse de los labios de Jack.
¿Me muestras? —le pidió, pues no había alcanzado a ver muy bien su regalo, ya que había cerrado la cajita, y Nicola levantó su mano para mostrarle el brazalete que había en su muñeca.

Al regresar Deimso también su atención se volvió hacia él, y viendo lo que traía recibió el siguiente regalo.
Antes de abrirlo estornudó, y acto seguido se frotó la nariz, luego si que abrió el que le correspondía y descubrió el bello bastón.
Vaya, me queda muy bien —fue su primer comentario, y con una sonrisa se puso en pie, llevando consigo el bastón que apoyó en el suelo—. ¿Qué tal? Me da un aire elegante —Rió, pero su expresión se torció para volver a estornudar.

No le dio importancia a los estornudos, y cuando Deimos mencionó su bolsillo buscó ahí, encontrándose un par de balas que lograron sorprenderlo.
Eran muy pequeñas para ser para su pistola, por lo que inmediatamente empezó a investigar el bastón.
Wow... —murmuró con asombro, a lo que después se acercó a donde estaba Deimos para darle un beso de agradecimiento.

Su acercamiento sirvió, además, para ver la patita que el animal dentro de la caja había sacado por una de las aberturas, y sin querer adelantar nada para Jack apretó los labios y se sentó sobre el escapista para contemplar la reacción de Jack, con la nariz un tanto enrojecida y los ojos llorosos.




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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Jack Stracci el Jue Oct 27 2016, 01:55

Si, deseé que al próximo que se la metas tenga sífilis y se te caiga el pene a pedazos— le dijo a Deimos como broma pesada. No había sido su deseo pues en el momento sopló olvidando pedir uno. Miró feo a Nicola después cuando le mencionó que estaba bello pues sabía porque se lo decía y le parecía que era haberse mostrado vulnerable, como un tonto. Alzó la vista para ver a Deimos subirse a la mesa y sonrió— ¡Quítate la ropa!— le dijo antes de que el rubio se bajara para irse de vuelta al carromato. Miró a Nicola nuevamente y lo besó.

Abrió la cajita para mostrarle las alas y luego él le tomó la muñeca a Nicola para ver su pulsera.

Cuando conocí a Deimos estaba tan drogado y era el hombre más bello y androgino que había visto que pensé que era un ángel, que al fin me había muerto en esa mierda de lugar y venía por mi un ángel de la muerte. No era así, pero de alguna forma si me salvó. Me salvó la vida en ese lugar... Entonces le había prometido construirle sus alas y me he dedicado a eso desde que estoy en el circo. Aprendí de los mecánicos que asistían a los magos, no sólo en este circo, sino que también he buscado consejos de otros para poder hacer artefactos que lo hagan dar los mejores show. Sus alas para mi es verlo brillar en el escenario.

Guardó silencio cuando vio salir a Deimos nuevamente y se fijó que venía con los otros regalos. De alguna forma pensó que estaba intentando quitarse culpa o que tal vez se había mandado una cagada muy grande. Pero tan sólo lo miró suspicaz un momento y luego abrió su regalo. Abrió grande los ojos al ver los ojos azules de un gatito y reconoció de inmediato que era de raza y uno que sólo los adinereados podían pagar.

¿Cómo mierda pagaste este gato?— cuestionó a Deimos y luego miró a Nicola.— Genial, les tienes alergia... Tan delicado que eres...— Sacó al gato de la caja tomándolo con una mano por las costillas y se levantó y lo alzó. Recordó como en una crisis había atado a un gato por el hecho que no se quedaba quieto. Eso le pesaba en la conciencia y no se sentía muy capaz de cuidar a otro.  Lo llevó contra su pecho y lo acarició luego se volvió a sentar, tomó una taza, le echó leche y dejó que el gatito se acercara a a beber.— No sé porque me das un gato...— miró a Deimos.— No puedo cuidarme ni a mi mismo y me das esta responsabilidad... Nicola más encima le tiene alergia y si lo dejo en el carromato estará todo el tiempo con los mocos colgando.

Con una mano acariciaba su lomo y empezó a acariciar. Pese a que no mostraba un agradecimiento Deimos sabía muy bien que amaba a los gatos, sólo que nunca se había atrevido a tener uno por su inestabilidad mental que en ese periodo era aun peor. Miró al gato nuevamente que se estaba poniendo panzón de tanta leche y buscó en la mesa que darle de comer. Tomó un poco de jamón y se lo pasó perdiendo la atención en los otros dos para dedicársela a él.

Si Tate le hace algo esta vez si que lo mato, no se hasta que punto ese enfermo mental se cree perro, pero te juro que si le hace algo por eso lo decapito.


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Re: [Salem] Una merienda de locos por dos cumpleaños tardíos [Nicola y Jack]

Mensaje por Magnus Vólker el Miér Nov 23 2016, 13:17

-Qué deseo más encantador... -se burló como respuesta, respondiendo a su broma antes de fruncir un poco el ceño como si estuviera preocupado por algo que estaba pensando- Sólo tengo una duda... Dado que a los próximos a los que se la voy a meter sois vosotros y no quiero a nadie más, ¿quién de los dos tiene sífilis y no me ha dicho nada? -le lanzó un beso y soltó una carcajada ante la siguiente petición, que no pudo cumplir ya que deseaba darles antes los regalos.

Ya de regreso y junto a ellos, observó con satisfacción el semblante de Nicola cuando éste se levantó y posó con su nueva adquisición. Asintió un par de veces, dando su aprobación; sin duda había dado en la diana. Era idóneo para él- Me gusta mucho. Ahora pareces aún más snob, amor -rió entre dientes y le robó el asiento, acomodándose- Muy elegante, si, a tu medida. Con un toque de peligro que nadie conoce, lo que es aún más atractivo -su sonrisa fue acompañada de un enarcamiento de ceja ante el siguiente estornudo. Uno era normal, pero dos tan seguidos con rojez de nariz como complemento no le hacían pensar nada bueno. ¿Acaso tenía alergia a los gatos? Ni se le había pasado por la cabeza pensar algo semejante, las alergias eran cosas de ricos como algunos decían, y no sopesó la opción. Correspondió a su beso y tiró de su cadera para que se sentara encima de él y así poder dejar una pequeña hilera de besos en su cuello.

Sonrió ante la pregunta de Jack, sin hacer siquiera amago de responder salvo por un encogimiento de hombros indiferente. Sabía la razón de que el pintor se hubiera mostrado reticente durante años a tener una mascota, pero también que se encariñaría al instante del cachorro y le protegería. - Puedes cuidarlo perfectamente, sólo que lo niegas. No le vas a hacer daño, lo sé. Fue verle y pensar en ti, me tomé su primer maullido como un "llévame con Jack" -dijo, sonriente- Lo de Nico -le dió un beso en la mejilla al italiano y le miró a los ojos- ni se me había ocurrido. ¿A qué más le tienes alergia? -preguntó curioso, antes de volver a mirar a Jack- Seguro que eso se cura con el tiempo -no le dió mayor importancia al asunto, aunque le acercó una servilleta a Nicola por si quería sonarse la nariz, sonriendo divertido por su nariz roja.

El gato mostró confianza de inmediato en ellos, o al menos eso parecía después de echarles un rápido vistazo que se vió interrumpido por la aparición de la leche. A partir de ahí, se limitó a ronronear, recibir mimos y comer encantado. La amenaza hacia Tate era una muestra clara de que aceptaba aquel regalo y lo quería, cosa que fue suficiente para Deimos. - Le tendrás que poner nombre, creo que es hembra, y una bastante lista. -alargó la mano para coger uno de los pastelitos y le dio un mordisco, suspirando debido al chocolate que lo recubría pues estaba delicioso.

Aquella podía ser la definición de día perfecto, pensó mientras les miraba, aunque ciertamente también esperaba que todo aquello pudiera ayudarle a él mismo a limpiar un poco su conciencia después de tanta ausencia e infidelidad. No quería perderles pero no sabía cómo podía arreglar lo que estaba ocurriendo. Una parte de si mismo negaba la posibilidad de que todo pudiera empeorar, pero esa tarde deseaba acallar cada uno de sus pensamientos y centrarse en la fiesta mientras la música seguía sonando. No existía nadie más, salvo ellos.  La promesa de sangre y opio quedaría difuminada por sus besos y el té.

La gata se comió el jamón que le habían dado y levantó la cabecita para mirar alrededor, empezando a caminar por la mesa sin pisar nada, como si caminara de puntillas, cotilleando cada platillo o taza e incluso dió un manotazo a una servilleta retándola a jugar ya que se había movido un poco debido al aire.

Se levantó, con las manos en la cadera de Nicola - Me debéis ese baile -afirmó, como si hubieran firmado un acuerdo sacrosanto. Agarró de la mano al italiano y le guió hasta la cabecera de la mesa donde había más espacio para bailar, no sin antes robarle un largo beso a Jack y palmeándole el trasero cuando pasaron por su lado.  


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Towny

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