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All men are pigs || Ophelia

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All men are pigs || Ophelia

Mensaje por Invitado el Lun Ago 15 2016, 01:12

Malleus Malificarum
se afirma que una sólida creencia en los brujos no es doctrina católica: véase el capítulo 26, pregunta 5 de la obra de Epíscopo. Quien crea que cualquier criatura puede ser cambiada para mejor o para peor, o transformada en otra cosa u otro ser, por cualquiera que no sea el Creador de todas las cosas, es peor que un pagano y un hereje. De manera que cuando informan que tales cosas son efectuadas por brujos, su afirmación no es católica, sino simplemente herética. Más aun, no existe acto de brujería que posea efecto permanente entre nosotros. Y esta es la prueba de ello: que si así fuera, sería efectuada por obra delos demonios. Pero asegurar que el diablo tiene el poder de cambiar los cuerpos humanos e infligirles daño permanente no parece estar de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia. Porque de este modo podrían destruir el mundo' entero, y llevarlo a la más espantosa confusión.
Más aún, toda alteración que se produce en el cuerpo humano -por, ejemplo el estado de salud o el de enfermedad - puede atribuirse a causas naturales, como nos lo demostró Aristóteles en su séptimo libro de la Física. Y la mayor de estas causases la influencia de las estrellas. Pero los demonios no pueden inmiscuirse en el movimiento de las estrellas. Esta es la. opinión de Dionisio en su epístola, a San Policarpo. Porque eso sólo puede hacerlo Dios. Por lo tanto es evidente que los demonios no pueden en verdad efectuar ninguna transformación permanente en los cuerpos de los humanos; es decir, ninguna metamorfosis real Y de ese modo debemos atribuir la aparición de cualquiera de esos cambios a alguna causa oscura y oculta.
Y el poder de Dios es más fuerte que el del diablo, así que las obras divinas son más verdaderas que las demoniacas. De donde, cuando el mal es poderoso en el mundo, tiene que ser obra del diablo, en permanente conflicto con la de Dios. Por lo tanto, como es ilegal mantener que las malas artes del demonio pueden en apariencia superar la obra, de Dios, del mismo modo es ilegal creer que las más nobles obras de la creación, es decir, los hombres y los animales, puedan ser dañadas o estropeada spor el poder del diablo. Más aun, que lo que se encuentra bajo la influencia de un objeto material no puede tener poder sobre los objetos corpóreos. Pero los demonios están subordinados a ciertas influencias de las estrellas, porque los magos observan el curso de determinadas estrellas para invocar a los demonios. Por lo tanto, ellos carecen del poder de provocar cambio alguno en un objeto corpóreo, y de ahí que las brujas poseen menos poder que los demonios.
Ophelia Garland, nacida como Ophelia Burroughs, fue la primera hija de la familia Burroughs después de haber traído al mundo dos varones antes que ella.
Su nacimiento llenó de dicha el hogar,  pero sobretodo a su madre, que había deseado por sobre todas las cosas una hermosa niña a la que transmitirle sus conocimientos, pues para su familia materna la brujería siempre había sido cosa de mujeres.
La madre de Ophelia consideraba que los hombres eran unos ignorantes en ese aspecto, por eso nunca les desveló a sus hijos la larga tradición familiar y los secretos que ésta guardaba, carecían de la sensibilidad necesaria para introducirse en el mundo de la brujería, y sin ella nunca podrían pertenecer al aquelarre.
La señora de Burroughs defendía, en la privacidad de su círculo, que los hombres no eran más que unos inútiles que servían para poco más que hacer dinero y usar el pene —a veces de forma muy poco diestra—, por eso ella se había casado con un hombre rico cuya fortuna estaba en sus manos, y esa forma de pensar le fue transmitida a la pequeña Ophelia.

Por otro lado, Ophelia comenzó a ser introducida en el mundo de su madre desde muy pequeña. Fue presentada a los otros miembros del aquelarre siendo apenas una niña, para que empezara a mamar del ambiente oscuro, y presenció con trece años como éste pasaba de manos a la hija de la anterior líder, Desdémona.
A pesar de que no se llevaban muchos años de diferencia Ophelia la miró con admiración, por todo el poder que ostentaba y la decisión que había en sus ojos, y por mucho tiempo fue su ejemplo a seguir.

Estudió en casa, siendo enseñada por una institutriz muy rígida que la enseñó a ser una buena señorita, y aunque Ophelia era una muchacha aplicada lo que realmente quería era viajar a Europa.
De hecho, alguna vez viajó a varios paises europeos, quedando prendada por el ambiente diferente, sobretodo por la decadencia que había en determinados lugares. Pero todos fueron viajes de placer que hizo con su madre, ninguno fue para quedarse definitivamente, y eso era lo que más lamentaba, porque mientras muchos emigraban a Estados Unidos, el país dónde se cumplían los sueños, ella soñaba con vivir en Francia, donde una moda diferente estaba en pleno apogeo.

Para su dicha o su desgracia, sus padres le encontraron un marido cuando aún era muy joven, y las campanas de bodas empezaron a sonar en la lejanía.
Era un hombre muy, muy rico, veinte años mayor que ella y con fama de ser un buen hombre y muy tranquilo, perfecto para Ophelia.
Antes de su enlace, su madre le dijo una y otra vez que no se dejara pisar por un hombre, menos por su futuro marido, que no le diera hijos y que hiciera hasta lo imposible para volverlo un desgraciado, y ella estuvo completamente de acuerdo.

Ophelia no era virgen cuando se casó, tuvo un amante en cada puerto en sus viajes por Europa, pero fingió serlo con ayuda de los consejos de su madre para mantener la honra y que no se levantaran habladurías a su alrededor. En una ciudad pequeña como Salem era mejor tener las malas lenguas calladas.
Una expresión de dolor virginal y un poco de sangre en las sábanas fueron suficiente para convencer a su marido, y cada vez que hacían el amor tomaba unos remedios que su madre le enseñó a preparar para no quedar en cinta jamás.
Aunque llegó un punto en el que no lo dejó volver a tocarla. Tal vez si hubiese sido un poco más hábil en el dormitorio no habría tenido que negárselo, pero era tan aburrido hacerlo con él que las excusas se fueron sucediendo una tras otra hasta que ya no eran necesarias.
Pero seguía tomando los remedios, pues a pesar de que ya no lo hacía con su marido Ophelia no dejó de ser sexualmente activa, y había ocasiones en las que incluso le era  infiel a su esposo con éste en casa, pero lo tenía tan bajo su poder que no se atrevía a decirle nada.

Era un pelele, un poco hombre que Ophelia mangoneaba muy fácilmente, y bajo el lema de que todos los hombres eran unos cerdos se aprovechó de ellos todo lo que podía.
De los ricos sacaba regalos, de los jóvenes sexo, y de su marido la estabilidad de su fortuna y la felicidad de ver como se iba apagando poco a poco.

A pesar de que siempre regresaba a Salem, para ver a su madre y hacer apariciones en el aquelarre, Ophelia estuvo viviendo durante largos años en Boston, también en Nueva York, y yendo y viniendo de Europa.
Su último viaje a Francia se extendió hasta que estalló la guerra tres años atrás, tiempo en el que volvió a Salem para reencontrarse con su madre una vez más, y desde entonces allí permanece, sin dejar de mangonear a su marido y siendo fiel al aquelarre.
Ophelia
Nombre: Ophelia Garland.
Fecha de nacimiento: 26/09/1880.
Género: Femenino.
Procedencia: Salem, Massachusetts.
Estado civil: Casada.
Otros:
-Su estilo es más atrevido de lo común, traído de Europa.
-Participa activamente en campañas feministas.
-Desciende de brujas quemadas en los juicios de Salem, que no han perdido la tradición ni la pertenencia al aquelarre.
-No tiene hijos ni planea tenerlos.
-Tiene un carácter fuerte, es muy manipuladora.
-Le encanta el lujo y el sexo, sin su marido.
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Re: All men are pigs || Ophelia

Mensaje por Kóstyk Záitsev el Lun Ago 15 2016, 04:09


Aceptada
¡Vaya! ¿y nosotros que hemos hecho para merecer todo eso?... Bueno sí, todas esas cosas...
No voy a decir que hagan falta mujeres como tú o que desee que hayan más como tú, espero que no tengas hijas, ni que ellas las tengan, ni que ellas... bueno, entonces, seríamos al final una pobre raza sometida ante tanta maldad. Aunque yo feliz me someto por una noche a ti, me comprendes ¿no?
No se porque hago ojitos si en el papel no se ve.
Como sea.... ¡Bienvenida! y pasa por el circo.


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