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[Baltimore] Un día normal (Stella)

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[Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Invitado el Jue Ago 06 2015, 23:35

No tenía idea de cuánto tiempo llevaba en la misma posición. ¿Cuarenta minutos, una hora? En realidad, ni siquiera lo pensaba. Era lo que le daba de comer, aunque a veces ni siquiera sabía por qué eso era importante si apenas tenía intenciones de estar vivo. Actuaba por automatización, en un punto.  Y en ese momento, no estaba realmente en aquel mundo.

Permanecía inmóvil, de rodillas en el suelo, con los ganchos en la espalda atravesándole la piel con el fin de tensarla hasta sus límites anormales, ante un público del que él prefería hacer caso omiso. No los miraba, no prestaba atención a lo que decían —predeciblemente, no estarían diciendo nada bueno, de todos modos—, ni siquiera alzaba la cabeza más que para rotar un poco el cuello de vez en cuando, no para sorprender sino para descontracturarlo. El cabello le cubría bastante el perfil expuesto, por lo que era difícil que le vieran la cara: no había problema con ello, su cara era lo que menos importaba. Ni siquiera tenía una expresión concreta; nada que pudiera resultar interesante para aquella audiencia morbosa, como una expresión de dolor.

No era que no le doliera, pero estaba acostumbrado. En un punto, había aprendido a lidiar con el dolor hasta convertirlo en molestia. Después de un rato, siempre que se mantuviera estático, la sensibilidad aminoraba hasta que cada nervio de la piel parecía adormecido. Pero no tenía que pensar mucho en ello. El papel de la mente en aquel acto era más relevante de lo que aparentaba, aunque tampoco era tan fácil mantener la concentración en el bullicio que se formaba en el horario pico del sideshow. A veces, se le colaban en los oídos uno de esos tantos comentarios que suscitaba la escena montada, en este caso uno que profirió una voz femenina, ni de niña ni de mujer. Nada que no hubiera escuchado antes, pero que le hizo volverse levemente hacia la audiencia por primera vez en toda la «función».

Entonces la vio. Joven —apenas adolescente—, pelirroja y pecosa como él, bonita y elegante, con apariencia de niña buena; pero vamos, estaba en medio de una masa de gente que se burlaba de esos «raritos» como él, esos «monstruos». Nada que fuera de extrañar, en realidad. Incluso con esto, para él era un día totalmente normal en el circo...
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Invitado el Vie Ago 07 2015, 06:52

Incluso para la negra Adviento aquellos espectáculos eran de muy mal gusto. Ella que estaba acostumbrada a venerar deidades en forma de changos y murciélagos, encontraba más deformidad en los blancos que se solazaban en aquel lugar lleno de deformes físicos, no tanto de alma, aunque algunos lo fueran. Adviento alejó sus pensamientos en cuanto sintió el tironcito del listón verde que rodeaba la brevísima cintura de su pequeña ama. En los catorce años que llevaba sirviéndola, toda la vida de la pelirroja había aprendido a lidiar con ella e incluso quererla, llevarse bien con las sombras que la rodeaban y a veces se materializaban en negros sin ojos en los patios de la finca para después saltar y desaparecer. Pero a veces la verdadera naturaleza de aquella criatura la desconcertaba, porque era capaz de actos de bondad sincera lo mismo que de crueldad absoluta, como eso que hacía... Reírse, no, burlarse de aquellos pobres seres.

Adviento le haló del listón y la miró negando, pero eso no la hizo contenerse, Marie solamente se encogió de hombros y aún con los guantes de seda puestos, quiso unirse a la gente que comenzó a lanzar jitomates pero la negra intervino a tiempo. Sí, Marie podría ser una niña muy cruel, pero cuando Adviento incluso sobrepasaba la línea del contacto físico, sabía que debía parar. Se conformó entonces con lanzar improperios, los pocos que conocía. El blanco de sus insultos pueriles fue un jovencito pelirrojo que estaba realizando un acto que le pareció algo chocante, doloroso. Se imaginó ella misma en esas posiciones y sintió un hueco en la barriga cuando el fenómeno en cuestión volteó a verla. Si hubiese tenido los ojos ámbar, podría fácil pasar por primo suyo. Le dio algo de tristeza esa mirada así que guardó silencio pero la sonrisa de asco y cinismo no se le borró y para que dejara de verla, desobedeció a la Nana y le lanzó un jitomate podrido justo en rostro que más bien dio en una mejilla.

La gente se rió y la Nana terminó por apretarle más el listón para que se fueran, no sin antes ver a la pobre víctima de aquel acto... No debió hacer eso, una de las sombras de Marie estaba justamente a un lado de él metiéndole el brazo por la barriga, saliendo del otro lado ensangrentada... Sangre de su sangre, escuchó que le murmuraban en el oído y entonces, a pesar de saber que la castigarían, tomó del brazo a la niña para evitar a toda cosa eso que sabía vendría.

Venga amita, le compraré un algodón de azúcar.
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Invitado el Dom Ago 09 2015, 11:14


Agachó la cabeza de nuevo apenas recibió el tomatazo, aunque ladeándola bastante más respecto de como la tenía antes. Qué puntería tenía la maldita. Y qué fuerza, para ser tan pequeña. Fue como si le hubiesen volteado la cara de una bofetada, tal vez como si la mocosa misma le hubiese dado la más brutal cachetada que pudiera efectuar con sus manecitas, con la diferencia de que en ese caso los resultados no hubiesen sido tan inmundos, pues la fruta —de por sí blanda por la podredumbre— inmediatadamente explotó con el impacto, manchándolo a él e incluso salpicando levemente a los más distraídos de la primera fila que no dieron un paso atrás a tiempo. Y lo peor de todo: lo sacó totalmente de sus cavilaciones, forzándolo a volver a una realidad despiadada.

Por supuesto que no era la primera vez que le lanzaban cosas como esas, y antes de ese tomatazo había recibido otros: no perdió con él ni la pulcritud de su cuerpo ni la de su espacio, pero sí la paciencia, o lo que fuera que precisara para tolerar todo aquello. Mientras el público reía, se pasó parte del brazo por el rostro en un intento no muy exitoso de limpiárselo, y sin utilizar las manos, se incorporó por completo hasta revelar que le doblaba en tamaño a la muchachita, mirándola esta vez como si fuera a comérsela. Sentía la circulación volviéndole a las piernas después de haber estado tanto tiempo en la misma posición, y la sangre dentro de ellas parecía hervir. Pero, en realidad, no había mucho que pudiera hacer estando amarrado con aquellos ganchos, y de la frustración misma, dio un par de tirones hacia adelante, como si les pidiera a los asistentes que se los quitaran de una vez, o como si, incapaz de esperar por ello, quisiera simplemente arrancárselos.

Con un intenso dolor, la piel se le estiró hasta casi romperse, y entonces fue capaz de dar un paso más cerca del público. Fue todo lo que necesitó para, rápidamente, extender el brazo hacia la niña y alcanzar a tomarla por el cabello, rojizo como el suyo, excepcional y convenientemente largo en esta ocasión. La jaló hacia sí mismo, hacia adentro del cuadrilátero que conformaba su zona de exhibición, mientras los ganchos bailaban debajo de la piel con cada movimiento brusco y la sangre comenzaba a correrle por la espalda, cada vez más copiosa; y las risas del público se convertían en gritos de alarma y sonidos de asombro. Nada de lo cual hizo que se detuviera.
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Invitado el Mar Ago 11 2015, 03:37

La risa de Marie era punto y aparte. Si bien por su educación era capaz de dar risitas coquetas o sonrisas encantadoras, cuando algo le divertía realmente (por lo general eran actos atroces los que la hacían dar carcajadas arrancadas del mismísimo infierno) era capaz, se decía, de derribar construcciones enteras, claro, la exageración del gentío era su peor enemiga a veces, pero de lo que no había duda era de que en efecto, su risa podía romperle los nervios a cualquiera y fue eso lo que a continuación sonó después de la risa de los presentes ante aquel acto cruel de lanzar un tomate a un hombreindefenso... una cosa, rectificaría ella.

La gente volteó a verla asustada, pero fue peor cuando el artistade aquel show se alzó como un gigante inclemente y la miró de tal forma que parecía que sobre ella caería toda la furia de los dioses antiguos y modernos... Pero ella se mantuvo firme, mirándole desde abajo con esos ojos rojos fijos y brillantes, sonriendo como si le animara tan siquiera a moverse y vaya que lo hizo; estiró el brazo de tal forma que a pesar de que Marie instintivamente dio un par de pasos atrás, logró prensar su cabello con una de sus manos largas y pálidas. Adviento quién miraba la escena aterrada, rápidamente haló a su ama para intentar salvarla pero era demasiado tarde. Aquel fenómeno viviente la había llevado dentro del escenario de su acto. Los gritos y advertencias de la gente no se hicieron esperar, buscaban ofuscados a los guardias del circo o autoridades temiendo más por aquel pobre chico que por la señorita Mignola, si su padre se enteraba de eso... no se le volvería a ver sobre la faz de la tierra jamás.

Y justo en eso confiaba una Marie que lo veía con el rostro levemente inclinado hacia un lado. Intercalaba las miradas entre los ojos de aquel que le doblaba casi la estatura; su cabello sostenido por la mano ajena y de nuevo los ojos claros del otro. — Yo que tú... soltaría ese mechón de cabellos antes de que lo ensucies... — Le dijo, no a modo de advertencia sino más bien con una amabilidad que daba más miedo. Alzó entonces su mano tan pequeña y delicada para tomar firme la muñeca del artista dando un paso hacia delante sin ejercer presión o fuerza... después otro... y otro, otro... otro, pasitos cortos, otro, éste último fue atroz pues con ambas manos lo jaló hacia delante haciendo que los ganchos que sostenía su piel la estiraran tanto que terminó por desgarrarse de uno.

La nana intervino a tiempo, pues la gente gritaba "¡Ahí, ahí, están atacando a una criatura!" sin saber si se referían a la niña o al pobre hombre que sangraba de la espalda. Jaló sin misericordia alguna la mano de su ama y la miró de una forma dura, furiosa... su propia sangre, derramada.

La niña no debió hacer eso, no debió. Vamos si su padre se entera de ésto ya no la dejará venir acá.
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Invitado el Mar Ago 11 2015, 07:37


No gritó. A pesar de que el dolor fue insoportable desde el momento exacto en que el gancho le arrancó la piel, no hizo mucho más que apretar los dientes, conteniendo cualquier tipo de lamento. Por supuesto, soltó a la muchacha de manera automática, y se echó en el suelo casi instantáneamente, con la frente contra él y los brazos a los costados de la cabeza, como un musulmán en plena oración, tratando de tolerar el dolor y de mantener fuera de la vista de los demás el semblante que sabía que esta vez, inevitablemente, lo reflejaría.

La sangre, entretanto, goteaba del gancho salido desparramado por ahí, y brotaba de la herida que había dejado en el lugar donde hasta entonces había estado, fluyendo hacia donde la gravedad la llamara. Percibía su humedad recorriéndole cada centímetro de la piel restante, mientras uno de los asistentes, viendo lo que había ocurrido, se colaba en el cuadrilátero para sacarle rápidamente el resto de los ganchos. Como si pudieran lastimarlo ahora que estaba tan quieto...

Se lo merecía, por fallar en resistir los impulsos de la ira que lo había dominado a un nivel claramente irracional: ¿qué persona que conservara el sentido común se hubiese movido tanto teniendo unos ganchos amrrados a la piel de la espalda? El estatismo —o los movimientos cuidadosos, por lo menos— era una de las primeras reglas de seguridad en aquel acto; la abstención de la respuesta, la regla número uno del sideshow. Y él acababa de quebrarlas ambas a la vez.

Otro asistente se paró delante de él para cubrirlo, y empezó a hacer gestos con las manos anunciando que el show había terminado, incluso para él también, pues estaba seguro de que no habría más ganchos por un tiempo: el que tardara en recuperar la piel desgarrada en aquella zona y resentida en el resto de la espalda; de nuevo, por haber hecho lo que no debía.

«La niña no debió hacer eso, no debió». Cierto. Él tampoco. Pero incluso cuando volvió a echarle un vistazo a través del cabello desordenado, no la miró como pidiéndole disculpas. Tampoco con los ojos de quien busca compasión, los ojos de un cachorro abandonado en la lluvia. Simplemente la miró como para recordarla, especialmente cuando oyó a la muchedumbre hablar de ella, pero sobre todo de su padre: Frederick Mignola. El mismo nombre que, según su madre, era el del padre que él nunca conoció.
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Kóstyk Záitsev el Sáb Ago 15 2015, 08:29

Era de esperarse que en algún acto hubiesen problemas y estaba descansando entre función y función-de los que tenia que presentar- para salir a fumar un cigarro cuando llegó uno de los del staff corriendo para decirle que el hombre elástico tenia problemas. Bufó y corrió tras él arrojando el cigarro al la tierra sin preocuparse de apagarlo y entró a la tienda cuando ya tenían montado todo el escándalo, algunos salían diciendo "es un salvaje, pobre chica" y Kóstyk entró dando empujones para abrirse pasó.

-¿QUE PASÓ?- gritó antes de que se aclara la escena en su mente y vio a Rowan con la espalda desgarrada en e suelo mientras le sacaban los ganchos y Kóstyk se acercó de inmediato a él. No tardaron en responder los presentes "atacó a la niña" y la apuntaron. Entonces vio a la pelirroja que estaba con una negra, más oscura que una sombra, tratando de sacarla de ahí. Obviamente se protegían entre ellos y los suyos, a los suyos. Los asistentes empezaron a gritarle a la gente que ellos lo habían insultado y le habían arrojado tomates podridos y todo se volvió un griterío de acusaciones, pues estaban delante del dueño y juez del lugar.-¡CÁLLENSE, PARECEN GALLINAS!

Miró a la niña y se acercó a ella en apenas dos pasos, lo que parecía imposible, pues se abrió paso entre la gente y la fruta podrida. Se acercó a ella, con su atuendo espectacular, como un rey globlin, telas que parecian sacadas de un sueño y un maquillaje igual de espectacular que resaltaba sus expresiones y esta era de enojo. Una que iba en serio. Rowan lo conocia, Kóstyk a pesar de que gritaba mucho, que a veces los golpeaba si lo sacaban de quicio, siempre parecia tener un rastro de sonrisa, como si todo fuera parte de una broma, esta vez eso estaba ausente en su rostro.

-Pequeña escoria ¿No te basta con azotar esclavos que viene acá a dañar a mis hijos?- bufó como si fuera un susurró, pero su voz era tan alta que parecía llenar el lugar.- Paga los daños que haz hecho o te volveré parte del mismo show y tendrás que ser tú quien reciba tomates podridos para la cena.

Mantuvo fija la vista en la pequeña, aunque daba la sensación al otro joven que también lo observaba y advertía que tampoco las cosas iban a quedar así para él, pero....No lo amonestaría delante de espectadores. Que ellos supieran que los protegía y que no los humillaría poniéndose de parte de los espectadores. Rowan ya recibiría su castigo.

-FUERA LOS DEMÁS, SE ACABÓ ESTE SHOW.
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Invitado el Lun Ago 17 2015, 04:51

Marie era arrastrada entonces en un tumulto de gente junto a su nana quién apretaba con fuerza entre sus negros y largos dedos el listón verde que se supone la conectada directamente con ella y que ahora estaba inútil siento retorcido. La gente la miraba entre divertidos y horrorizados afilando ya de por si los colmillos para volverla el exquisito manjar de chismerríos de toda la tarde y posiblemente toda la semana, más porque próxima estaba la fiesta del padre para celebrar la guerra. Fue entonces que apareció en escena alguien que dejó profundamente conmocionados a todos, obviamente la gente paró en seco y se arremolinó en torno a Adviento, Marie y aquella persona alta e imponente. La pequeña lo miró fascinada y tentada a tocar su ajuar o su rostro aunque no le alcanzaría debido a su corto tamaño y la impetuosa estampa alta del otro. Debería tener miedo... debería.

La niña no ha hecho nada que otros no hayan hecho también, la diferencia es que ese fenómeno quiso aprovecharse de ella.

Espetó un noble caballero que se encontraba ahí y sirvió de mediador entre la pequeña que, a pesar de las habladurías y más, seguía siendo parte de la sociedad más alta y poderosa y además... por el bien de aquel lugar, no convenía hacer enojar a Mignola, en verdad. Stella se adelantó entonces y con cara alto triste, miró a aquel hombre altísimo y de su pequeño bolso blanco cubierto de encajes que posiblemente valieran más que cualquier prenda de los ahí presentes, sacó lo que serían un total de casi cincuenta dólares que eran para comprar chunches para la tarde.

No sé si con ésto baste...

Murmuró con una vocesita infantil no muy fingida a decir verdad, seguía sin sentir temor o respeto por aquella persona, más bien lo que quería hacer era ostentar frente a la gente, como su padre le había enseñado, después de todo para eso era el dinero, para imponerse o al menos eso era lo que había escuchado, además ese dinero llevaba meses en la bolsa pues todo lo pagaba la Nana con lo que su padre le daba, no le servía, no lo necesitaba. Pero después de dar un respingo por el último grito del que parecía ser el dueño del circo, miró con severidad a quién le había jalado el cabello. — Pero tampoco fue culpa mía, él me atacó y no se fijó en los otros que también le hacían eso.. eso no es de caballeros. — Lanzó ahí la última ofensa y le tendió el dinero a su Nana para que se lo diera a esa persona, Marie se dio la vuelta ya aburrida de todo eso, dispuesta a hablar con su padre aunque esa idea sería desechada después por consejo de la Nana, aprovechando la fascinación que el circo había causado en la pequeña pelirroja pero más que nada, protegiéndola de lo que escondían ahí... su preciosa sangre.
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Invitado el Mar Ago 18 2015, 08:23

Ni el dolor ni el asombro pasaban. En vez de eso, se combinaban de una manera monstruosa, incluso cuando todos los ganchos fueron retirados de su cuerpo, lo cual no impidió que se intentara incorporar apenas se supo liberado de los osados amarres de su acto. Necesitaba estar solo, por mucha atención que precisaran esas heridas; no tenía la mente en ellas, a pesar de todos los motivos que tenía para recordarlas a cada instante. Pero apenas alcanzó a colocar las manos en el suelo, con los brazos estirados, cuando apareció el dueño del circo.

Alzó la cabeza y lo siguió con la mirada. Sentía que su voz le taladraba los oídos exhaustos de antemano por todo el barullo, pero no estaba nada mal que aplacara a todos los metiches que permanecían ahí, pese al anterior anuncio del fin del show que había hecho el asistente. Quizá a Záitsev sí le hicieran caso. Lo vio defenderlo a sabiendas de que, tras bambalinas, le daría también un trozo de lo que le estaba dando ahora a esa adolescente, por la irrefutable parte de la culpa que le tocaba. Lo escuchó referirse a él como a un hijo, en el momento en que menos podía olvidar que era hijo de otro, pues lo más probable era que aquella muchacha allí parada fuera su hermana.

El nombre del padre, la posesión de esclavos, el poder adquisitivo... Cuadraba tanto con el relato de su madre que hasta lo perturbaba. Volvió a mirarla. Algo del físico, incluso... Le costaba quitarle los ojos de encima. Y en un momento, ella lo miró también... para provocarlo. Mas no respondió. Uno: tenía cosas más importantes en las que pensar ahora. Dos: nunca se había considerado un caballero. Tres: ella tenía razón. Se había desquitado con ella por lo que estaban haciendo todos, posiblemente por su puntería excepcional. Tampoco la presencia del dueño lo motivaba a contestar; no quería tener más problemas con él. Por eso, optó por bajar la mirada, mientras el asistente que más cerca tenía le susurraba en el oído que ella tampoco tenía el vocabulario de una dama, en alusión a los insultos que le había dedicado durante el show.

Él se limitó a sonreír de medio lado, sarcástico, y por fin se puso en pie, con cierta dificultad. Si Kóstyk consideraba que el episodio valía esos billetes, no lo cuestionaría.
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Kóstyk Záitsev el Mar Ago 18 2015, 18:21

Extendió la mano para arrebatarle la bolsa de dinero antes de que llegara a las manos de la esclava y lo abrió para contar rápido cuanto había ahí. Era mucho, probablemente de ser otro tipo de persona y diera eso a cambio de acostarse con Rowan no lo dudaría ni un minuto y lo arrojaría como carnada para tiburones…Pero se trataba de solo una niña caprichosa y altanera, por lo que ocultó el brillo de sus ojos, y su sonrisa se formó solo en respuesta para las palabras de la niña.

-Aquí nadie es caballero señorita, no hallará un buen marido…-se burló, como siempre hacia y dejó que se marchara. Los otros también habían estado en eso y sin cruzar palabra con la acompañante de la niña miró a Rowan, a su espalda dañada y supo de inmediato que no podría actuar, quizás toda la temporada estaría mal si no se le trataba.
Espero a que los demás salieran y levantó desde el mentón la cara de Rowan.

-Te heriste por ir a golpear a una niña…. ¿Por qué, valía la pena? No es la primera vez que nos insultan, no es la primera vez que te insultan a ti… ¿Por qué te dañaste a ti mismo dándoles en el gusto? Si no te afectan sus palabras se aburrirán. Ahora no recordarán tu elasticidad, recordarán como tu piel no pudo más y se rajó…"No es tan elástico” dirán…

Dejó de sujetarle el rostro y se dejó la bolsa entre las piernas, sujetándola con las rodillas y colocó ambas manos en los costados de la cara de Rowan y cerró los ojos. El poder que salió de sus manos era algo que no solia usar frecuentemente, no con cualquier herida, pues no revelaba su naturaleza de esa manera. Pero la herida de Rowan era grave y su acto necesitaba que estuviera bien.

Para cuando abrió los ojos la invasión al cuerpo del otro habia lanzando el alma de Rowan a su propio cuerpo temporalmente y la de Kóstyk ocupó elcuerpo del más joven. Kóstyk sintió el dolor de Rowan, pero el físico no era nada en comparación con otro más profundo, todo tenía que ver con esa niña y pudo percibir su odio, pero dejó de enfocarse en eso, necesitaba enfocarse en su cuerpo, en su herida. Mientras estaba el riesgo que Rowan al verse forzado a explorar su propia caótica mente no delirara y se contagiara de su locura. Pero si se apresuraba, eso no pasaria.

Volvió a su cuerpo robando su herida que dejó de estar en el cuerpo de Rowan para abrirse en la espalda del presentador. Una sensación de vértigo invadió ambos cuerpos cuyas almas parecían haber viajado de un lado del otro al mundo con la velocidad de un cometa. Aunque sus cuerpos hubiesen estado uno al lado del otro.

Volvió a tomar el saco de dinero que mantenía sujeto con las rodillas y se lo metió al bolsillo.

-Ve a descansar, mañana volverás a actuar… Esta vez no dejes que el odio te ciegue.

Dicho esto se marchó. Solo estando afuera dejó escapar una mueca de dolor y se tapó la cara aguantando una risa. Rowan era rico, su sangre era de un noble, veria como sacarle provecho a eso.

Off: Por un momento Rowan estuvo dentro del cuerpo y mente de Kóstyk. Es un lugar lleno de caos y colores, como si hubiese consumido ácido.
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Re: [Baltimore] Un día normal (Stella)

Mensaje por Invitado el Jue Ago 20 2015, 07:30

Cuando Kóstyk se acercó a él, esperó que lo regañara. Pero aunque no podía decir que lo había hecho —ni siquiera le había alzado la voz—, sus palabras le elevaron los niveles de ansiedad y hasta sintió cierta bronca, quizá porque el dueño del circo estaba dando en la tecla. Oprimió los puños hasta clavarse las uñas en las palmas de las manos, respirando ruidosamente e internamente cuestionando una vez más lo que había hecho, hasta que Kóstyk le tocó el rostro. Se quiso soltar de inmediato, primero porque era demasiado reacio al contacto físico como para que aquello no le incomodara, y poco después porque tuvo una sensación extraña que lo inquietó más de la cuenta. Alcanzó a colocarle las manos en los brazos flexionados, como pidiéndole silenciosamente que lo soltara, y se los apretó en lo que duró aquel proceso indescriptible, del que salió extremadamente confundido.

Miró a su alrededor, tardando un poco en advertir dónde estaba. Se encontró entonces con la mirada de uno de los asistentes.

¿Qué carajos...? —fue lo único que dijo, casi en una especie de murmullo, como si él pudiera explicarle lo que acababa de ocurrir. Y susurrando para sí mismo, esta vez en polaco, se encaminó arrastrando los pies hacia su carromato.
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