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El infierno está en la tierra [Stella] +18

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El infierno está en la tierra [Stella] +18

Mensaje por Dorian Moreau el Vie Ago 07 2015, 05:18

-Limpiate la cara, tienes un cliente-

Dorian estaba en su camarin cuando entró el proxeneta que lo protegía y se quedaba con más de la mitad de lo que ganaba. Se quedó mirándolo primero mientras se limpiaba el maquillaje de los labios y una vez destapó su boca asintió.

-¿De quien se trata?-
-Es uno nuevo, pero no sabe que eres maricón. Menuda sorpresa que le darás...tienes que llegar con dinero igual, me oíste, te llevará a su casa así que trata de tomar todo lo que puedas.-el proxeneta se acercó a Dorian y tomó la toallita de su mano y la pasó por sus labios mientras lo sostenía de la mandíbula y la pasó por sus labios para limpiar un poco más el maquillaje y se quedó mirándolos una vez que los despejó y en un movimiento brusco se acercó a besarlos y succionarlos con fuerza hasta dejarlos rojos.-Hubieses sido mujer te hacia mi esposa.
-Puedo ser mujer si lo deseas, lo soy más que tu esposa- Dorian le sonrió coqueto, pero el hombre frución el ceño. En su casa estaba la mujer desgastada de tanto parir hijos, nunca se arreglaba y sólo le abría las piernas para que se lo metiera sin disfrutar del sexo, por lo que la verdad le era un insulto. Le dio una bofetada con el dorso de la mano como respuesta, una tan fuerte que el sonido rompió el aire y le giró la cara haciendo que todo su cabello la ocultara. El dolor había sido intenso, pero a Dorian le gustó, le gustaba que le mostrara que él mandaba y se reincorporó ordenándose el cabello y lamiéndose la sangre del labio, mirando sus ojos furibundos.

-Te espera en un auto afuera, no te demores.- dijo y salió, pero antes miró hacia atrás y repasó su cuerpo semi-desnudo con la mirada. Llevaba tan solo una tanga de mujer y los tacones que había usado sobre el escenario.-Ponte un vestido.

Una vez se había alistado, luciendo como una bella y joven chica, salió de la puerta lateral del burlesque y se acercó al auto. se subió sin haberse detenido antes en la ventanilla, para que los curiosos no dijeran nada y una vez dentro miró al hombre que lo llevaría esa noche. Se trataba de un hombre mayor y con clase, podría ser hasta su padre lo cual le hacia latir el corazón con fuerza. Dorian amaba que le tocaran hombres como él y hacia lo que fuera por complacerlos.

-Buenas noches señor- dijo con voz suave, la cual pasaba perfectamente por la de un mujer de voz grave y se atrevió a acercarse y darle un beso en la mejilla. El hombre le dedicó una leve sonrisa torcida y echó a andar el vehículo. Dorian disfrutó del paseo, con un brazo apoyado en la ventanilla del auto y cerrando los ojos de cara al viento. Sólo los abría de vez en cuando para mirar a quien acompañaba y dedicarle una sonrisa. Hacia comentarios triviales de lo que observaba, de alguna bella casa, de lo bella de la noche, del hermoso vestido de la tienda. Pero el no respondía más que con sonidos apagados "mhm". Finalmente llegaron a una finca hermosa y condujo hacia la entrada principal y le dijo algo al fin.

-Espera aquí.

Dorian obedeció y lo vio entrar. Acarició el chasis  del lujoso auto mientras esperaba e incluso apoyó la mejilla en él hasta que le tocaron el hombro. Una mujer negra le indicaba que saliera del auto y lo condujo por el costado hasta la puerta de servicio, luego dentro de la casa lo condujo por una habitación. Mientras Dorian caminaba por los pasillos con sus tacones bajos, como los de una señorita, vio una puerta entreabierta y ahí vio a una señorita la cual, cuando se cruzaron sus miradas la saludó alzando delicadamente la mano y moviendo los dedos mientras le sonreía. No se detuvo en su andar, sólo la saludó a la pasada y siguió a la mujer negra, por su color supuso que se trataba de una esclava, pues sabia que aun habían esclavos, aunque dijeran que no, él mismo lo era en cierta forma.

Llegó hasta una habitación vacía y una vez entró la esclava cerró las puertas. Ahí Dorian miró a su alrededor y empezó a caminar por la habitación levantando algunos objetos que llamaban su atención hasta que oyó la puerta abrirse y entraba el señor con ropas más ligeras. Dorian volvió a sonreirle y vio como se acercaba hasta él. Separó los brazos para recibirlo y lo que pensó que seria un beso en realidad fue una cachetada que lo hizo caer. Dorian no pudo evitar el gemido de dolor y al caer apoyó las manos haciendoselas doler. Desde el piso pudo ver como el hombre se desabrochaba el cinturón y lo enrollaba en su mano.

-Quitate la ropa.- ordenó y Dorian se incorporó para obedecer en silencio. Su mente había quedado vacía y al ver el cinturón en su mano se sintió indefenso, como un niño pequeño. Unas lagrimas corrieron por sus mejillas mientras se apresuraba a sacarse la parte de arriba del vestido y mostró con vergüenza su pecho plano, de hombre, pero aun así usó las manos para taparlos una vez la mitad de vestido habia quedado colgando de sus caderas.

-Maricón- dijo el hombre con odio notándose en el gesto amargo de su cara- ¿Te gusta ser mujer maricón? te voy a follar como a una puta.
-Soy su puta señor...
-¡Cállate!
La correa de cuero se alzó en al aire y chasqueó contra la carne de su muslo sacandole un grito de dolor y luego lo tomó por el pelo largo y lo zarandeó de forma brusca y lo empujó para hacer caer de bruces en el suelo y una vez lo tuvo de espalda volvió a golpear contra su blanca piel haciendo que se arqueara de dolor y gritara. Siguieron a este golpe una unos cinco más, hasta que él hombre quedó jadeando entonces se arrodilló detrás de él y lo levantó por la cadera, Dorian por su puesto cooperó para quedar en cuatro patas para él aguantando los sollozos lo mejor que podía.

El Hombre se abrió el pantalón sacando su miembro erecto y le bajó de un tirón la falda, sacandole un jadeo de asombro, mezcla de susto y excitación y cuando se acercó avanzando con sus rodillas Dorian se giró un poco para poder ver su miembro, quería ver aquello que le iba a enterrar, pero no pudo, pues el mayor lo agarró del pelo y jaló su cabeza hacia atrás y empezó a golpear sus nalgas con su miembro viril.

-¿Te gusta esto puta?
-Me encanta, entierremelo...-dijo con voz ahogada al estar su garganta forzada a una posición.
-Te daré lo que quieres, perra marica.

Una vez declaró sus intenciones le soltó el cabello y le separó las nalgas para ver su ano, el que se le hacia tan apetecible y se relamió de forma obscena y sin más paciencia tomó su pene desde la base y lo enfiló hasta su entrada, una vez la sintió con su glande empujó con todas sus fuerzas rompiendo todo tipo de resistencia y sacandole un grito de dolor acompañado del propio gemido del hombre. Dorain sintió que todo su cuerpo se estremecía por el dolor y su cuerpo comenzó a temblar, su cuerpo lo rechazaba, se contraia y vibraba, pero al parecer eso solo motivaba al mayor quien empezó a embestir contra su trasero sin piedad alguna, haciendo sonar en cada golpe la piel de su pelvis contra la de las nalgas de Dorian.
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Re: El infierno está en la tierra [Stella] +18

Mensaje por Invitado el Vie Ago 07 2015, 08:47

Para Marie ese día había sucedido con la lentitud de las tortugas que había en el patio en cuyos caparazones a veces se montaba barriga abajo para que la llevaran. ¿Cuánto podía pesar una niña con esa constitución física tan pequeña y frágil? Se había despertado más tarde que de costumbre con algo de fiebre, se le notaba en las mejillas rojas y los labios resecos. Los ojos siempre vivaces ahora estaban hundidos, tristes. Mignola había mandado traer al médico pero éste no encontró mayor problema en su salud; será el alma, dijo el Amo. O la falta de ésta respondió Adviento en su mente antes de volver a poner paños con agua fresca en la frente de la amita. Para el viejo Mignola que Marie no anduviera por ahí correteando a los esclavos con fuete en mano -jugando, según- o tumbada leyendo en el mármol de la entrada suponía un golpe duro a su estabilidad. Esa niña era lo único que él amaba realmente, de forma insana a ojos de quién pudiera darse cuenta, pero al fin y al cabo amor.

Entrada la tarde, Marie seguía incluso sin comer y él desesperado por verla así, se montó en su viejo caballo para reventarlo a galope por sus extensas tierras. En su mente divagaban tal vez los negocios, las apuestas, los vicios, la piel pecosa de la espalda de Marie, sus labios, sus pequeños pechos que dejaban ya entrever lo perfectos que serían, la curva del cuello y el rojo del cabello cayendo, incluso juro que pudo escuchar el como se arrastraba por el suelo cuando ella se montaba en las tortugas... Su niña estaba enferma y él junto con ella. Dos horas después volvió y se arregló para salir. Marie seguía dormida pero la fiebre había menguado por fin, eso le devolvió el alma desde los infiernos pero la tensión acumulada del día lo hizo pensar en saciarla de otra forma...

Muy tarde ya, Marie abrió los ojos de súbito enderezándose sobre la cama majestuosa de reina que era coronada por los mosquiteros níveos, Adviento despertó de golpe junto con ella y resopló agradecida de verla así, despierta y exigiendo comida. — Claro que sí niña, ¿Qué gusta que le hagan? — Preguntó la negra abriendo el mosquitero para ayudarla a bajar de la cama alta pues quería refrescarse. Se dispuso inmediatamente la tina con agua fresca, una bata nueva de algodón ligero y tras peinar el largo cabello, se le dejó suelto para que pudiese secarse del sudor de la fiebre.

Se le prepararon delicias de todo tipo y justo antes de disponerse a comer, llegó Padre para encontrarse con el espectáculo de una Marie sonriente y reluciente, cómo flor recién nacida en medio de la noche. Le dio una bendición que venía de más y la dejó sola con su mulata y sus negras para que comiera con la condición de que no saliera en ningún momento de su habitación. Marie asintió y lo prometió. La puerta de su habitación había quedado medio abierta pues la mulata había olvidado el vaso de leche y al ver cruzar a alguien volteó a ver, no era su sirvienta, era una muchacha muy bonita a la que saludó con un gesto de la mano pequeña. ¿Quién era y qué hacía a esa hora en casa?...

Adviento, ¿Padre tiene visitas?

La negra no respondió nada, se entretuvo cambiando las sábanas de la enorme cama junto a las otras sirvientas mientras la niña terminaba de comer. Al beberse la leche, un bigote blanco apenas perceptible en la blancura de su piel había quedado coronándole los labios ahora rojos y vivos. Después de un gran rato, ya estaba metida de nuevo en la cama con varias preguntas en la cabeza... ¿Quién era esa chica? Sintió entonces un vacío muy extraño en la boca del estómago, algo que la hizo sentirse incómoda, fuera de lugar. Se revolvió en la cama e incluso terminó destapándose, ansiosa.

Escuchó ruidos, ruidos fuertes... ruidos que la hicieron contraerse sobre ella misma y sin decir nada se levantó de la cama. Cordelia estaba dormida o se hacía la dormida tal vez, ella también había estado enferma pues la porcelana que la constituía estaba igual de caliente que la piel viva de la pelirroja. Marie abrió el mosquitero y se colocó las chinelas de seda. Al sentarse en la cama, el cabello le cayó de golpe al suelo y bajando los dos escaloncitos que la acercaban al suelo de su habitación, caminó con sigilo hasta la puerta cerrada. Otro ruido, murmullos... con cada paso que daba fuera de la habitación ese vacío en la boca de su estómago se hacía más y más grande. Estaba temblando, asustada.

¿Te gusta esto puta?... Entiérramelo...

Un golpe súbito de frío le dio justo en la nuca mientras se asomaba por la puerta de la habitación que permanecía constantemente cerrada, era la contigua a la de Padre y él jamás la dejaba entrar ahí "Ya llegará tu tiempo..." solía decirle y ella pensaba que tal vez era la habitación que iba a darle en cuanto la presentara en sociedad... Padre estaba arrodillado y se empujaba con mucha fuerza contra... una persona que tenía el cuerpo descubierto, ¿estaba desnudo? Marie abrió los ojos ámbar lo más que pudo y contuvo la respiración sintiendo el corazón latirle con mucha fuerza, cada palpitación era un golpe de mazo justo en sus oídos y su garganta.

Tragó grueso y se quedó quieta, pasmada, mirando como su padre... su dulce padre, metía una y otra vez su cuerpo dentro de otro en un acto que ella ya había visto, muchas veces a decir verdad pues en las barricadas de los esclavos convivía con todas las potencias del amor, pero ese acto que estaba presenciando le estaba haciendo mucho daño. Era algo sucio, algo perverso, algo que le causó tanto repudio como... ¿atracción? Entre los muslos delgados y suaves sintió una opresión que la hizo dar un respingo. Cómo si algo le hubiese lamido cerca de ese lugar que la Nana le había dicho siempre que debía permanecer intacto, hasta que conociera a alguien que la cuidara y quisiera más que ella.

Despertó entonces del trance y soltó un sollozo muy audible pero que no interrumpió aquel acto, pero si sirvió para que desde la habitación, Cordelia la llamara haciendo caer una cajita de música que hizo gran estruendo en su habitación, Padre reaccionó lo mismo que ella que rápidamente regresó a su habitación saltando sobre la cama aún con las chinelas puestas abrazando fuertemente a su muñeca que la consolaba con palabras suaves. Marie era un mar de llanto, no por lo que había visto sino por lo que había sentido, y eso lejos de molestar o algo más a Cordelia, parecía haberla deleitado pero no dijo nada. Simplemente la hizo caer en un sueño breve, lo suficiente para que no se diera cuenta que alrededor de ella las sombras daban vueltas y se regodeaban pues la maldad esa noche en la finca estaba en su punto más álgido.

El Padre de Marie entró a la habitación semidesnudo y al verla dormir hecha un ovillo comenzó a tocar un poco la erección a medio bajar que llevaba debajo de la tela de lino oscuro. Después volvió con lo que tenía en la otra habitación... dispuesto a terminar con el estrés de ese día. Marie no se dio cuenta gracias al sueño inducido de la muñeca, y las sombras, aún en guardia, se apelmazaron en la puerta para atrancarla y dejarla sellada... por lo menos un rato.
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Re: El infierno está en la tierra [Stella] +18

Mensaje por Dorian Moreau el Sáb Ago 08 2015, 22:19

La crueldad del señor de la finca seguía adelante, ignorante de que en el cuarto la pequeña que Dorian había saludado cordialmente se había levantado llevada por la curiosidad y presenciaba lo que su padre le hacia. Dorian no era consciente de nada más que de su propio dolor y por unos momentos, mientras lo penetraba con esa crueldad aquel hombre mayor, pensó en su propio padre y su percepción de si mismo hizo que se viera más pequeño, casi de la misma edad de la pequeña al otro lado de la puerta. Gemía de dolor, su espalda era forzada a arquearse al máximo manteniéndose cerca de la cara de su agresor, el que gemía contra su oído como un animal, resoplando, dejando que su aliento caliente chocara contra su piel.

Un ruido se elevó por sobre sus propios gemidos he hizo que se detuviera y lo soltara. Dorian no pudo ver a la pequeña que escapó de la escena, su no que cayo sobre sus propias palmas jadeando pesadamente y sintió como el mayor sacaba de su interior aquel miembro que lo había estado torturando. Que saliera fue igual de doloroso y sintió el aire entrar en el interior de su ano haciendo que las heridas que le había hecho en tan dura penetración, ardieran. Sollozaba, pero desde el suelo, con sus piernas y brazos con apenas fuerza para sostenerlo vio como el hombre salia por la puerta de la habitación cerrándola tras de si.

Algo pudo suponer, pues en todos los años que llevaba en ese tipo de vida varias veces le había pasado que un cliente imprudente lo llevaba a su casa y los pillaban, supuso que por la celeridad con la que salió el mayor, se trataba de eso y trató de incorporarse para poder escapar, o enfrentar a una esposa celosa y furiosa que intentaría marcar sus uñas en su cara. Pero sus piernas a penas le respondían y terminó cayendo sobre su hombro con la mejilla en el suelo de madera, humedeciéndolo con el aliento que salia de sus jadeos constantes.

No había nadie al que pudiera pedirle ayuda en esa casa, lo sabia, era territorio enemigo y si había problemas debía buscar la mejor forma de desaparecer. Pero no podía incorporarse.Sintió algo húmedo y tibio escurrirse de entre sus nalgas y llevó una mano para tocar con la punta de sus dedos, el contacto de sus propios dedos el fue doloroso, tenia hinchada toda esa zona. Acercó los dedos después hasta su rostro para poder ver lo que era y mentalmente antes de que lo viera rogaba que fuese semen y no sangre, pero al abrir los ojos y enfocarlos mejor vio el liquido rojo en sus yemas y suspiró lamentándose. La primera vez que le había pasado era muy pequeño y se había aterrado, pero con suerte podría sobrevivir si no era mucha sangre. Sólo debía escapar.

Apoyando las manos logró quedar en cuatro patas de nuevo y así avanzó hasta buscar un mueble del cual apoyarse y una vez logró agarrarse a este, empezó a trepar. Casi había sido una victoria ponerse de pie y apoyó la espalda en el mueble esbozando una pequeña sonrisa que fue borrada por jadeos de dolor. Miró hacia abajo, hacia su vestido rosa que estaba manchado de rojo y lo subió hasta ponérselo nuevamente.  Entonces cuando se armó de valor para dar los pasos que lo separaban de la puerta vio como esta se abrió y entró nuevamente aquel hombre que miró el lugar donde había estado y recorrió el camino que había dejado con gotas de sangre hasta donde estaba parado. Su mirada de furia lo hizo temblar y contrajo sus brazos contra su pecho.

-Por favor Señor...Estoy herida...-suplicó y vio como este se acercó con paso rápido y alzó la mano, no como una amenaza, si no que rápidamente la estampó contra su mejilla volteándole la cara, sintió de inmediato el escozor y calor del golpe y se quedó con la mirada baja, dejando que su pelo ocultara sus lagrimas, mostrando la sumisión que esperaba de él.-M-me iré si es lo que desea...
-No he acabado contigo. Desnúdate maricón.
-Señor...
-¡Haz lo que te digo puta de mierda!
Se sobresaltó ante su grito y se desprendió de su vestido manchado dejándolo caer sobre sus pies. Con estos sintió la humedad de su vestido pero ya no sentía que le corría sangre por los muslos, lo que podía ser buena señal, aunque no se atrevió a revisar. El mayor lo tomó de la mandíbula y despejó sus rostro para poder verlo y los ojos azules de Dorian observaron los del mayor. Le temía, pero a la vez sintió el deseo de abrazarlo, de amarlo con todo su ser, le recordaba cuan frágil era, cuanto había cambiado su vida desde que era un joven abusado en una mansión hasta ese punto, en el que su historia se repetía pero en manos de un extraño.
No le dijo nada, sólo llevó la mano hasta su entrepierna y sintió como la mano firme del mayor le apretaba su miembro flácido y luego sus testículos. Dorian jadeo manteniéndose mirando al mayor, de forma obligada, pues mantenía firme el agarre de su mandíbula. Deseaba sus labios, deseaba tanto que acallara sus gemidos con su boca, sentía una sed que sólo seria saciada con un beso, pero no lo obtuvo, lo cual era una tortura aun mayor. Podía respirar su aliento y tragó este pero nunca obtuvo la humedad de su boca.
Se agarró firme al mueble a su espalda mientras se retorcía ante el placer que le daba y aunque jadeara no dejaba de sentir miedo. El hombre mantenía una sonrisa maliciosa, pues sabia que lo torturaba de esa manera.
-Ves que eres hombre...Eres hombre y usas vestidos. ¡Intentaste engañarme, tu y tu proxeneta!...Pero a mi no me engañan, yo sabia que eras un sucio maricón. Me hablaron de como lo chupabas, maricón. ¡Hazlo! pónmela como roca otra vez.

La mano que lo había estado sujetando de la mandíbula lo obligó a arrodillarse y dejó de sentir, al bajar, su mano cálida acariciando su miembro. Se enfrentó al miembro del hombre y sin pereza ni asco le desabrochó el pantalón y sacó sus miembro. Pudo ver un poco de su propia sangre seca en él pero no hizo nada al respecto. Cerró los ojos y abrió la boca tratando de olvidar el dolor y haciéndolo lo mejor posible.
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Re: El infierno está en la tierra [Stella] +18

Mensaje por Invitado el Dom Ago 09 2015, 03:40

En el sueño inducido por la Cordelia, Marie estaba justo en el lugar de aquella puta, cómo su padre la llamaba. Podía sentir y ver lo mismo que ella y fue ahí la primera vez que tuvo miedo en toda su vida. El dolor la desgarraba por dentro y podía ver si agachaba el rostro un poco los hilos de sangre que escurrían por sus muslos trémulos. Gritaba y lloraba de dolor pidiéndole a Padre que parara pero éste no lo hacía, al contrario, lo hacía más rápido y más fuerte obligándola a soltar el aire por las fosas nasales porque la boca la tenía prensada por los dientes apretados debido al dolor. Resoplaba como si le estuviesen golpeando el vientre y buscaba la manera de salir de ahí hasta que todo alrededor fue blanco y despertó de golpe. No podía halar aire a sus pulmones; tenía el cuerpo empapado en sudor con la tela de la bata de dormir pegada por eso, se alzó ésta para revisar en medio de sus piernas y no había nada, sangre ni nada, solo un dolor atroz que le partió el vientre en dos y la hizo soltar un grito de dolor.

Cordelia... ¿Por qué hiciste eso?

La muñeca, inmóvil como si de pronto fuera solo eso, no respondió ni hizo nada, tampoco las sombras que de pronto se habían ido de la habitación y habían dejado de nuevo la puerta entreabierta. Afuera, los quince mostruosos mastines que tenían para resguardar las tierras y como mascotas, se regodeaban masticando los huesos de los que habían dejado amarrados como castigo por no haberla cuidado o por cualquier cosa, no era una novedad que eso sucediera, esas bestias solamente se calmaban cuando Marie les hablaba pues ni siquiera al Amo le hacían tanto caso, cuando de pronto comenzaron a ladrar y aunque eran quince, se escuchaban como un ciento o más. Marie se levantó de la cama de nuevo convencida o intentando más bien convencerse de que había sido un sueño. El escándalo de los perros despertó a la servidumbre, tal vez habían atrapado a alguien o se habían soltado lo cual era peligroso. Los negros dentro de la barricada cerraron la puerta y la sellaron para que no entraran así que estaban en el patio, husmeando y molestando, rompiendo macetas y despedazando a los pocos animales que andaban sueltos.

Con eso basto para que los gemidos o ruidos que Mignola y su acompañante se perdieran por lo que Marie salió para calmar a los perros, no les tenía miedo, a ellos no... jamás. Cuando pasó por la habitación cerrada, de nuevo el hueco en su barriga la hizo revivir el sueño y el dolor llevándose una mano entre las piernas para presionar mientras se asomaba... la puerta estaba sin sellar, lo supo porque al agarrarse del picaporte este se venció al peso de su pequeña mano dejándola entrar para ver a Padre de espaldas moviendo solamente la parte interna de sus caderas... delante de él vio unas rodillas enrojecidas flexionadas y unos ruidos extraños la hicieron arrugar levemente la frente y la nariz, sonaba como cuando ella chupaba los helados o granizados que le compraban en la plaza o en la confitería, ¿Padre estaba comiendo dulce? Se fue acercando despacito, sin hacer ruido alguno hasta que quedó a un costado de aquel espectáculo el cuál observó con una mezcla de horror y curiosidad. ¿Eso se podía hacer?

Padre... ¿Qué está pasando?...

Aquella putano era una mujer. Era un hombre con el cabello largo. Lo supo porque estaba desnudo y entre sus piernas se alcanzaba a ver un pene semi erecto, Marie sabía el nombre de esa cosa, Adviento se lo había dicho, también le había dicho para que era y dónde se metía pero en una mujer... No en un hombre, por eso su entendimiento en esa situación fue nulo. A los esclavos hombres que eran sorprendidos haciendo eso, Padre los molía a latigazos... ¿Por qué entonces se veía tan feliz de que aquel hombre le hiciera eso? Incluso tenía la cabeza echada hacia atrás y emitía unos ruidos que había escuchado ya antes pero... más fuertes, roncos, casi como los de los marranos que mataban para preparar la comida. Cuando su padre escuchó su voz, rápidamente se dio la vuelta gritando el nombre completo de la pelirroja, no sin antes patear al sucio maricón, cómo lo había llamado al exigirle que lo dejara en paz.

Al mismo tiempo, Adviento entró en la habitación y sin mediar palabras, corrió hasta la niña para cubrirle los ojos y llevársela de ahí. Los ojos del viejo Mignola entonces destellaron furia y se acercó hasta la mesa en dónde descansaba el fuete que usaba para las bestias y esclavos comenzando a darle con todas sus fuerzas al otro hasta dejarlo en carne viva, volviendo a montarse en él pero ésta vez de frente, separándole con tanta fuerza las piernas que pudo escuchar como sus ligamentos tronaron. Le apretó el cuello entonces penetrándole de golpe para arremeter en su interior hasta terminar, imaginando todo el tiempo que era Marie la que estaba debajo de él y era quién gimoteaba y pedía auxilio con el hilo de voz que aquellas manos dejaban salir por el agarre tan fuerte. Hasta terminar en él y salir, de vuelta a la realidad escupiendo el cuerpo semi inconsciente. Lo siguiente que hizo fue servirse una copa de coñac, resoplando sobre su pecho cubierto de vello encanado y sudor, mirando la escena, desde las gotas de grande hasta el cuerpo inerte de aquel despojo inmundo... De Marie ya se encargaría Adviento... y si no, él se encargaría de una vez.

¡ADVIENTO, SUÉLTAME O TE MATO A LATIGAZOS NEGRA MALDITA!

Gritó la pelirroja a quién la negra no llevaba a su habitación sino a la barricada en dónde la ocultaría. Esa noche los espíritus estaban muy revueltos y podía pasar lo que tanto había temido. Tomas las encontró en el camino y cargó sin problema a Marie quién soltó la misma amenaza pero metros antes de llegar se toparon con cinco de los perros monstruosos en tamaño y raza, quienes comenzaron a gruñir, como si advirtieran lo mismo al par de sirvientes.

Si no me sueltan se los voy a echar encima... Adviento, padre va a matar a ese cristiano... Por favor, detenlo...

Tanto la negra como Tomas voltearon a verse sin entender, ¿Quería detenerlo? Pero la pelirroja tenía sus razones, en ese sueño, en ese miedo y en ese dolor físico radicaba la respuesta, su tono de voz dulce sin fingir hizo sentir un hueco en el pecho a la negra que le dijo a Tomas que la bajara y en cuanto fue así, los mastines convertidos en tiernos cachorros al menos en comportamiento, se abalanzaron contra la niña para jugar con ella. — Si hace falta, llévate a uno de éstos.
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Re: El infierno está en la tierra [Stella] +18

Mensaje por Dorian Moreau el Lun Ago 10 2015, 06:05

Dorian se sentía demasiado inquieto en esa casa y no era por el hecho de que se encontraba de rodillas succionandole el miembro al señor, si no que ya los habían interrumpido, ladraban los perros en ese momento y había visto a una niña en la casa...No era un buen lugar para estar y si dependiera de él se hubiese ido, pero no podía, no tenia fuerza y que lo tratara tan brutalmente era muy malo, no solo por el hecho obvio de las heridas, si no que así no podría trabajar, ni en el cabarette ni atendiendo a otros clientes. Dorian no estaba disfrutando ya, lo poco que lo había hecho se había esfumado y simplemente cerró los ojos esperando que el tiempo pasara, que acabara de una vez y se aburriera. Entonces oyó la voz de la niña y Dorian abrió los ojos muy grande. ¿Tan estúpido era aquel hombre que estando en su casa después de haber sido pillado un momento antes, volvía a dejar la puerta abierta? A tal punto llegaba su hipocresía que lo pateo diciendo que lo dejara en paz.

Dorian se limitó a limpiarse la boca con el dorso de la mano y apoyar una mano para sentarse sobre el costado de su cadera mientras la escena seguía su bizarro curso. Esperaba que pudiera irse pronto, descansar y en la noche poder actuar, por ultimo sin moverse mucho. Luego mataría a su proxeneta por no informarse de su cliente, incluso pensó en decirle a los mafiosos para quienes trabajaba lo que ese hombre le había hecho. Bajó la mirada pensando en planes de venganza, tratando de ignorar a la niña, no mirarla, no hacer contacto visual con ella, no quería recordar su cara ni que ella lo hiciera.

Luego entró otra mujer, una negra que se llevó a la niña y Dorian sólo se quedó ahí, buscando cubrirse con las manos y manteniendo la mirada baja y antes de que si quiera abandonaran la habitación sintió un golpe muy fuerte en la espalda y gritó de forma desgarradora. Tras este golpe siguieron otros igual de crueles y sin más motivo que el odio y mientras daba un golpe tras otro de los que no podía escapar pensó en su muerte. Ese hombre solo lo había llevado ahí para matarlo.

-No me mate, por favor...

Cuando a penas le quedaba conciencia sintió que le abría las piernas y simplemente lo dejó que se descargara y sintió como lo ahorcaba impidiendo que respirara. Dorian sólo cerró los ojos pensando en que ese seria su horrible final y unas lagrimas cayeron por sus sienes hasta perderse en su cabello negro. No pudo evitar pensar en su padrastro en esa sensación horrible que se repetía cada noche que estaba en manos de un abusivo. Deseo haber vivido para que alguien lo amara, como cada noche había pensado de forma optimista. "Él es el amor de mi vida, él me salvará de esta miseria"

No pasó.

Fue cuando se rindió y todo se volvió oscuridad.

...No hay amor para gente como yo...
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Re: El infierno está en la tierra [Stella] +18

Mensaje por Invitado el Mar Ago 11 2015, 04:02

¡SEÑOR, SEÑOR! — Gritaba la negra quién corría hasta la habitación dónde el viejo Mignola estaba fumándose un puro sentado cómodamente con un pie sobre el cuerpo inerte de la víctima de esa noche... Sí, de esa noche, porque antes ya había llevado, mujeres, hombres... niñas, todos con el mismo final, o comida de mastines o arrastrados por las olas en el puerto. Los negros a veces hacían chapucerías para salvar sus vidas pero todo era inútil. Adviento miró que aún respiraba, con dificultad pero lo hacía.

¿Qué quieres negra? ¿Qué no ves que estoy ocupado?

Los mastines señor, se soltaron y están persiguiendo a la niña Marie...

Con eso bastó para que el anciano que conservaba bien sus años se levantara como resorte y sin decir nada tomara un arma larga y poderosa capaz de matar un elefante, o al menos eso era lo que decía y nadie quería poner a prueba. ¿Por qué lo creyó? Marie era la única que tenía voluntad sobre esos animales y era casi imposible que la atacaran... lo contrario a él a quién ya habían ladrado una noche que quiso entrar a la barricada de los esclavos dónde de vez en cuando Stella dormía. Salió de la habitación rápidamente pidiendo a punta de groserías y maldiciones la dirección de las bestias. Cuando se fue, la figura enorme de Tomas apareció en la puerta interna de la habitación y con una sábana perfumada de la cama de Marie, tomó entre sus brazos envolviéndole con sumo cuidado, al pobre chico que temblaba ya en shock por los golpes. La negra le hizo un gesto para que lo llevara a la habitación de la difunta Ama dónde Marie estaba ya con las medicinas y cuidados necesarios.

No se preocupe señorita... — Dijo Tomas con su poco manejo del vocabulario. — La ama Marie lo curará.

Al despertar, Dorian se encontraba en la cama de reina de la madre de Marie, dónde la había parido y había muerto años atrás. Marie estaba pasándole una esponja de agua fresca por los brazos para limpiar y aliviar tal vez el ardor de los golpes mientras tarareaba una nana de cuna con su dulce voz. Cuando la niña se percató que había despertado, rápidamente se alzó para ir por un vaso de agua y una copa de ajenjo para el dolor.

Tómatelo... por favor, te hará mucho bien...

Le pidió con la dulzura casi de una madre mientras Adviento volvía y se acercaba con el cuenco de las yerbajas que usaría para aliviar un poco el dolor físico. — ¿Padre? — Preguntó la pelirroja mientras daba una lamida a la copa del ajenjo vacía. Adviento negó dándole a entender que había tiempo. Los mastines estaban escondidos en uno de los agujeros dónde se solían guardar fuertes sumas de oro en lingotes para protección, su padre quién ya tenía bastante adrenalina y alcohol encima, se había vencido en uno de los grandes sillones que mecían en la parte trasera de la finca. Stella sacó entonces del armario el vestido blanco de dormir de su madre y se lo pasó a la negra para que después de curar a la señorita pues le había dicho que tenía heridas en lugares pulcros y ella debía esperar y no ver. Así lo hizo, aunque las yerbas ardían tal vez, Dorian se daría cuenta que eso le haría bien. Al terminar después de un buen rato, Marie volvió a acercarse para escudriñar su rostro tumefacto por los golpes.

Eso te ganas por maricón, ¿lo sabes, verdad?... No hagas más esas cosas o Padre volverá a castigarte, esas cosas son malas. Es hombre y mujer lo correcto, no hombre y hombre. Pero no te preocupes... yo te voy a cuidar...

La niña le tomó de la mano y deslizó el dorso de ésta contra su mejilla afiebrada de nuevo, muy roja y manchada de pecas. La fiebre había vuelto y con aquel tacto... la conexión. El dolor era soportable ya, el ardor también, lo que sentía Marie era un dolor inmenso en el pecho que la hizo comenzar a llorar; Adviento al ver eso estuvo a punto de acercarse hasta que la puerta de la habitación estalló y el viejo Mignola apareció con el arma apuntando a la cama. Marie sintió que el alma se le iba del cuerpo y rápidamente se levantó para echarse sobre el arma mientras gritaba desesperada que se fuera, que no le hiciera más daño. Mignola no entendía... no era él, parecía un demonio que solamente desapareció cuando el arma se disparó dando la descarga contra el suelo pero con la suficiente fuerza para tirar hacia delante a una Marie inconsciente, en shock.
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Re: El infierno está en la tierra [Stella] +18

Mensaje por Dorian Moreau el Miér Ago 12 2015, 16:54

Dorian solía ver bondad en todas las personas, a pesar de que se movía en un mundo turbio, siempre veía algo. Los mafiosos para los que trabajaba proveían alcohol para mantener a la gente feliz, había guerra y esa era una ley injusta, entonces ellos daban la gota de agua del desierto, eso era bondad. También estaban los que les gustaba ser rudos en la cama, pero en casa eran esposos dulces. Habían asesinos incluso que tenían algo de bondad, no mataban, por ejemplo, a niños. Así que Dorian había visto a mucha gente "malvada" con la que sonreía, bromeaba y eran capaces de hacerlo feliz, pero aquel hombre...Aquel hombre era el peor. No vio nada bueno en él, no había un dejo de compasión, incluso teniéndolo en el piso, agonizante, lo humillaba. Dorian tenia los ojos puesto en él, aunque su vista estaba nublada y respiraba con dificultad, pero no estaba consciente del todo, sólo lo veía y pensaba en su maldad.

No fue consciente de cuando entró más gente y luego salió el señor de la finca, tampoco reaccionó cuando lo envolvían, su cuerpo sólo caía en peso muerto cuando lo movían, manteniendo los ojos entreabiertos, sin ver nada con ellos. Era normal pensar que estaba muerto. No fue consciente tampoco de las curaciones ni a donde lo habían llevado, pero cuando despertó estaba siendo atendido por la niña que había visto en la habitación. La miró levantarse e ir por algo para beber y cuando se lo ofreció bajó la mirada y miró a otro lado, era cada vez más incomoda esa situación, no quería estar con esa niña. No después de lo que había visto. ¿Que le diría? ¿O acaso era normal que aquella niña de rostro dulce viera a su padre violar y matar?

Fue únicamente por su tono de voz dulce que tomó el vaso y la miró. Se sentía culpable, como si fuera todo por su causa, aunque no fuera así. Bebió todo el contenido de un solo trago, arrugando el entrecejo por su amargo sabor y se lo devolvió a la niña una vez lo dejó vacío.

-Gracias...

No respondió nada a lo que la niña le decía, sólo se puso el camisón que le entregaban y se quedó en silencio. Podría ser que le pegaran por "maricón", pero ¿Que podía hacer? no es como si lo hubiese elegido, simplemente nunca se había sentido como un hombre, incluso vestir de hombre se le hacia extraño. Acarició su mejilla cuando ella le guío la mano y sintió que estaba demasiado caliente, probablemente era fiebre y luego vio sus lagrimas y aunque imaginó que tenia motivos, pero no imaginó cual.

-Tranquila pequeña...T-tú padre...él estaba molesto conmigo. Sí, p-por maricón, pero no te hará daño a ti, él te quiere mucho...-dijo para consolarla y sintió muchos deseos de llorar también incluso torció una mueca en su intento de aguantarlo. Estaban más tranquilos, eso hasta que apareció nuevamente aquel hombre como un demonio y la pequeña corrió hacia él. Dorian se encogió en la cama y se abrazó a si mismo, el disparo hizo que se sobresaltara y ahogara un grito entre sus manos, vio a la niña caer al suelo y pensó que la había matado.

Siguió ahí, paralizado mirando al hombre con ojos atónitos, no podía creer que tanta maldad fuera real, quería despertar de esa horrible pesadilla pero no podía, todo era real. El señor al ver lo que había pasado se acercó a su hija y la revisó, seguido de esto la levantó en sus brazos y se marchó. Dorian no sabia si estaba viva o no, pero tenia pánico de moverse, sintiendo que si se mantenía lo más quieto posible desaparecería del lugar. Una mujer negra no tardó en ir tras ellos y él se quedó con un hombre, con la piel tan oscura como la mujer que salia.

-¡Deja que me vaya por favor, sácame de aquí... Yo no sé porque hace esas cosas, no es mi culpa, por favor! ¡No quiero morir!- se apresuró a agarrarlo del brazo y suplicar, no podía irse por su cuenta y era muy probable que si se iba solo los perros que había oído lo atacaran. El hombre no hizo nada, porque nada hacia si no se lo ordenaban, por lo que por su actitud queda fue que se encontró aun en la cama cuando el señor volvió y Dorian volvió a contraerse sintiendo como empezaba a temblar, más aun cuando se acercaba.- Por favor no...

El hombre lo miró con odio y vio que llevaba el camisón de su esposa, a quien había amado hasta su muerte. Llevaba el mismo camisón al morir y estaba en el mismo lecho. La imagen de Dorian con sus cosas le causaba aun más odio pues sentía que ensuciaba su memoria.

-¡Sácate eso!- gritó y empezó a forcejear con la prenda para quitarse mientras Dorian gritaba de miedo. Terminó haciéndola jirones de tela y luego culpó al joven de veinte años por esto. Empezó a golpearlo con sus puños, lo golpeó sin piedad alguna, lo agarró del cabello y jaló de él hasta jalarlo fuera de la cama, una vez en el piso lo pateó hasta que se cansó y luego llamó a gritos a uno de sus esclavos preferidos, uno que a pesar de su condición mostraba una crueldad de señor.

Esperó sentado en la cama, viendo como Dorian jadeaba y sollozaba en el suelo, desde su angulo veía su piel blanca solo interrumpida su pureza en los golpes que le había propinado, lo cual a sus ojos lo hacían aun más tentador. La forma en que encogía su cuerpo ocultaban sus genitales y su brazo se atravesaba de tal forma que podría estar ocultando senos. El cabello largo y los sollozos suaves terminaban de completar la ilusión de que se trataba de una jovencita, y las velas hacían que su cabello castaño pareciera rojo. Le puso la mano encima, para acariciar su espalda, pero como Dorian se sobresaltó y gimoteó el señor se sintió enfadado y la calma que había conseguido con el cansancio se desvaneció.

Lo levantó del cuello y lo iba a ahorcar hasta matarlo cuando entró su esclavo. Entonces se lo arrojó como quien le lanza sus sobras a los perros.

-Deseaste de este maricón.

El hombre lo levantó y se lo echó al hombro y así fue caminando hasta las barracas. Cuando llegó lo miraban los otros, pero el fue directo donde sus amigos que compartían su misma crueldad. Lo arrojó en medio donde uno se acercó de inmediato como animal de carroña. Dorian temblaba mientras miraba la figura que poco se distinguía de una sombra o una silueta. Cerró los ojos cuando sintió sus manos ásperas y calientes y se arqueó de dolor cuando la pasaba por sus heridas. Empezaron a hablar bajo en un idioma que no conocía, pero de seguro lo que fuera que se dijeran no le convenía. Dorian estaba convencido que moriría, sólo había decidido alargar su tortura, deseó que no lo hubiesen devuelto a la conciencia, podría haber muerto antes de la nueva paliza y antes de estar a la merced de esclavos hambrientos.

Sintió como las manos del esclavo se deslizaban por su cuerpo hasta refugiarse entre sus piernas y allí introdujo dos de sus gruesos dedos sacandole un grito de dolor que fue acallado con su otra mano. Escuchó que reía bajo, con morbo y sintió como empezaba a meter y sacar los dedos. Dorian sentía sólo dolor, su cuerpo estaba dañado y que lo hostigara de esa forma sólo le causaba más dolor.

Otro de los negros se puso a vigilar la puerta mientras el que estaba con él se acomodaba entre sus piernas para empezar a penetrarlo... Se turnaron los tres que eran sacandole jadeos dolorosos en cada penetración hasta que ya sin más fuerzas volvió a caer inconsciente. Para cuando despertó sentía el dolor de una aguja suturandolo de mala manera y el frío de haber estado siendo bañado por el mar. Lo habían ido a arrojar al puerto abandonado cuando lo creyeron muerto, pero su vida no acabó ahí, había sido rescatado y aunque trataba de evadir en su mente lo que le había pasado, hubiese preferido morir esa noche.


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Re: El infierno está en la tierra [Stella] +18

Mensaje por Invitado el Jue Ago 13 2015, 02:44

No, no estaba herida, físicamente no. Pero el alma la tenía hecha trizas. ¿Por qué su padre era así de cruel con la gente? Cruel... era una palabra que escuchaba a menudo a sus espaldas porque algunas personas cuando salía de casa la nombraban así y a su padre también y otras palabras que no conocía porque nadie las decía en su presencia. A pesar de lo que pudiese decirse de Marie, era una niña inocente al mundo. Lo que los demás podrían calificar de inhumano o malévolo en su persona, era lo que ella creía correcto, lo que pensaba que estaba bien, su educación como señorita dueña del mundo y de todo lo que sus ojos pudieran alcanzar que era bastante gracias a las arcas de su padre quién incluso en Inglaterra era mencionado como uno de los hombres más poderosos y de voluntad férrea para sacar de la miseria en la que su padre -abuelo de Stella- había dejado a su mujer y catorce hijos, todos menores que Frederick. Sí, se conocía su nombre y su poder, pero no su historia y cómo fue degradándose su alma hasta llegar al punto de desear como mujer a su propia hija, una niña a la que le había dejado bien marcado su signo de crueldad

La llevaba en brazos, temblorosa e hirviendo en fiebre. Adviento sabía lo que sucedería después. Dos o tres días de sueño y al despertar no recordaría nada, pero eso dependía de ella y de Cordelia un poco quién solía quitarle las pesadillas para alimentarse ella misma. Al llegar a la alcoba de reina, la dejó en manos de la negra repitiéndole la misma advertencia de cuando nació y no le daban más vida que esa noche: "Si se muere, te quemo hasta el alma, negra." Adviento no le hizo caso. Los mastines en sus jaulas desde antes de comenzar a curar al pobre chico dieron pie a que los esclavos salieran y entre ellos iba la mulata que corrió a la habitación al escuchar el disparo, todos estaban asustados porque ya habían sido advertidos, el fuego de la pira con la que se iluminaban se había levantado en espirales que lamieron las hojas de un árbol alto, inquebrantable. Algún demonio, seguramente el de Marie estaba suelto. La mulata al llegar rápidamente fue encomendada a ir por agua y mandar a otros esclavos por bloques de hielo, se le tenía que bajar la fiebre porque comenzaba a sudar frío y eso podría causarle una inconsciencia de la que no despertaría jamás. Entre sueños, Stella soñó con su madre, que la tenía en brazos y cantaba para ella muy bajito porque se estaban escondiendo de algo que no sabían que era pero a la que temían mucho. Estaba contenta, ajena al pandemónium que habitaba en su casa.

Pero entre su inconsciencia se levantó se súbito. Pero no tenía sus ojos ambarinos, enormes y de cierva azorada como siempre. Sino cristalinos, muertos... de muñeca. La pobre negra Adviento se quedó pasmada y rezó incluso al Dios cristiano y fue así que una voz más infantil que la suya salió de sus labios, no era Marie, era algo más... Algo que se fue pocos segundos después haciendo que en peso muerto la niña cayera a la cama. Esa noche terminó con un antes y un después. Nadie excepto la niña roja durmió. Cuando los primeros gallos cantaron y el sol apenas era una promesa cálida en el horizonte, Adviento velaba a su ama quién sonreía plácidamente. La fiebre se le había bajado en algún punto de lo poco que restó de la madrugada y al tocar exacto el reloj enorme del salón principal anunciando las ocho en punto, abrió los ojos rojos, de nuevo los de ella, cálidos y espontáneos.

Nana, buenos días le de el Dios de los cielos y la tierra. Tengo mucha hambre.

La negra sonrió tomándose la libertad de darle un beso suave en la frente, mismo que ella aceptó gustosa. Al salir de la alcoba, no había rastros de nada... la habitación sellada estaba incluso ladrillada para que nadie nunca más entrara. Algunos de los sirvientes habían dormido tirados en los corredores escapando del calor del infierno que parecía haberse subido a la finca y otros más ya se encontraban en sus trabajos. De Mignola no había rastros. Los tres negros que se habían encargado de deshacerse del muchacho estaban volviendo y al llegar al portón de la servidumbre, vieron a la ama vestida de blanco, como reina. Muy despierta y sonriente, parecía más pequeña y más hermosa, los tres se encogieron en una reverencia vulgar y torpe y ella, en el idioma de los esclavos les dijo que habían hecho algo muy malo esa noche. Ninguno supo cómo sucedió, no vieron ni escucharon nada... solamente el filo de una navaja tan fina y delicada que ardía sólo de verla. Stella les abrió el cuello de frente, uno por uno, dejándolos caer y desangrarse mientras los escupía; dentro de la alcoba, Marie estaba tomando ya el desayuno, sonriente... sin recuerdo alguno de aquella noche, cándida y preciosa, proponía a su Nana y a su mulata, una ida a la cuidad para comprar horquillas e intentar peinados de mujer adulta.
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