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[Benton] El camino || Dallas

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[Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Kangee el Dom Ago 06 2017, 13:49

5 de diciembre, 1929.

Kangee nunca se habría imaginado a si mismo como parte de un circo, pero habiendo probado esa nueva vida más de cerca se dio cuenta de que era muy similar a cómo había sido en las grandes llanuras. Se movían de un lado a otro según les fuera más beneficioso, tenían casas con ruedas y de lona, caballos... La gente vivía en una especie de comunidad en la que cuidaban los unos de los otros con su trabajo, y aunque todavía no se sentía parte al cien por cien sí que se encontraba bastante cómodo.

Del circo le fascinaba el hecho de que muchos decidieran usar carpas para vivir, aunque no fueran tipis, pero lo que no le agradaba tanto era tener que compartir espacio con tantísima gente, demasiados blancos, pensaba Kangee.


El circo había llegado a Benton hacía poco, y aunque aún no había debutado oficialmente con un show propio, tenía claro cuál era su papel.
Su naturaleza exótica, su puntería y buena habilidad para armas arrojadizas lo había empujado prácticamente a convertirse en el «lanzador de cuchillos», aunque los malabares tampoco se le daban nada mal.
Lo que realmente agradecía era no tener que hacer cosas excesivamente denigrantes y clichés, como hacer de indio malvado en un show de vaqueros.

Pero no sólo era un indio más, tenía cierta misión por encima de eso, la que le habían encomendado los Grandes Espíritus, y si estaba empleando su tiempo en seguir al circo era porque ellos lo habían puesto en su camino y lo habían ligado a él de alguna forma.


Aquel día, por otro lado, se encontraba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, cerca de la carpa que era cocina y a la vez comedor, en un descanso entre un entrenamiento riguroso y diario y la próxima comida.
Entre sus manos un cuchillo muy afilado le daba forma a un trozo de madera. Le daba vueltas para comprobar la forma mientras iba haciendo la talla, y en una de esas levantó la cabeza al notar alguien conocido, captando a su compañero Christopher, que dedujo que debía llegar al almuerzo.
Entonces dejó las cosas a un lado y se puso en pie, sacudiéndose todas las virutas de madera.
¿Hora de llenar el estómago, wasicu? —le habló.
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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Christopher Dallas el Lun Ago 07 2017, 23:39

Tras aquellas semanas en el circo, rodeado de personajes variopintos y llamativos, había aprendido dos cosas esenciales sobre mí mismo. La primera, estaba relacionada con el horario de los peones quienes, como yo mismo, teníamos que madrugar para dejarlo todo perfectamente preparado en pro de que los famosillos hicieran su trabajo y ganaran unas cuantas perras. Madrugar. ¡Madrugar! ¡En mi vida me había levantado tan pronto! Y diablos, conseguía que me doliera todo (aunque quizá eso se debiera también al ejercicio físico). Odiaba madrugar, era un ser de la noche, yo. Casi como un vampiro, solo que sin ser un peligro para el mundo, sin alimentarme de sangre y sin asustar a los niños con mis historias. Sí, tenía poco que ver con un vampiro (tampoco me colaba en las casas de la gente para matarlas después de que me dieran permiso para ello) pero lo importante era que odiaba madrugar. Lo segundo que había descubierto sobre mí mismo era que, contrario a lo que solía pensar, no me gustaba tener que ir de arriba abajo cargando cosas y ayudando a otros a montar las carpas o a recoger los desperdicios del público. Lo hacía porque era un trabajo, porque me alimentaban y porque estaba infiltrado en el circo gracias a la ayuda de Jack con tal de conseguir alguna pista sobre los seres de pesadilla que querían conquistar el mundo, pero no es que fuera algo excesivamente agradable.

Por ello hacía dos noches que había tomado la decisión de aprender a hacer algo. ¡Algo chulo! ¡Que sorprendiera a la gente! No era alguien deforme ni tenía un color de piel o de cabello extraño… ¡Ni siquiera tenía dos dedos del pie medio-unidos como la mayoría de la gente! Pero estaba seguro de que conseguiría un trabajo, uno que me llenara de verdad. Me daba envidia Kanfgri, quien en poco tiempo se había hecho un hueco en el circo. A pesar de que nadie dijera nada parecía por sus miradas que le habían aceptado de manera rápida y había conseguido hacerse un hueco en aquella comunidad. Me daba envidia, pero a la vez me alegraba por él. No parecía tan gruñón solitario cuando se encaminaba a la tienda en la que dormía junto a muchos hombres. Tampoco cuando practicaba algún truco que mostrar al público y sus compañeros le aplaudían por ello. Naturalmente, esa situación que nos encontrábamos viviendo no tenía nada que ver con nuestras aventuras en el “tippi” del bosque con el caballo, el río y las rocas. Para ser sincero, echaba de menos compartir con él aquella intimidad. En el circo había demasiada gente y demasiados ojos y oídos.

Me encaminé aquella mañana al comedor para intentar encontrar algo de comer. Me había pasado largas horas cargando pesos y ayudando a famosillos desconfiados, por lo que claramente me merecía un descanso. Al llegar a ella, sin embargo, me vi en la obligación de detenerme en su puerta. Ante mí, a escasos dos pasos, se encontraba Kandri, rascando con su cuchillo un palo para sacarle punta o algo parecido. A veces era tan indio… Me arrancó una sonrisa y me crucé de brazos, esperando ante él que notara mi presencia. Aumenté mi sonrisa en cuanto lo hizo e incluso mis ojos se hicieron más brillantes.

¡Hola, compañero! Sólo para que lo sepa… ¿Algún día dejarás de llamarme waisuqui…. eso? Podríamos intentar encontrarme un mote más cariñoso. Ya sabes, algo como… ¿Rubito? ¿Maestro? ¿Gran Chris, señor de las tierras del Oeste? —pregunté, bromeando, antes de descruzarme de brazos y ofrecerle mi mano derecha para ayudarle a levantarse. Sí, puede que se levantara él solo un poco antes de que me diera a mí tiempo de extender mi mano por completo, pero la intención allí estaba. Me encogí de un hombre y guardé la mano que le había ofrecido en el bolsillo de mi pantalón—. Está bien, nada de ayudas. Contestando a tu pregunta elocuentemente realizada… —alegué, dándomelas de sabiondo poniendo por allí palabras raras sin saber demasiado bien qué función debían de tener o si estaban bien colocadas. Jamás había sido demasiado bueno en las letras—. …sí, me dirigía a almorzar. ¿Vienes conmigo? A alguien tengo que robarle medio bollo diario —añadí, dirigiendo mi mano izquierda hacia mi tripa. Siendo sinceros: en el circo se pasaba hambre. No era como en la iglesia. Los circenses deberían aprender de los lujos que poseían los cristianos.

Esperé a que Kanfro se pusiera a mi altura y caminé a su lado mientras los dos entrábamos en aquella carpa. Solo unos pocos se giraron a mirarnos: la mayoría conocía ya nuestra extraña amistad. Me llevé la mano a la nuca y me rasqué inconscientemente, luchando contra la sensación de que desde que habíamos llegado allí, no teníamos mucho más que contarnos aparte de pequeños cotilleos.

¿Y bien? ¿Cómo te va con eso de lanzar armas e intentar no darle a la gente? No me he enterado de que haya habido ninguna baja. ¿Eso quiere decir que habéis escondido bien el cadáver y os habéis deshecho de las pruebas sin llamar la atención de nadie? —intenté bromear, tratando de que Kangñao no se lo tomara de manera demasiado literal. Sabía que a veces no terminaba de entendernos y el tono jubiloso no ayudaba a su comprensión oral en absoluto.


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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Kangee el Jue Ago 24 2017, 22:47

¿Y wasicu algún día dejará de ser tan idiota como para no saber decir nombre bien? —contraatacó, con molestia.

Kangee parpadeó lento, observándolo con extrañeza cuando usó palabras demasiado largas y complejas para su propio entendimiento, y lejos de sentirse impresionado se enojó, sintiendo muchos deseos de darle un buen golpe a Christopher por intuir que se estaba burlando de él y de su dificultad con el idioma.
Al final, en vez de eso, lo que hizo fue asentir, para mostrarse dispuesto a ir con el más alto a probar bocado.
La realidad era que, aunque no lo fuera a admitir, lo había estado esperando. De entre todos los desconocidos gozaba de su compañía más que la de ninguno, después de todo ya llevaban conviviendo un tiempo antes de que los azares del destino los llevaran juntos al circo.

Cuando Christopher hizo su broma, Kangee alzó ambas cejas en un gesto de sorpresa. Jaló su camisa, para acercarlo a su altura.
¿Cómo sabes eso? —susurró, con una ligera alteración en su voz, como si se tratara de un secreto muy importante, y aunque se había tomado bastante en serio el hacerle creer a Christopher que hablaba en verdad, no pudo evitar una breve y pequeña risa que lo delató, dándole un empujón en el pecho a la vez que lo soltó para dejar que se apartara—. Va bien, te uso de blanco si confías. Costumbre de matar con hacha, ahora costumbre de no matar.

Tomaron su comida diaria de manos de los cocineros, con los que también se había familiarizado un poco, y luego fue a sentarse junto a Christopher en una de las mesas libres.
¿Cómo va tu trabajo? ¿Algo interesante? —le preguntó.
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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Christopher Dallas el Lun Ago 28 2017, 16:50

Había notado que mi compañero parecía molesto por algo que le había dicho, pero al desconocer el motivo, opté por intentar ignorarlo. ¿Qué podía hacer para arreglarlo si no me respondería el motivo por el que se había enfadado si se lo preguntaba? Nada, así que simplemente continué hablando, permitiendo que mis labios dieran forma a mis pensamientos incluso antes de haber pasado cualquier filtro. Me encontraba tan centrado en mí mismo que el movimiento rápido de Kanfri agarrándome por el cuello de la camisa y atrayéndome hacia sí me tomó por sorpresa y me acalló por completo. Alcé las manos de manera instintiva e intenté recordar el motivo por el que su respuesta era tan seria. ¿De qué estábamos hablando? Ah, ya. De matar. No podía creerlo. Mi cuerpo se tensó por completo (y no precisamente a su cercanía, como solía ocurrirme últimamente) y creo que incluso palidecí. ¿¡De verdad había matado a alguien y había pedido ayuda a alguien para esconder el cadáver!? ¿Y por qué la ayuda no me la había pedido a mí? Me frustré mentalmente ante aquel pensamiento, pues su confianza hacia mí en lo que a esconder cadáveres se refería no era lo importante a tener en cuenta en aquel momento, y empecé a buscar en su rostro alguna señal que me indicara que aquello era mentira. O al menos que se encontraba mínimamente arrepentido de haber acabado con alguien por accidente.

Sea lo que sea seguro que podemos arreglarlo… —empecé a susurrar. Pero fui interrumpido por un pequeño atisbo de sonrisa. Un atisbo que fue acrecentándose y que provocó que yo también sonriera en respuesta. Bajé los brazos y volví a respirar en cuanto Kangfe me soltó la camisa y empezó a alejarse—. Espera, no puedo creérmelo. ¡Era una broma! ¡Estás bromeando! —exclamé, sin podérmelo creer todavía. Si alguien me hubiera dicho el día anterior que por la mañana sería testigo de la primera broma de Kanfde, le hubiera pateado por mentiroso. Una sensación cálida se instaló en mi estómago y sentí la urgencia de adelantarme para quedar al lado del nativo y pasarle mi mano por el hombro en un gesto cariñoso—. ¡Kande acaba de bromear, señores y señoras! Y yo debo admitir que me lo he creído, de principio a fin. He caído como un bobo —añadí, riéndome todavía y estando medianamente seguro de que aquello debía de ser un sueño o una alucinación. Obviamente escuché a algunos de nuestros compañeros recordándome que no se llamaba “Kande” sino “Kangee”, pero opté por ignorarles como si nunca hubieran estado ahí.

Desgraciadamente, mi compañero optó por cambiar de tema —o mejor dicho, responder a mis anteriores dudas— y se ofreció a lanzarme sus cuchillos si es que me apetecía probar su aclamada puntería. Solté un gruñido: ¿a quién le importaban aquellos lanzamientos con cuchillo? ¡Kanpo acababa de bromear! ¡Y yo había sido testigo de ello! Pero a pesar de la emoción inicial, tenía que reconocer que sí, que la conversación no avanzaría si solo le recordaba que acababa de jugármela. Tenía que aprovechar el momento para hablar más con él, ya que él se encontraba, aparentemente, de buen humor, por lo que empecé por responder a su ofrecimiento mientras los dos nos acercábamos a las cocineras del circo.

Oye, pues la verdad es que no me molestaría. Confío en ti, no tanto en tu puntería, pero podríamos probarlo algún día —me ofrecí, casi canturreando debido a que mi humor había evolucionado rápido aquella mañana; ahora casi rozaba la excelencia. Descubrí algo en la mirada de Kanht cuando me ofrecí a ser su conejillo de indias por lo que, antes de que pudiera añadir nada, quise cubrirme las espaldas—: Cuando no tenga nada en el estómago que devolver a causa de los nervios, preferiblemente. —Traducción: no en ese momento. No con Chris no preparado para ello. No con el recuerdo de la preciosa sonrisa de Kangee todavía llameante en mi cabeza. Nos sentamos entonces en una mesa desocupada (agradecí la intimidad) y el nativo me preguntó entonces a mí cómo me iba el trabajo. Ante la idea de abordar ese tema y a pesar del buen humor que me había acompañado hasta entonces, tuve que suspirar—. No demasiado, la verdad. Es… bastante aburrido. Me gustaría ser como tú, tener o conseguir algún don especial de alguna manera. Algo para poder mostrar al público y que me sirviera para diferenciarme de los demás, pero me temo que soy bastante ordinario en ese sentido —confesé, partiendo un trozo de bollo y llevándomelo a la boca. De pronto no tenía tanto hambre como cuando había llegado allí.


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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Kangee el Vie Sep 01 2017, 05:56

El escándalo que hizo Christopher llamó la atención de algunos de los trabajadores que estaban caminando cerca, y lo que más llamó la atención a Kangee fue que incluso esa gente con la que llevaba poco tiempo sabía su nombre perfectamente, pero no el rubio «cabeza de chorlito», como lo llamó en su mente, y que le había oído decir a un pueblerino, que llevaba viviendo con él bastante más tiempo.
Le pegó en la nuca, aprovechando la cercanía, pero supuso que su compañero no tuvo claro por qué lo había hecho.

Fue luego, sentados ante sus respectivos platos, que tuvieron un poco de calma y tranquilidad, y también una relativa intimidad entre la gente. Todos ahí prestaban atención a sus propios asuntos, una panza que llenar o una charla trivial, y ellos no iban a ser menos.
Habían pasado de investigar asesinatos múltiples a vivir en un circo, pero no en un circo cualquiera, sino en un circo que los había arrastrado doce años en adelante. Había mucho que desentrañar todavía, pero eso no negaba que la vida normal que estaban llevando de por medio pudiera llegar a ser aburrida.

Kangee se sorprendió de que Christopher accediera a ser el blanco de sus hachas, así se mostró en su expresión, pero luego cuando se retractó poniendo una excusa mala sonrió, de forma ladeada, haciendo evidente sus pensamientos a través de una expresión un tanto pícara. «Cobarde», lo llamó con los ojos, y luego de tragar un trozo de pan que tenía en la boca lo soltó.
Rubio cobarde —dijo—. ¿Te haría daño yo? Nunca —aseguró, volviendo su atención a su comida, mientras Dallas le respondí a su pregunta tan poco interesante de cómo era su trabajo.
Lo miraba de reojo mientras comía, sin hacerle ascos al plato de guiso que tenía delante.
Seguro que encontrarás algo —le dijo, para darle ánimos—, eres muy blanco, muy rubio y muy guapo, mujeres y muchachos suspiran al verte.

»Podrías ser mi blanco, pinto tu cara blanca y roja, como diana, y te quedas quieto en medio de la arena, muy muy quieto, yo lanzo... Y todos sufrirán por tu bonita cara
—propuso, aunque como una broma, pues parecía que Kangee se había levantado divertido ese día—. Dallas —lo llamó por su apellido, poniéndose un poco serio—. Nos estamos malacostumbrando, tenemos que llegar al fondo de esto. Suceden cosas raras, más que la deformación del tiempo, ¿tú también ves? ¿O estás... Ciego? —No encontró la palabra que encajara con lo que quería decir, así que «ciego» fue lo más cercano que encontró.
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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Christopher Dallas el Dom Sep 03 2017, 00:21

A eso no se le llama “cobardía”, mi buen amigo, se le llama “sentido común” —le expliqué, sonriente, disfrutando bastante de las sonrisas que el nativo me estaba dedicando aquel día. Parecía tan… extraño. Habíamos empezado odiándonos, encontrándonos de manera casual en bosques o lugares hechizados… Y de pronto nos encontrábamos los dos comiendo de lado, dedicándonos sonrisas y bromeando, como si fuéramos amigos de toda la vida. Varios años atrás, jamás habría creído que la situación que me encontraba viviendo en ese entonces pudiera haberse dado en algún momento. Pero sin embargo, todo era real. Los circenses, el ambiente festivo del circo, las carpas, la comida, los espectáculos, las luces y las risas. Aquello parecía un sueño y la sensación agradable que me rodeaba aumentó todavía más cuando Kanghee intentó animarme, alegando que resultaba atractivo tanto como para hombres como para mujeres. Jamás había escuchado al nativo hablar de aquella manera. Dejé mi comida de lado y apoyé el codo en la mesa, apoyando después mi mentón en mi puño—. ¿Ah sí? ¿Eso es lo que piensas? ¿A qué tipo de hombres les resulto atractivos, Kangeeh? —pregunté, interesado. Y sinceramente solo tardé dos segundos y medio en darme cuenta de que aquello había sonado como un flirteo. ¿Estaba flirteando? ¡Al diablo todo! Sí, lo estaba haciendo, y seguiría con aquello hasta el final.

…hasta el final o hasta que Kangey optara por cambiar de tema. En aquel caso fue la segunda opción la que ocurrió: mi compañero siguió hablando sobre mi inutilidad para pensar en algún show que pudiera entretener a la gente y que pudiera liberarme a mí de mis obligaciones de mula de carga. Al bromear sobre que podría dibujarme una diana en la cara quise soltar un “ja, ja, nos hemos despertado graciosillos hoy” cargado de sarcasmo, pero antes de poder hacerlo, su rostro perdió cualquier muestra de jovialidad y sus músculos parecieron tensarse. Por un momento incluso temí que hubiera recordado que un nativo y un blanco no pueden bromear de aquella manera, pero saltó con algo completamente distinto: nuestra misión. Recordar que nos encontrábamos allí para trabajar en vez de para disfrutar de un merecido tiempo como circenses me provocó un nudo en el estómago. Lo había olvidado, por completo. Y las palabras que pronunció a continuación sobre el hecho de haberme quedado ciego, me cortaron la respiración.

Estaba oxidado, lo reconocía. Hacía tiempo que no me enfrentaba a ningún organismo de otro mundo. Había atribuido mi tranquilidad a aquel hecho, pero lo cierto era que pasaba algo más y me di cuenta justamente después de las palabras de mi compañero. Era incapaz de notar la energía diabólica del lugar. ¿La había habido desde que habíamos empezado a formar parte del circo? Con una sonrisa desencajada me alejé de él unos cuantos centímetros, devolviéndole el espacio vital que le había robado al empezar a flirtear con él, y me esforcé en intentar mantenerme sereno. La voz empezó a temblarme.

Pues claro que no me he quedado ciego. Noto perfectamente todo lo que ocurre a mí alrededor. Que no haya podido hacerme cargo de ello es algo completamente distinto, no te preocupes —alegué, intentando sonar tranquilizador. Los nervios provocaron que mi mentira quedara completamente expuesta. ¡Ni siquiera Kangfre se tragaría que me encontraba bien y en pleno uso de mis facultades! Noté que la mano me temblaba sobre la mesa y la escondí de la vista de los demás, colocándola sobre mi muslo. Con la otra mano cogí un trozo de pan y me lo llevé a la boca, masticándolo sin ganas—. ¡Hm! Qué bueno todo, ¿verdad? La cocinera es una maravilla —mentí, intentando desesperadamente cambiar de tema. Diablos, ¿tenía que darme cuenta de que me había perdido por completo justamente en aquel momento? ¿Qué sería de mí si ya era incapaz de percibir la energía que no era de este mundo? ¿Tendría que resignarme a ser uno más, tal y como me había descrito a mí mismo delante de Kjinge? No quería—. Esto… Acabo de recordar que tenía que ayudar al… lanzador de cuchillos a hacer algo. Tengo que irme. ¡Mierda! —gruñí, al darme cuenta de que mi excusa había perdido por completo su efecto al haber nombrado al lanzador de cuchillos en ella. ¿No se me podría haber ocurrido nombrar a la mujer forzuda o al mentalista? No, tenía que meter la pata hasta el fondo.

Me levanté e intenté fingir que no me había dado cuenta.


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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Kangee el Sáb Sep 09 2017, 22:37

Le sorprendió que Dallas casi dijera bien su nombre, y por un momento se preguntó si el rubio habría sufrido algún tipo de daño que hubiera cambiado esa manía suya, incluso entrecerró los ojos para mirarlo con suspicacia. Le molestaba que no supiese pronunciar algo tan sencillo, pero como ya era algo habitual más extraño resultaba que atinara a decirlo casi bien.
Tan densos fueron sus pensamientos en ese instante, que ni siquiera le respondió, sino que siguió luego con su tema. A veces hacerse el loco era la mejor opción para no responder preguntas embarazosas. Por supuesto no captó el flirteo.

Asintió cuando empezó a ofrecerle respuestas, habiéndose cruzado de brazos en un gesto serio y bastante neutral.
¿Eh? Sí —respondió luego, aunque confuso por el repentino cambio de tema. Miró la comida que aún le quedaba en el plato, descruzando los brazos para luego seguir atendiéndola, y su mirada se desvió hacia donde estaba la cocinera. Ella tenía dos espíritus, pensaba Kangee, basándose en su cultura.
A pesar del tiempo que llevaba entre blancos, jamás abrazaría una religión que no le correspondía, sus creencias eran más fuertes, y aunque muchos de los suyos habían caído él se mantenía reacio a abandonar sus raíces y a los grandes espíritus que siempre lo habían guiado.

Después no supo si Christopher le estaba gastando una broma o que, por lo que cuando vio que se ponía en pie para irse él también lo hizo, no para seguirlo, sino para retenerlo, y para ello le agarró del brazo con firmeza.
Yo lanzador de cuchillos —le recordó, moviendo ligeramente la cabeza para apartarse un mechón de cabello negro que le había tapado ligeramente la visión, procurando que sus ojos quedaran fijos a los de Christopher.
Una vez más entrecerró los ojos para observarlo, como si quisiera escrutarlo más allá de lo físico.
Tú viene conmigo —le dijo, y sin soltarle el brazo jaló de él para que lo siguiera afuera.
Lamentaba dejar comida en el plato, pero aquello era más importante.

No dijo nada mientras jalaba de Christopher hacia el exterior de la carpa que les hacía de comedor, y de allí se metió por entre algunos carromatos hasta encontrar un rinconcito tapado y silencioso que fingía otorgarles un poco más de privacidad.
Cuando estuvieron allí, Kangee se apartó de él sin decirle nada, y se concentró en pedir al Wakan Tanka que le otorgara claridad de visión, para saber qué era lo que le sucedía a Dallas. Si podía ver su estado sería más fácil que con palabras, y por unos minutos entró en trance, imbuyéndose con la energía de los grandes espíritus.
Había cerrado los ojos, y cuando los abrió, pudo verlo. El color del aura de Dallas.
Ahora tú dirás lo que pasa —dijo, sonando muy convencido—. No puedes mentir a mi. Veo cómo estás.

Poder de Kangee: 10 - 2 (Aura Sight) = 8

Leyenda de auras:
♢  Agresivo: Púrpura
♢ Amargado: Marrón
♢ Asustado: Naranja
♢ Calmado: Azul claro
♢ Conservador: Lavanda
♢ Compasivo: Rosa
♢ Deprimido: Gris
♢ Desconfiado: Verde Claro
♢ Enamorado: Azul
♢ Envidioso: Verde Oscuro
♢ Espiritual: Dorado
♢ Excitado: Violeta
♢ Feliz: Bermellón
♢ Furioso: Rojo
♢ Generoso: Rojo rosáceo
♢ Idealista: Amarillo
♢ Inocente: Blanco
♢ Lujurioso: Rojo oscuro
♢ Obsesionado: Verde
♢ Odioso: Negro
♢ Suspicaz: Azul Oscuro
♢ Triste: Plateado
♢ Confuso: Moteado, colores cambiantes
♢ Frenético: Cambio rápido de colores
♢ Psicótico: Colores giratorios e hipnóticos
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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Christopher Dallas el Lun Sep 11 2017, 23:36

¿He dicho “lanzador de cuchillos”? Me refería a… —Antes de que tuviera tiempo de terminar la frase y añadir en ella a algún otro miembro del circo que pudiera servirme de excusa para evitar a Khangee, éste se levantó y empezó a arrastrarme con él sin que ninguno de los dos hubiéramos acabado nuestro desayuno. Opté por no resistirme por lo que con bastante facilidad fue capaz de llevarme por varias tiendas del circo hasta que finalmente terminamos en una zona bastante silenciosa y escondida entre los carromatos de los artistas. En otra ocasión habría estado encantado de seguirle hasta un rincón oscuro pero en ese momento lo único que quería era dejar atrás el tema de “Christopher ya no ve los peligros que acechan al circo”. Me habría sido sencillo huir de allí dada la diferencia entre nuestras complexiones, pero por motivos que todavía no he alcanzado a comprender, opté por quedarme y escuchar lo que Changi tuviera que decirme.

Aun tuve que esperar unos cuantos minutos más antes de que me explicara qué estábamos haciendo allí, pues cerró los ojos y de alguna manera invocó algún tipo de magia. Nuevamente, no fui capaz de verla ni saber qué era lo que estaba haciendo, pero cuando abrió los ojos descubrí que sus glóbulos oculares se encontraban teñidos por un extraño tono blanquecino. Tras parpadear, aquello parecía haber desaparecido pero por la mirada de Kangi supe que no había terminado del todo: en vez de mirarme a mí parecía mirar dentro de mí. O mejor dicho, a mí alrededor. Incómodo, intenté retroceder, descubriendo que el carromato que tenía a mi espalda y contra el que acababa de rozar me lo impediría. La voz de Kange me distrajo entonces, pues por primera vez habló y me pidió que le contara lo que sucedía. Y a pesar de ser incapaz de percibir la energía que le rodeaba, supe que estaría realizando algún tipo de magia que le permitiera leerme. Me atraganté a causa de los nervios: ¿realmente me sometería a semejante interrogatorio?

No hace falta que te preocupes, hombre. Solo estoy pasando por una pequeña fase, eso es todo —alegué como única explicación, esperando que sucediera un milagro que provocara que Kangye se encogiera de hombros, sonriera y dijera algo como “está bien, te creo: vayamos a beber y a disfrutar de la vida”. Pero no, por supuesto que no fue aquello lo que sucedió. Su mirada sobre mí se intensificó y supe que me estaba pidiendo sin palabras que fuera sincero con él. Suspiré, me llevé la mano al puente de la nariz e intenté meditar cómo podría decirle aquello—. Está bien, escucha: hay algo malo en mí. Desde que sucedió lo del demonio… o quizá un poco después de aquello, soy incapaz de ver nada. Como has dicho tú antes, soy ciego —confesé, notando como mi mano empezaba a temblar sobre mi rostro—. No veo energías malignas en el circo, pero es que ni siquiera noto mi propia energía. O la tuya. Es como si hubiera perdido mi don —añadí, enfadándome por el temblor de mis extremidades y obligándome a alejar la mano de mi rostro. Aun así, seguí sin mirar a Kangre a los ojos: no quería ver decepción en ellos—. Y sé que ha sido estúpido esconderlo, pero es que no tienes ni idea de cómo me siento. De cómo de inútil me siento.

Alcé mis ojos finalmente y los fijé en los suyos. No sabía en qué momento Kanfre había pasado a importarme tanto, pero el caso es que lo hacía. Y deseaba que jamás se hubiera enterado de mi problema.

Sólo he sido bueno en algo en mi vida y era en combatir a las fuerzas oscuras. Pero ahora soy incapaz de ello: No me queda nada —musité, sintiendo una opresión en el pecho al escuchar de mis propios labios todo aquello que me había aterrado pensar hasta el momento. Sin un objetivo no era nada más que uno más, y ni siquiera era bueno siendo “uno más”. No me gustaba trabajar cargando cajas como una persona normal, seguía gustándome la aventura de vencer a seres poderosos aunque ya no fuera capaz de ello—. Ya no tengo nada que hacer aquí más que cargar cajas de un punto al otro y trabajar como un esclavo más. Ahora mismo ni siquiera soy apto para seguir siendo tu compañero. —Y maldita sea, no había caído en aquello antes. No quería alejarme de él, no quería dejar de picarle cuando hacía algo extrañamente poco americano, no quería dejar de sentirme especial cuando conseguía que sonriera aunque fuera tan solo mínimamente. Pero entendería que él me dejara atrás pues solo era una carga más, un peso inútil que evitaba que consiguiera avanzar hacia delante—. Lo siento. —gruñí, ligeramente enfadado por haber soltado tanto en tan poco tiempo. Seguramente a Kangee le habría bastado con un “me duele la cabeza, quiero ir a descansar” pero me había sentido tan aterrado que había terminado confesándoselo todo. Me negué a seguir mirándole y di un paso hacia adelante, empujándole con mi hombro al pasar por su lado para poder marcharme de allí—. Kangee, me temo que tendrás que buscarte a otro.


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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Kangee el Lun Sep 25 2017, 12:22

Kangee se quedó mirando a Dallas luego de que le hubiera explicado su problema. No había decepción en sus ojos pese a su expresión ceñuda, sólo una genuina preocupación por su compañero y por la actitud que éste estaba tomando ante su momento de crisis de fe. Veía los danzantes colores de su aura, como ninguna de esas sensaciones que el rubio estaba teniendo parecían ser buenas.

Estaba muy concentrado en leer sus emociones y en pensar en cómo podía ayudarle, por lo que cuando Christopher pasó por su lado dándole con el hombro él aún permaneció estático, como si siguiera delante de si, asimilándolo.
Fue cuando le dijo que tendría que buscar otro que entonces reaccionó, girando en su dirección, aunque en ese momento todo lo que fuera a ver de él fuera su nuca y su cabello tan rubio, que siempre había atraído su atención.
No —dijo, con rotundidad—. Tú mi compañero, y así será.

Volvió a acercarse a Christopher, rodeándolo de ser necesario para alcanzar a estar frente a él, y de esa forma observó sus manos por un momento, luego las tomó, una con cada una de las propias, y juntó las de Christopher entre las suyas, a la altura de su propio pecho, que por la diferencia de tamaños para Dallas quedaba algo más abajo.
Estuvo en silencio unos momentos más, como si estuviera pensando qué decir, e incluso entrecerró los ojos mientras escrutaba la mirada de su contrario.
Un águila puede volar en solitario por mucho tiempo, y creerse el único ave dueño de los cielos, pero eventualmente encontrará un igual que desafíe sus creencias y que le haga pensar que sus plumas no son tan brillantes, su vista tan certera y su volar tan ágil. Incluso encontrará más aves, más grandes, más pequeñas, más coloridas, más tétricas... ¿Y qué pasa con el águila? Ella pensaba: «Llevo volando toda mi vida, es lo único que se hacer, pero hay otras aves que lo hacen mejor que yo». El águila ya no pudo volver a volar, sepultada por sus propios pensamientos, sin comprender que ella estaba bien antes de que la envenenaran sus pensamientos y se alejara de lo realmente importante...

»Mucho ha sucedido, amigo Dallas, a veces es normal perder el camino y sentirse incapaz de volar, pero está dentro de ti y puedes volver a batir tus alas, Él
—lo nombró, refiriéndose a dios, al dios en el que creyera su compañero, pues él ya estaba acostumbrado a esa pluralidad religiosa con la que se había topado durante tantos años— no te ha abandonado, solo has dejado de escucharlo, como el águila dejó de volar.

»Puedo ayudarte, amigo mio, puedo ser la brisa que te haga abrir las alas otra vez, pues si algo he aprendido en esta vida, es a volver a encontrar «la voz» que guía nuestra existencia.


Finalmente soltó sus manos, pero en ningún momento apartó su vista de los ojos de su contrario.
Tú, mi compañero —repitió—. Yo no abandono a nadie. No buscaré otro.

»Esto que te sucede es normal, todos nosotros pasamos alguna vez por ello, pero la divinidad es amable con sus seguidores, y aunque ella misma tarde o temprano te mostrará su luz, puedo acelerar el proceso con los conocimientos de los que me dotó el Gran Misterio.
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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Christopher Dallas el Vie Oct 06 2017, 18:05

No se me daban bien los acertijos y los simbolismos. De hecho, no se me daban nada bien. Mientras Kangee iba hablando sobre un águila que volaba por el desierto, yo retrocedí en el tiempo para recordar algunas de las clases en el orfanato, donde nos hacían estudiar la Biblia y un montón de libros religiosos más de cuyos títulos ni siquiera me acordaba. Tras leer un fragmento, la Madre Superiora solía preguntarnos qué creíamos que significaba y aunque todos mis compañeros alzaban la mano completamente exaltados y con millones de ideas, yo siempre me quedaba alejado, con el ceño fruncido y preguntándome por qué los que habían escrito aquel libro no podían haber sido más claros. En mi mente infantil, un libro que da pie a tantas interpretaciones no podía ser bueno en absoluto.

Naturalmente, al quedarme alejado en silencio mirando mi propia mesa como si fuera más interesante que el mismo Jesucristo, siempre era a mí a quién la Madre preguntaba —algunas veces había intentado levantar la mano pese a no saber la respuesta para ver si así me dejaban en paz, pero tampoco había funcionado— y siempre terminaba soltando alguna estupidez que, pese a hacer reír a los compañeros, me hacía sentir completamente estúpido. La Madre superiora podía o bien soltar un suspiro de decepción, que me hacía sentir aún más miserable, o bien podía enfadarse y empezar a lanzar tizas… algo que a pesar de ser doloroso, me hacía sentir mejor. En cualquier caso, me vi en la obligación de aprenderme los simbolismos de aquellas páginas y ni el tiempo había conseguido que comprendiera el sentido de algunas de sus imágenes.

Tras tantos años manteniéndome alejado de las horribles clases sobre religión en el orfanato en el que había crecido, había llegado a pensar que todo aquello había quedado atrás, que jamás me vería en la obligación de tener que alzar la mano para darle un sentido a un montón de palabras vacías de significado. Pero no, al parecer el pasado siempre vuelve y Kangee me lo estaba demostrando hablándome sobre un pájaro que no tenía nada que ver con mi problema (problema del que, por cierto, ya me había ocupado decidiendo mandarlo todo a la mierda). Estuve a punto de pedirle que se detuviera, que lo sentía mucho pero que no le entendía y que, sólo si quería, lo explicara de manera que mi cerebro blanco yo pudiéramos entenderlo, pero de pronto creí ver la verdad. O al menos una parte de ésta. Mis ojos se abrieron por la sorpresa, como si de pronto me hubiera iluminado de nuevo aquel ser egoísta que me había abandonado tras el encuentro con el demonio que había poseído al médico del circo, y el peso sobre mis hombros pareció disminuir, al menos en parte.

Espera… Yo soy el águila, ¿no? —pregunté, con un amago de sonrisa, esperando a que me respondiera con la misma ilusión infantil que sentía yo al haber sabido descifrar aquellas palabras. Pero no fue así en absoluto y por su mirada intuí que prefería que estuviera calladito y escuchara la lección como un buen chico. Estaba intentando animarme al fin y al cabo —o aquello era lo poco que podía concluir tras escuchar su historia sobre el pajarraco que había vivido siempre solo creyéndose especial— y no quería que pensara que era una persona poco imaginativa y desagradecida—. Pero imagina que el águila quiere volar —añadí en cuanto creí que había terminado—. Imagina que quiere volar pero cada vez que lo intenta ve que es imposible y al final termina descubriendo que no son las demás el problema, sino ella misma. ¡Sus alas están rotas, Kangee! —exclamé, sintiendo un nudo en el estómago y sin tiempo de darme cuenta de lo sencillo que era con Kangee a mi lado participar de aquella imagen mental del pájaro y el desierto—. Un águila jamás puede volar si tiene las alas rotas así que tiene que conformarse con ser un águila de tierra y morir siéndolo.

Me mordí el labio con fuerza en cuanto escuché al nativo alegando que sólo me quería a mí como a su compañero y en cierta manera me sentí halagado. Quise explicarle que un compañero inútil no sería demasiado de utilidad, pero entonces alegó que podía ayudarme. Fruncí el ceño debido a mis reticencias.

¿Cómo podrías ayudarme? Él —alegué, haciendo referencia a un ser superior de la misma manera en la que lo había hecho Kangee (yo ya ni siquiera estaba seguro de que lo que hubiera visto en un pasado fuera real o de que el maldito ser superior existiera) —…me ha abandonado. No quiere saber nada de mí y está bien, lo acepto. ¡Tampoco voy a querer saber nada de él! No necesito que nadie me diga a la cara que he dejado de ser necesario —le expliqué, descendiendo mi mirada. Descubrí su mano bastante cercana a la mía y rebasé la distancia que nos separaba para entrelazar mis dedos con los suyos. Fue un acto completamente inconsciente pero una vez lo hube hecho, sentí un poco de mejoría. Sonreí y devolví mi mirada a sus ojos llenos de vitalidad—. Ahora mismo eres la persona que más me importa y no podría seguirte mirando a la cara si pese a tu ayuda “Él” me rechaza, ¿sabes?


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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Kangee el Jue Oct 12 2017, 15:50

Lo miró con cierta distancia, como si pretendiera ver sus alas, y luego regresó a ver su rostro, valorando las palabras que acababa de ofrecerle. Era sorprendente que hubiera usado su nombre sin inventárselo esa vez, pero su semblante serio no mostró ese sentimiento, pues estaba concentrado en ver cómo estaba su compañero para hacer que mejorara, no sólo su ánimo, sino también la forma con la que se percibía a si mismo.
Curaré tus alas —respondió finalmente.
Con sus manos entrelazadas, apretó ligeramente sus dedos y le dedicó una pequeña sonrisa. Había visto como su expresión y su aura cambiaban, aportándole un poco de ánimo, e inmediatamente se contagió.
A esas alturas Kangee aún no era muy consciente de lo que le estaba sucediendo con el Dallas, pero tampoco parecía estar interesado en indagar en esos terrenos pantanosos de su propio subconsciente.

Él no era una persona cariñosa, ni que mostrara abiertamente sus sentimientos, pero sí que sentía afecto por Christopher, el tiempo que habían pasado juntos le había servido para no querer volver a andar sólo, sin él, aunque a veces demostrara lo contrario, quejándose del tiempo en el que estuvo tan tranquilo y a gusto viajando en su propio camino, en silencio. No sabía que haría si de pronto dejara de escuchar las «idioteces», como las llamó en su mente, de Dallas.
Eres tonto, blanquito —le dijo, dejando que entreviera una diminuta sonrisa—. Todos los dioses, mortales y criaturas podrían rechazarte, no me importa, puedes mirar mi cara —respondió, habiendo tomado sus palabras como algo muy literal, y aunque tal vez pudiera pensar que no tenía mucho sentido, lo tenía para Kangee—. Puedo devolverte a tu camino, puedo curar aquí. —Su mano libre la puso en el pecho de Dallas, notando el latido de su corazón contra la palma—. Espíritu —añadió, mirando sus ojos—. Primero hay que separar el espíritu, y cuando se sienta más liviano podrá viajar y encontrar lo que buscas. Puedo ser guía, me enseñaron eso, pero tienes que decir: sí.

»Puedes decir «no», y entonces no haremos nada, las cosas seguirán su curso; o puedes decir «sí» y dejar que el viento te levante. Tu decisión, Christopher Dallas
—dijo como punto final, apartando su mano del pecho de su contrario, y notando entonces como el color de su aura volvía a oscilar.
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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Christopher Dallas el Vie Oct 13 2017, 16:02

Podría haberle dicho muchas cosas a Kangee.

Podría haberle dicho que mis alas no parecían tener cura, que sería incapaz de volar de nuevo aunque consiguiera mágicamente recomponerlas o que mi momento de enfrentarme a la oscuridad del mundo había pasado ya, pero me lo callé. Podría haberme reído con él en cuanto me llamó tonto, haberle reprochado usar esos insultos que aprendía sin duda de mí conmigo e incluso haberme puesto serio de nuevo y haberle explicado que no me estaba poniendo de ninguna manera, que simplemente me había cansado de todo, pero me lo callé. En cuanto añadió que podría seguir mirándole la cara aunque me rechazara el mundo entero, podría haberle dicho que no era una cuestión de mirar o no a los ojos de alguien sino más bien de un sentimiento universal, pero me lo callé también. Incluso me mantuve en silencio cuando me explicó que le habían enseñado a calmar espíritus cuando podría haberle confesado lo que me parecía aquello, pero simplemente me mantuve de pie, con la boca cerrada y los labios fruncidos. Observé, con curiosidad que no debería haber estado allí, la mano de Kangee sobre mi pecho, casi como si controlara los movimientos producidos por mi respiración y me dediqué a escucharle como pocas veces hacía con la gente.

Y lo cierto es que descubrí que escuchar resultaba bastante agradable. Sonreí ante su pregunta y tragué saliva, descubriendo que tenía la boca seca. Podría haberme dicho que era por el calor de Benton y su clima seco, pero sabía que aquello era sólo una excusa —más que nada porque Benton tenía poco de desértico, era más bien un pozo de humedad—. Lo cierto era que Kangee había conseguido, una vez más, dejarme sin palabras.

Está muy bien que pienses eso y… —Abrí la boca para añadir algo más, pero fui incapaz. Mi mirada se centró únicamente en las oscuras tonalidades que poseía Kangee en sus ojos y descubrí que él, al igual que mi cerebro, esperaba también que otra palabra saliera por mis labios. Me quedé momentáneamente en blanco, como si no estuviera en mi propio cuerpo y simplemente fuera el espectador de un sueño que no era el mío. Mi mano se aferró con más fuerza a la del nativo. El volumen de mi pecho aumentó bajo la mano de Kangee cuando inhalé y con rapidez se deshinchó en cuanto exhalé, soltando un suspiro que terminó dibujándome una sonrisa en el rostro. Una sonrisa de agradecimiento—. “Sí”. Eso es lo que querías oír, ¿no? “Sí”. Suena bien decirlo en voz alta. “Sí” —repetí de nuevo, aumentando el volumen de mi voz cada vez que lo pronunciaba de nuevo—. Quiero que me ayudes a volver a ser de utilidad, Kangee. Haré lo que sea necesario para conseguirlo.

A continuación, alcé la mano que se encontraba aferrada a la de Kangee y besé el dorso de su mano mientras le miraba a los ojos, en agradecimiento.

Hagámoslo.

Spoiler:

Christopher ha dicho que sí. YA SE PUEDEN CASAR  


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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Kangee el Vie Oct 13 2017, 17:41

No hacía falta notarlo en su pecho, podía ver el color de su aura en ese instante, gracias a la visión que le concedían los grandes espíritus, pero aún así tuvo algo de agradable el sentir el veloz latido de su corazón contra la palma de la mano. Kangee también sintió que ese ritmo desbocado era algo muy íntimo y personal de Dallas, por lo que finalmente había optado por apartar la mano y dejar que su alma siguiera trotando.
El nativo no se daba cuenta de ello, pero estaba dando pie a una situación que podría resultar confusa para cualquiera que los viera fuera de contexto. Lo bueno era que, de momento, podían hallar calma en su soledad.
Aprendiste nombre —dijo, maravillado por la idea de que Christopher finalmente dejara de inventarlo cada vez, y aunque no quería desviar el tema para hacer de su propio nombre el centro, no pudo evitar ese ligero matiz.

Iba a decir algo más, pero de pronto la soledad que hasta entonces habían estado teniendo se vio rota por un intruso.
Un trabajador del circo, que iba cargando con una caja de madera llena de cosas, se había quedado mirándolos desde cerca, y cuando Kangee fue consciente de su presencia se giró a mirarlo.
¡Menos manitas y más trabajo! —prácticamente les gruñó, y se abrió paso entre ellos, separándolos, dejando a un estupefacto Kangee observando como se alejaba mientras murmuraba insultos sobre el número tan grande de maricones que había en el circo.

No lo entendió muy bien, así que no se sintió realmente ofendido, más que por la interrupción y que se hubiera metido en medio de tan malos modos, pero tenía algo más importante en mente: reconducir a Christopher por el buen camino, o, bueno, por el camino que él quería tomar, fuera bueno o no.
Mañana —dijo Kangee, con tal normalidad que casi parecía que no hubieran sido interrumpidos instantes antes.
La diferencia era que, entonces, varios pasos los separaban.
Ahora trabajar, mañana, cuando el sol empiece a caer, nos reuniremos a las afueras, lejos, donde los lagos calientes y árboles, yo te diré exactamente dónde, pero caminos separados, debes ir solo y con espíritu limpio… Espíritu y cuerpo limpio —le indicó, haciendo gestos para señalarlo a todo él, refiriéndose claramente a que se lavara antes de que se encontraran—. Vamos ahora, trabajo.

Por último, le dio una palmada en el hombro, una casual y “masculina”, hasta donde Kangee entendía, y acto seguido echó a andar. Allí estarían separándose para atender sus propias tareas, si es que no coincidían en alguna.

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