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[Benton] El camino || Dallas

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[Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Kangee el Dom Ago 06 2017, 13:49

5 de diciembre, 1929.

Kangee nunca se habría imaginado a si mismo como parte de un circo, pero habiendo probado esa nueva vida más de cerca se dio cuenta de que era muy similar a cómo había sido en las grandes llanuras. Se movían de un lado a otro según les fuera más beneficioso, tenían casas con ruedas y de lona, caballos... La gente vivía en una especie de comunidad en la que cuidaban los unos de los otros con su trabajo, y aunque todavía no se sentía parte al cien por cien sí que se encontraba bastante cómodo.

Del circo le fascinaba el hecho de que muchos decidieran usar carpas para vivir, aunque no fueran tipis, pero lo que no le agradaba tanto era tener que compartir espacio con tantísima gente, demasiados blancos, pensaba Kangee.


El circo había llegado a Benton hacía poco, y aunque aún no había debutado oficialmente con un show propio, tenía claro cuál era su papel.
Su naturaleza exótica, su puntería y buena habilidad para armas arrojadizas lo había empujado prácticamente a convertirse en el «lanzador de cuchillos», aunque los malabares tampoco se le daban nada mal.
Lo que realmente agradecía era no tener que hacer cosas excesivamente denigrantes y clichés, como hacer de indio malvado en un show de vaqueros.

Pero no sólo era un indio más, tenía cierta misión por encima de eso, la que le habían encomendado los Grandes Espíritus, y si estaba empleando su tiempo en seguir al circo era porque ellos lo habían puesto en su camino y lo habían ligado a él de alguna forma.


Aquel día, por otro lado, se encontraba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, cerca de la carpa que era cocina y a la vez comedor, en un descanso entre un entrenamiento riguroso y diario y la próxima comida.
Entre sus manos un cuchillo muy afilado le daba forma a un trozo de madera. Le daba vueltas para comprobar la forma mientras iba haciendo la talla, y en una de esas levantó la cabeza al notar alguien conocido, captando a su compañero Christopher, que dedujo que debía llegar al almuerzo.
Entonces dejó las cosas a un lado y se puso en pie, sacudiéndose todas las virutas de madera.
¿Hora de llenar el estómago, wasicu? —le habló.
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Re: [Benton] El camino || Dallas

Mensaje por Christopher Dallas el Lun Ago 07 2017, 23:39

Tras aquellas semanas en el circo, rodeado de personajes variopintos y llamativos, había aprendido dos cosas esenciales sobre mí mismo. La primera, estaba relacionada con el horario de los peones quienes, como yo mismo, teníamos que madrugar para dejarlo todo perfectamente preparado en pro de que los famosillos hicieran su trabajo y ganaran unas cuantas perras. Madrugar. ¡Madrugar! ¡En mi vida me había levantado tan pronto! Y diablos, conseguía que me doliera todo (aunque quizá eso se debiera también al ejercicio físico). Odiaba madrugar, era un ser de la noche, yo. Casi como un vampiro, solo que sin ser un peligro para el mundo, sin alimentarme de sangre y sin asustar a los niños con mis historias. Sí, tenía poco que ver con un vampiro (tampoco me colaba en las casas de la gente para matarlas después de que me dieran permiso para ello) pero lo importante era que odiaba madrugar. Lo segundo que había descubierto sobre mí mismo era que, contrario a lo que solía pensar, no me gustaba tener que ir de arriba abajo cargando cosas y ayudando a otros a montar las carpas o a recoger los desperdicios del público. Lo hacía porque era un trabajo, porque me alimentaban y porque estaba infiltrado en el circo gracias a la ayuda de Jack con tal de conseguir alguna pista sobre los seres de pesadilla que querían conquistar el mundo, pero no es que fuera algo excesivamente agradable.

Por ello hacía dos noches que había tomado la decisión de aprender a hacer algo. ¡Algo chulo! ¡Que sorprendiera a la gente! No era alguien deforme ni tenía un color de piel o de cabello extraño… ¡Ni siquiera tenía dos dedos del pie medio-unidos como la mayoría de la gente! Pero estaba seguro de que conseguiría un trabajo, uno que me llenara de verdad. Me daba envidia Kanfgri, quien en poco tiempo se había hecho un hueco en el circo. A pesar de que nadie dijera nada parecía por sus miradas que le habían aceptado de manera rápida y había conseguido hacerse un hueco en aquella comunidad. Me daba envidia, pero a la vez me alegraba por él. No parecía tan gruñón solitario cuando se encaminaba a la tienda en la que dormía junto a muchos hombres. Tampoco cuando practicaba algún truco que mostrar al público y sus compañeros le aplaudían por ello. Naturalmente, esa situación que nos encontrábamos viviendo no tenía nada que ver con nuestras aventuras en el “tippi” del bosque con el caballo, el río y las rocas. Para ser sincero, echaba de menos compartir con él aquella intimidad. En el circo había demasiada gente y demasiados ojos y oídos.

Me encaminé aquella mañana al comedor para intentar encontrar algo de comer. Me había pasado largas horas cargando pesos y ayudando a famosillos desconfiados, por lo que claramente me merecía un descanso. Al llegar a ella, sin embargo, me vi en la obligación de detenerme en su puerta. Ante mí, a escasos dos pasos, se encontraba Kandri, rascando con su cuchillo un palo para sacarle punta o algo parecido. A veces era tan indio… Me arrancó una sonrisa y me crucé de brazos, esperando ante él que notara mi presencia. Aumenté mi sonrisa en cuanto lo hizo e incluso mis ojos se hicieron más brillantes.

¡Hola, compañero! Sólo para que lo sepa… ¿Algún día dejarás de llamarme waisuqui…. eso? Podríamos intentar encontrarme un mote más cariñoso. Ya sabes, algo como… ¿Rubito? ¿Maestro? ¿Gran Chris, señor de las tierras del Oeste? —pregunté, bromeando, antes de descruzarme de brazos y ofrecerle mi mano derecha para ayudarle a levantarse. Sí, puede que se levantara él solo un poco antes de que me diera a mí tiempo de extender mi mano por completo, pero la intención allí estaba. Me encogí de un hombre y guardé la mano que le había ofrecido en el bolsillo de mi pantalón—. Está bien, nada de ayudas. Contestando a tu pregunta elocuentemente realizada… —alegué, dándomelas de sabiondo poniendo por allí palabras raras sin saber demasiado bien qué función debían de tener o si estaban bien colocadas. Jamás había sido demasiado bueno en las letras—. …sí, me dirigía a almorzar. ¿Vienes conmigo? A alguien tengo que robarle medio bollo diario —añadí, dirigiendo mi mano izquierda hacia mi tripa. Siendo sinceros: en el circo se pasaba hambre. No era como en la iglesia. Los circenses deberían aprender de los lujos que poseían los cristianos.

Esperé a que Kanfro se pusiera a mi altura y caminé a su lado mientras los dos entrábamos en aquella carpa. Solo unos pocos se giraron a mirarnos: la mayoría conocía ya nuestra extraña amistad. Me llevé la mano a la nuca y me rasqué inconscientemente, luchando contra la sensación de que desde que habíamos llegado allí, no teníamos mucho más que contarnos aparte de pequeños cotilleos.

¿Y bien? ¿Cómo te va con eso de lanzar armas e intentar no darle a la gente? No me he enterado de que haya habido ninguna baja. ¿Eso quiere decir que habéis escondido bien el cadáver y os habéis deshecho de las pruebas sin llamar la atención de nadie? —intenté bromear, tratando de que Kangñao no se lo tomara de manera demasiado literal. Sabía que a veces no terminaba de entendernos y el tono jubiloso no ayudaba a su comprensión oral en absoluto.


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