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¿y tú que miras? [Beatty]

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¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 12 2015, 18:17

Aunque llevaba ya varios años en aquel circo y con la compañía del resto de las personas que vivían en él, aún había cosas que no me gustaba compartir con ellos y con las que no me sentía del todo cómodo. Cuando venía gente a ver el espectáculo de la carpa principal, y mientras nosotros entreteníamos en nuestras caravanas y demás lugares del recinto a los espectadores. En esos momento siempre estaba sin camiseta ni nada que me cubriese la parte de arriba de mi cuerpo, mostrando siempre las cicatrices y las marcas que me había dejado el fuego hace ya bastante tiempo, aunque en realidad aún cuando pienso en ese momento me estremezco y se me pone la piel de gallina. Pero era distinto, aquello era el espectáculo, una forma de llamar la atención y centrar las  miradas de los espectadores en nosotros. Pero no estaba a gusto con mi cuerpo, cuando el espectáculo acababa, siempre me vestía y aunque hiciese calor intentaba tapar mi cuerpo con ropa para evitar las miradas de asco y lástima de los demás que me rodean. A veces esas miradas pasaban dentro del circo, con gente que es igual o peor que tú. Y eso lo odiaba.

Aquella mañana, se había levantado con una niebla densa que se estaba levantando poco a poco. La verdad es que no era una de las mejores mañanas pero...no podía quejarme, prefería eso a tener un día soleado y caluroso desde primera hora de la mañana. Había salido con una pequeña taza de café humeante con leche, y una camiseta de color blanca. Pero al mirar como la niebla se levantaba, tropecé un poco y acabé tirando todo aquello encima. - ¡Oh genial! - digo mientras me quito de forma rápida la camiseta, para evitar más quemaduras.

A un lateral de la caravana, había un bidón alto lleno de agua al que me acerqué para empezar a lavar la camiseta, aunque en realidad no creo que eso sirva de mucho. Solo agua, sin una pizca de jabón...¿Cómo iba a conseguir quitar esa mancha? Estaba inmerso haciendo aquello, frotando esa mancha mientras la metía una y otra vez en el agua, haciendo que quede empapada y a mi me salpiquen varias gotas al pantalón y a mi torso. Mientras seguía ahí, no me percataba de lo que pasaba a mi alrededor, aunque aún era temprano y seguro que la gente aún seguía durmiendo y pocos estábamos en pie. Comienzo a silbar una canción, pensando que nadie estaría por allí cerca y que ninguno de mis compañeros pueda ver mi cuerpo desfigurado. No quiero preguntas ni lástima de nadie, prefiero seguir como hasta ahora...siendo el rarito y reservado que no cuenta nada de su vida ni su pasado.
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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por David Beatty el Miér Ago 12 2015, 20:22

Normalmente no solía costarme tanto tratar con los tigres, pero Nero parecía ser un caso especial. No sabía cuál era el historial de aquel animal y quizá por ello me costaba comprender el motivo por el que era tan fiero cuando intentaba acercarme, incluso para darle algún premio en forma de alimento. Pero no me rendiría, por supuesto que no. O aquello había pensado la mañana anterior cuando me había dirigido a su jaula para estar un poco con él. Me había pasado la noche en vela intentando hacer progresos logrando únicamente despeinarme, descolocarme la ropa y desesperarme por completo. Pero segundos antes de marcharme, el animal me observó como si en el fondo sintiera un poco de lástima de que me marchara (o quizá fuera solo mi imaginación). Únicamente con aquello pude partir en paz pues el entrenamiento había servido para algo.

Intentando arreglarme el traje sin conseguirlo – y dando por perdido el pelo – me dirigí a la zona de carretas a la mañana siguiente dispuesto a entrar en mi caravana para echarme en la cama y descansar. Dormir por lo menos hasta que fuera la hora de comer, pero algo se interpuso entre mi objetivo y mi cuerpo cansado. Algo que me llamó tanto la atención que provocó que se me olvidaran por el momento todos los males. Y fue que visualicé una espalda realmente bien formada en la que nunca antes me había fijado. Enarqué una ceja al seguir el recorrido de la espalda hacia el trasero del desconocido y me dije a mí mismo que tampoco estaba tan mal. Caminé hacia él sin apartar la mirada pero con intenciones de pasar de largo – pues no gustaban demasiado los homosexuales y tenía miedo de descubrir el control de la gente de aquel circo – y solo cuando estuve más cerca me percaté de algo extraño, quizá más llamativo que extraño.

Sonreí para mis adentros y continué avanzando hacia la figura hasta que la adelanté, me coloqué en el otro lado del barril en el que se encontraba limpiando la camiseta y le envié una sonrisa. – Buenos días, veo que algunos se levantan pronto. – saludé como si nada. A continuación coloqué los codos sobre el barril y junté las manos para apoyar sobre ellas mi cabeza y adoptar una posición más “encantadora”. – No he podido evitar ver en tu espalda… cierta marca extraña. Y si fuera otro tipo de persona quizá me marcharía, pero el caso es que me gusta hablar, y bastante. Es una quemadura, ¿verdad? ¿Cómo te la hiciste? – le observé de arriba a abajo antes de que pudiera responder a mis preguntas y creí recordar de quién se trataba. – Antes que nada… ¿Te llamabas Hugh? Trabajas lanzando dagas, ¿es correcto? – quise saber, girando un poco la cabeza hacia un lado para que viera que mis intenciones distaban bastante de querer atacarle. Sentía curiosidad.
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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 13 2015, 12:21

Miro la camiseta otra vez, sacándola del agua y observando que ya casi no quedaba rastro de esa mancha. Solo un par de gotas casi invisibles en la parte de abajo, aunque supongo que al quedarse seca de nuevo, se verán más aún. Ese es el problema de usar camisetas de color blanco, mi color favorito, que la mancha más pequeña y mísera se ve a kilómetros de distancia. Tal vez debería de plantearme comprar o conseguir de otra manera, ropa de otros colores más oscuros aunque...en realidad no me gustaban. No se porqué prefería aquel color, en realidad era bastante soso y no pegaba mucho conmigo pero...al final siempre acababa vistiendo igual. Una camiseta de color blanco y con manga larga, al menos que me tapase hasta el codo y unos pantalones vaqueros, nunca nada elegante ni nada parecido. Eso si que no iba conmigo, y nunca sería capaz de ponerme algo como eso aunque...nunca digas nunca ¿no?

Mi momento de paz y tranquilidad, sin camiseta y con mis jodidas marcas al descubierto, se ve interrumpido por la presencia de un muchacho que vivía en el circo. No podía decir que conociese a mucha gente de aquí, simplemente sabía sus nombres y lo que hacían aquí dentro pero...nada más de ellos. En realidad si yo no quería contar nada sobre mi vida, no tenía porqué ir preguntando a los demás. Solo Lena había conseguido de momento entrar en el círculo de confianza. Con ella pasaba los ratos libres y cuando había algo que me corroía por dentro, la buscaba para intentar sosegarme y contarle lo que había pasado. El resto...bueno, supongo que son mi familia y que tenemos que mantenernos unidos pero...si puede quedarse en simples conocidos, yo lo agradecería.

Lanzo un chasquido con mi lengua, algo molesto por su interrupción. Odiaba que otros me viesen el torso al descubierto. Me coloco la camiseta con rapidez, que queda pegada a mi cuerpo y hace que se vea igual las marcas que me dejó el fuego. Pero yo no me percaté de eso. - Buenos días supongo...¿no te han enseñado a que es inmoral observar de esa forma el cuerpo de otra persona de tu mismo sexo? - digo colocando una sonrisa sarcástica, esperando que así se fuera de allí. - No voy a contarte mi vida, no me gusta hablar del pasado ni las cosas que me pasaron así que...mejor largate o cambia de tema, rubito. - digo aprovechando el agua del barril para lavarme la cara, mientras la camiseta seguía mojando el suelo y el pantalón que llevaba puesto. - Me Eddie y soy tragafuegos...no has dado ni una. Y yo que pensaba que eras un cotilla de los buenos, David. - me doy la vuelta e iba a entrar de nuevo en la caravana, cuando me quedo un momento parado. ¡Joder yo no soy así! Suelo ser agradable con los demás y aunque me joda el tema de las quemaduras...pues...debería ser mejor persona o me pareceré a los paletos que se meten con nosotros. - Disculpa David, no suelo ser así. - digo sentándome en el suelo. - Solo es que hay cosas de las que no me gusta hablar, tal vez...si me cuentas tú mayor secreto te cuento lo de mis cicatrices. Solo tal vez. - añado sonriente, y haciendo un gesto para que se siente a mi lado.
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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por The Fool el Jue Ago 13 2015, 18:56

Oye Edward ¿Has visto lo que había en el fondo del barril de agua? Ahora está flotando, quizás deberías sacarlo.
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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por David Beatty el Sáb Ago 15 2015, 22:30

Sí, puede que sea inmoral hacerlo, pero justamente por eso es más divertido, ¿no crees? – le pregunté con una gran sonrisa en cuanto escuché sus palabras. Era extraño pues pese a oponer resistencia a explicar a los demás mi condición sexual, nunca había tenido miedo de “flirtear” a otros hombres tanto privada como públicamente. Quizá fuera porque pudiera ser malinterpretado como una broma, pero el caso es que era aquello lo que parecía tener ganas de hacer con aquel desconocido. O presuntamente desconocido. Aun así pareció rechazar mi acercamiento e incluso se negó a contarme lo que yo quería saber para saciar mi curiosidad. Continué observándole con la misma sonrisa llena de felicidad con la que le había observado en un primer momento y ante la tentativa de que se marchara, le pregunté si sería Hugh. No conocía a ningún Hugh, por supuesto, pero aquella era una buena táctica para conseguir el nombre de alguien. Y me funcionó a la perfección. Incluso recibí la satisfacción de saber que él si parecía conocerme. – Conque Eddie, ¿eh? Es una gran satisfacción que me conozcas, ¿sabes? Es bueno saber que hay alguien que se fija en ti…

Pero algo pareció salir mal pues el tragafuegos se dio media vuelta para empezar a marcharse. Deshice rápidamente mi sonrisa y le observé la espalda – ya con la camiseta y con las heridas levemente cubiertas – un tanto decepcionado. Lo había intentado y había perdido, supuse que no todo podría salirme bien. Le eché la culpa a la falta de sueño y cuando estuve a punto de darme la vuelta tuve el honor de escuchar las disculpas de Edward, dedicadas por completo a mí. Me llevé una mano al rostro fingiendo una repentina tos para ocultar una sonrisa de suficiencia y le observé con interés hasta que se sentó en el suelo y me pidió que hiciera lo mismo.  Al parecer había reaccionado así por haberme interesado por su historia… Fue hasta comprensible.

Me moví para caminar hacia él, dejando la mano en el borde del barril y acariciando la superficie con ella a medida que me iba moviendo y me coloqué delante de él, sin llegar a sentarme ni separarme del tonel. Durante el movimiento, había movido un poco el barril y de él había salido a flote una bota. Lo observé con desencanto y me arremangué en silencio, suponiendo que mi compañero el tragafuegos me estuviera observando y preguntándose qué sería lo que haría.

Parece que la higiene de este sitio a veces brilla por su ausencia… – comenté con una sonrisa ladeada y extrayendo del agua el objeto. Lo dejé caer delante de las piernas de Eddie y volví a bajarme la manga de la camisa. – Todo tuyo, ya que has sido tú quién ha encontrado el tonel primero. – le dije, con una sonrisa que demostraba que estaba bromando. A continuación me deshice del temor a mancharme el traje – lo tenía desordenado después de una noche intensa de charla con el tigre, tampoco se asustaría nadie si le sumaba el barro y la hierba a la lista de manchas que tendría que conseguir limpiar del traje – y me senté ante él con aparente elegancia. – Un secreto… – murmuré, recordando su pedido. – Si es un secreto debe quedar entre nosotros, ¿verdad? – le recordé para que le quedara claro que aquello no podía salir de allí. No es que fuera un secreto pero… realmente sí era algo que no me apetecía que la gente conociera sobre mí. –Bueno, pues podríamos decir que a mí no me parece tan “inmoral” fijarme en un hombre atractivo en cuanto tengo uno delante. Y tampoco me parece tan “inmoral” acostarme con ellos para pasar un buen rato. De hecho me gusta bastante.

Antes de que pudiera llegar a pensar mal de mí, me alejé un poco de él y tragué saliva. Quizá habría ido demasiado lejos. Si él se molestara por aquello podría llegar a tener problemas pese a que esa hubiera sido nuestra hora de confesión de secretos. Fue por ello por lo que preferí no continuar jugando con él y dejarle en claro que no tenía por qué temer de mí – en caso de que fuera eso lo que estuviera empezando a sentir. – Pero tranquilo, que no “ataco” a todos los hombres que se me cruzan. Tengo un gusto bastante refinado que no te voy a desvelar pero que puede asegurarte que no soy un peligro ni para el circo ni para tu persona. – añadí, como si él no fuera mi tipo. Obviamente se trataba de una mentira. Si no ardía en el infierno por ser homosexual, lo haría por aquella gran mentira. – Y ahora quiero saber tu historia. Y no puedes dejarte ningún detalle porque mi secreto no es ninguna tontería. Cuéntame lo de tus cicatrices… ¿Puedo acariciarlas? – añadí, fijándome en una pequeña línea de piel quemada que se hacía visible en su hombro y que la camiseta no alcanzaba a cubrir.


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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 16 2015, 13:18

¡Vaya! Aquel chico era alguien de armas tomar, parece que no le importaba seguir mirándome de esa forma e incluso bromear y seguir con aquel especie de juego que había empezado al mirarme el torso desnudo. Tal vez había tenido suerte y había encontrado alguien como yo. No le conocía en absoluto, pero no podía negar que aquel chico fuese atractivo y que llamaba bastante la atención. Pero puede que en realidad solo fuese un juego, algunos hacen aquello solo por diversión y para sacar información del otro y...poder saber como eras en realidad. Aunque alguien del circo como lo era él, no creo que quiera hacer daño a los que están a su alrededor ¿No? Se supone que debemos protegernos los unos a los otros.

- Eres un chico raros ¿Sabes? y con la lengua muy larga, demasiado diría yo. Puedes acabar metido en problemas por actuar de esa forma si te encuentras con la persona incorrecta o esas palabras llegan a oídos de quien no debe escucharlo. -
digo con una leve sonrisa pícara en mis labios, la verdad es que la mañana mejoraba por momentos. No esperaba encontrar a alguien con quien hablar aquí dentro y menos tan rápido. No confiaba en nadie y...parece que él podría ser uno de los pocos. Tendré que preguntarle a Lena por él, seguro que ella sabe más cosas sobre él. - Me gusta saber con quién trabajo y quienes son los que me rodean. Es bueno saberlo, al menos conocer sus nombres.

Al sentarme allí, y antes de que el chico se sentase a mi lado, lo observo jugando con el agua del bidón. ¿Qué cojones está haciendo allí? Cada vez me resultaba más raro, aunque la verdad es que en estos sitios no hay nadie que pueda llegar a considerarse normal. De lo contrario no estaríamos trabajando en un sitio como este rodeado de freaks y lo que la gente llama engendros o algo peor. Se piensan que estamos sacados del mismísimo infierno pero en realidad no nos diferenciamos tanto del resto. Cuando abre la boca de nuevo enarco las cejas sorprendido y sin entender a que se refería, hasta que saca de allí una bota y la tira justo a mis pies.

- ¿Pero qué? ¿Qué coño hace eso ahí? Panda de...cerdos. - digo dando un chasquido con la lengua y cogiendo la bota para mirarla bien. Niego con la cabeza. - No es de mi número y llámame desconfiado pero...creo que me desharé de ella lo antes posible. No se a quién pertenece pero como sea a alguien del pueblo, pueden culparnos de cualquier cosa y...bastantes problemas tenemos ya. No somos bien recibidos y no hace falta que nos lleguen críticas y denuncias innecesarias ¿Yo también soy raro por ponerme en lo peor? - pregunto encogiendo mis hombros, esperando una respuesta afirmativa en forma de broma. Aunque en realidad me llamaba más la atención su secreto, quería saber más sobre él y...viendo como había empezado todo podría ser divertido todo aquello, aunque después tuviese que contar mi historia. Algo que no había hecho nunca y...creo que me iba a costar hacerlo pero en el fondo puede ser bueno ¿no? Soltar la carga que llevaba conmigo.

Su secreto era como esperaba, había encontrado a alguien como yo. Asiento con la cabeza y sonrío de oreja a oreja. - No se...algo sospechaba la verdad, pero no esperaba que me lo contases al menos no a la primera de cambio. - digo mirando al chico directamente a los ojos, y observando la cara de cansancio y el estado de su ropa. - Por mi no te preocupes, se guardar esa clase de secretos y...es una lástima que seas tan exquisito en tus gustos y que alguien como yo no entre en ese selecto grupo. Aunque en realidad estoy acostumbrado. - digo encogiendo los hombros, siguiendo con aquel juego. Suspiro para comenzar con mi historia, sintiendo nostalgia, pavor y como la piel se me ponía de gallina. - Fue hace muchos años, diez o más. Estaba con mi madre en otro pueblo, era...trabajaba en un cabaret y a las mujeres de allí no les gustaba que coquetease con sus maridos y que hiciese otras cosas con ellos. Decidieron tomarse la justicia por su mano. - digo tragando saliva y apretando los puños con fuerza, intentando no llorar al ver aquellas imágenes de nuevo. - Quemaron nuestra casa con nosotros dentro, mi madre...mi madre falleció allí y casi consiguen acabar conmigo. Pero no se salieron con la suya. - digo con una sonrisa triste en mis labios, volviendo la vista hacia él y limpiando una lágrima que caía por mi rostro.

Me quedo un momento callado, después de escuchar su última pregunta. ¿Tocarme las quemaduras? Nunca antes lo habían hecho. Miro al suelo y asiento con la cabeza, quitando la camiseta de nuevo y dejando al descubierto todas ellas. - Eres un morboso ¿Lo sabías?
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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por David Beatty el Dom Ago 16 2015, 14:27

Entonces… ¿me estabas pidiendo que te contara un secreto pero no esperabas que te contara uno auténtico? ¿Por qué tipo de persona me tomas? – pregunté con una amplia sonrisa y apoyando mi rostro en la mano, mostrándome realmente interesado por el tagafuegos. Amplié la sonrisa en cuanto se mostró apenado por no pertenecer al “grupo selecto” de personas que podían llegar a llamar mi atención y elevé la mano que tenía libre para dibujar una pequeña onda en el aire, restándole importancia a sus palabras con aquel gesto. – No te preocupes, si estás interesado podría hacer una excepción. Al fin y al cabo no todos los pretendientes de mi lista tienen la habilidad de ofrecerme un buen show con fuego después de una buena sesión de sexo.  – le expliqué, fingiendo tener una lista de pretendientes y además extensamente larga. Lo cierto era que me estaba divirtiendo estar con Eddie. Creí que bromearía conmigo porque sería de los pocos a los que no les importaba la condición sexual de la gente pero que aun así tampoco querrían llegar a tener nada con nadie. No estaba seguro.

Tras aquel pequeño intercambio de bromas, empezó a contar su historia, provocándome una leve sorpresa pues no me había imaginado que realmente fuera a hacerlo. Todos los que teníamos un pasado éramos capaces de prometer contarlo pero pocas veces cumplíamos con nuestra promesa. ¿No era aquella, acaso, la gracia de tener un pasado misterioso? Sin embargo me enorgulleció que empezara a contarlo y le escuché mientras reseguía su cuerpo con mi mirada con descaro, como si en las marcas de su piel estuviera escrita su historia.

Sus palabras me recordaron a mi propia historia, pero ya había desvelado demasiado aquella mañana como para ponerme a asentir como un estúpido y contarle también aquello. La gente normal, la que vivía bien y no tenía que preocuparse por nada no comprendía a los pobres que tenían que ganarse la vida ni a los diferentes. En vez de culpar a los maridos, que eran quienes acudían a encontrarse con la madre de Eddie y con sus compañeras de trabajo, las culpaban a ellas. Seguramente con la excusa de que eran sirvientas de Satanás y que llevaban a cabo el pecado impunemente. Quizá el haber quemado su casa hubiera sido una especie de recuerdo de las hogueras en las que todavía se quemaba a algunas mujeres… ¿Cómo podía ser el mundo tan perverso? Le escuché en silencio sin comentar nada sobre aquello y sonreí ante su última frase.

Eres alguien fuerte… Me alegro de que hayas sobrevivido. Necesitamos a gente como tú. – comenté únicamente, siendo sincero en mis palabras pues si no hubiera conseguido huir del fuego no nos encontraríamos hablando en aquel momento. Le pregunté entonces si podría acariciar sus cicatrices, más por acto reflejo y curiosidad que por morbo… pero él pareció darle la vuelta y no pude reprimir una pequeña carcajada. – No eres el primero que me lo dice… – susurré. Me acerqué a su cuerpo ahora sin camiseta y empecé a acariciarle el hombro y a bajar la mano por su espalda, obligándole a moverse levemente. El tacto era rugoso pero a la vez suave. El cuerpo de mi madre tras el incendio había quedado completamente chamuscado, negro, seco, roto. La había acariciado y me había recorrido únicamente un sentimiento de terror. Pero la piel de Eddie parecía llena de vida pese a haberse quemado también. – Nos encontramos en una zona pública… creo que si nos encontraran, no sería el único que sería acusado de morboso. – añadí con una sonrisa.

A continuación me levanté, dándome por satisfecho con aquel contacto y miré alrededor, asegurándome que a nadie se le había ocurrido ir allí a aquellas horas. Di dos pasos hacia el tonel en el que “nos habíamos conocido” y me apoyé en él para seguir preguntándole al tragafuegos. No me gustaba demasiado estar sentado en el suelo y supuse que todo iba a ser menos sospechoso si nos encontraban charlando con un poco de distancia como dos amigos que sentados juntos en el suelo como un par de amantes escondidos. – ¿Qué pasó después de aquello para que llegaras al circo y decidieras hacer el espectáculo con el fuego?  Si me lo cuentas quizá podría ayudarte a buscar la otra bota que le falta a la que te he dado para entregársela al amo del circo. – bromeé, señalando la prenda que había descartado él nada más verla.


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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 22 2015, 18:03

No es fácil encontrar alguien con quién hablar, con quién poder compartir tus secretos ya que tienes alguno en común con dicha persona. No es que fuese un secreto en si, era más bien como un modo de vida. No entendía que diferencia había entre alguien como nosotros o el resto de la gente que nos rodea. Yo no discriminaba a los demás por su color de piel, su sexualidad, su religión ni su oficio. Y había mucha gente a la que odiar por culpa de esa clase de cosas, por gente tan extremadamente religiosa y estricta con las normas, nosotros teníamos que esconder y ver reducidos a este espacio minúsculo que era el circo. No nos dejaban trabajar en otro lugar, ni estar demasiado cerca de ellos. Pensaba que éramos una especie de pecado y que podríamos corromper sus almas o transmitir alguna enfermedad que podría llegar a ser mortal. Por eso éramos perseguidos, maltratados, repudiados y a veces ejecutados.

Suspiro sin poder dejar de sonreír ante los comentarios burlones de David, la verdad es que se podría ganar una buena paliza si hablaba de esa forma fuera de este recinto, espero por su bien que no se le ocurra bajo ningún concepto hacerlo. - Eso está bien, no está de más a veces tener un poco de entretenimiento y diversión. Y a decir verdad eso de no poder beber alcohol y no poder mantener relaciones sexuales con quien queremos, es un verdadero coñazo. Nos imponen muchas normas e ideas estúpidas porque se supone que Dios lo dijo así. Pues yo me cago en él y en todos los que le siguen. - digo de mal humor, aunque en realidad me importaba un comino lo que dijesen y pensasen sobre mi sexualidad esas personas. Yo pensaba que eran unos chalados por seguir a un ser que no ven ni escuchan. Y luego dicen que los locos son aquellos que hablan con fantasmas.

Pensaba que después de haber contado mi historia y mi pasado, me sentiría mal pero en realidad no estaba tan mal como pensaba. En cierta parte me sentía aliviado, ya no quedaba nadie con vida que supiese mi historia y aquello es como si me hubiese quitado un poco de peso de encima. Son losas que debemos cargar con ellas de manera permanente hasta el fin de nuestros días, losas que en realidad solo nos pesan en nuestras cabezas, ya que en realidad son solo cargos de conciencia por las cosas que hemos hecho o nos han pasado. Era una mezcla rara y extraña que no llegaba a comprender, solo espero que esa situación no cambie de forma rápida y que pueda confiar en aquel chico más adelante. Estaba bien poder hablar con alguien y no solo pasarse el día solo ensayando y mirando las estrellas o a las musarañas.

Asiento con la cabeza con una leve sonrisa. - Gracias, ya nadie sabía lo que en realidad me había pasado y...supongo que a veces viene bien contar esta clase de cosas ¿No? - pregunto aunque en realidad no esperaba respuesta alguna, si no más bien era para convencerme a mi mismo. Para decirme que había sido buena idea decirlo. Y parece que me lo estaba creyendo. Un leve escalofrío recorre mi espalda y la piel de los brazos se vuelve de gallina, al sentir el tacto de su mano sobre mi cuerpo lleno de cicatrices causadas por el fuego. La verdad es que era una situación  extraña y que no pensé que volvería a vivir. No había pensado que podría haber alguien que no sintiese asco o pena al verme de aquella forma. Sus manos recorrían mis marcas de forma suave y lenta era...era...¿Agradable? Si, creo que esa es la palabra que ando buscando. - Sinceramente ahora mismo no me importaría, hace demasiado tiempo que alguien no me tocaba como lo has hecho tú. Normalmente ponen una mueca de repugnancia en sus rostros o dicen eso de "Oh pobrecito" Pero tú no eres como el resto ¿Me equivoco?

Observo a David como se aleja de donde estábamos sentados. En cierto modo me hubiese gustado que siguiese a mi lado, incluso seguir con ese juego tonto y poder llegar a algo más. No es que busque tener una relación estable o algo parecido, pero si poder tener a alguien a quien querer y con quien poder jugar un poco a escondidas, sin que nadie lo llegue a saber. Las relaciones prohibidas era lo que hacía a la vida un sitio más atractivo y divertido, te hacía vivir con más ganas, vivir al límite y...no importaba lo demás, ni las consecuencias ni nada por el estilo. Se apoya en el bidón y niego con la cabeza. - No quiero esas botas, prefiero ir descalzo y si son malas en mi número pueden salir ardiendo. - digo encogiendo mis hombros. - Van dos secretos o historias sobre mi vida, y tú solo me has contado una cosa. No me parece justo. Luego te toca a ti contar como llegaste aquí y lo que te ha pasado esta noche, porque si acabas de venir de estar con otro hombre y me tiras los tejos...no está bien. - digo negando con la cabeza en repetidas ocasiones sin dejar de sonreír. - Estuve un tiempo mendigando, yendo de un lado a otro y viviendo de lo poco que me daban los demás, bueno...después de pasar meses en el hospital sin poder moverme ni hablar...ni nada por mi solo. - suspiro. - No recuerdo muy bien donode estábamos pero el circo paró hace varios años en otra ciudad y con ellos viajaba una mujer de origen ruso. Se convirtió en mi madre o algo parecido, ella fue la que me dijo lo que tenía que hacer en el circo. Que si el fuego no me había matado ese día era porque tenía corriendo por mis venas la sangre de un terrorífico dragón, Fafnir ¿Una locura no? Te toca. - digo apoyando mi espalda contra la caravana y mirando a David, colocando los brazos detrás de mi nunca, esperando la respuesta de David.
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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por David Beatty el Dom Ago 23 2015, 01:39

OFF:

Prometí esperar, lo sé, pero lo tenía en word desde esta tarde y sé que me olvidaría si no posteaba xD Así que ya me harás esperar tú si es preciso ^^

Nos leemos

PD: Perdón por la versió extendida de la Biblia ahora con comentarios de los escritores... ^^U (es decir, por las dos páginas de word XD) Es que me inspiras  Embarassed

Pueees… Si lo que buscas es a alguien que en vez de sentir pena por ti quiera acariciar unos brazos fuertes y atrayentes… Soy tu hombre. – Añadí ampliando mi sonrisa y abriendo los brazos, como dando una perfecta resolución a un caso que sin mis palabras habría resultado complicado y largo. Bromeaba, por supuesto. Pero me había hecho gracia que aquel hombre hubiera encontrado diferente mis actos e incluso me hubiera acusado de no ser como los demás. Para mí había sido una reacción normal, pero al escuchar sus palabras fui consciente de lo que habría sufrido aquel hombre debido a estar marcado por el fuego. Debía considerarme afortunado, entonces.

Me alejé un poco y seguí preguntándole, aprovechándome de su buen humor para saber más cosas sobre él que quizá en otro momento no me hubiera contado. En esta ocasión pregunté cómo había llegado al circo después de lo que me había contado y me sorprendí de que pareciera tener reticencias en un buen inicio. Alegó que tenía que contarle más sobre mí mismo y… sobre el hombre con el que en una situación hipotética habría pasado toda la noche. Dibujé primero una sonrisa y en cuanto añadió que estaba tirándole los tejos no tardé ni dos segundos en estallar en una sonora carcajada, llevándome una mano a los labios para intentar salvaguardar el poco orgullo que me quedaba tras estar perdiendo los papeles de aquella manera. Me agaché y me dejé caer al suelo, sentándome delante de él en esta ocasión, y apoyé la espalda en el tonel antes de regalarle al hombre una sonrisa juguetona.

Oh, vamos, no te estaba tirando los tejos. – me incorporé un poco para acercar mi rostro al suyo y observé sus labios con gula, dirigiendo mis ojos llenos de lujuria a los suyos después. – Cuando realmente te tire los tejos, lo sabrás. Y no creo que falte mucho para ello. – Añadí, guiñándole un ojo y echándome hacia atrás para apoyarme de nuevo en el tonel y escuchar lo que tuviera que decirme. Mientras hablaba, mi mirada se desviaba inconscientemente a sus brazos pues había sido agradable acariciarlos. Me arrepentía ligeramente de haberme movido, pero considerando lo extraño que podría llegar a ser saltar sobre él en ese momento para hacerlo de nuevo, retuve mis ganas y abrí mis oídos.

Una mujer rusa le había desvelado al parecer que si había sobrevivido habría sido porque la sangre del dragón recorría sus venas. Si no me hubiera criado en un circo, habría pensado que aquello sería una tontería sin sentido, cuentos de viejas que nadie más que los niños adormilados deben escuchar. Pero por suerte había conocido todo tipo de personas en el circo en el que me había criado y entre ellos destacaban personas con dones a los que no podías atribuirles otro nombre más que magos o poderes sobrenaturales. Por lo que la opción de que realmente hubiera algo especial recorriendo la sangre del hombre que se encontraba ante mí resultaba hasta plausible.

Yo me lo creo. – reconocí, encogiéndome de hombros y observándole seriamente, sin ninguna sonrisa. – Lo de la sangre de dragón recorriendo tu cuerpo, quiero decir. He visto cosas muy extrañas, tú no eres la primera. – alegué, picándole brevemente y moviendo mi pie un poco para golpear el suyo de manera juguetona. Reí ante aquello y me llevé una mano al cabello, despeinándome más todavía. – Sobre mí… me gusta más hablar que escuchar, pero no me gusta hablar de ciertos temas. Supongo que en ese sentido sí soy como todos. – añadí, observándole de manera especial al recordar sus palabras sobre que yo no era como los demás. – Imagínate a un niño que… nace en un circo rodeado de gente extraña y aterradora. Pero se acostumbra a ellos. Era ayudante del domador de tigres… aunque en realidad hacía un poco de todo. – proseguí, hablando ahora en primera persona. – El domador era un loco borracho que ni siquiera sabía dónde dejaba sus cosas… – sonreí con lástima y continué hablando con una mueca de lástima en el rostro.

»Se produjeron una serie de asesinatos en la ciudad. La gente empezó a decir que habían sido dos engendros que se habían unido hacía poco a nuestro circo y… bueno, supongo que el fuego es el truco más barato que encuentran los idiotas contra nosotros, ¿verdad? – pregunté retóricamente, observando sus cicatrices para que comprendiera que nos había sucedido algo parecido. Por suerte para mí, había podido huir de allí ileso en lo que a la parte física se trataba. De la psicológica no estaba tan seguro. Yo tenía quince años por aquel entonces y lo recordaba todo con bastante claridad; el olor a cuerpos quemados, el humo saliendo de la carpa, la luminosidad del fuego devorándolo todo… Los gritos de los miembros del circo, huyendo o ayudando a los heridos. Y también recuerdo algunas risas. Risas de los que provocaron aquello. Estaba solo en mitad del terreno, corriendo y alejándome de las llamas y girándome en ocasiones hacia atrás para observar lo que sucedía. Tropezándome en aquellas situaciones. Quedándome tendido en el suelo, escuchando a quiénes lo provocaron acercarse a un chico de quince años como era yo mismo y… – No es algo agradable. – Añadí, sintiendo un nudo en el estómago y despertando de pronto de aquel torrente de pensamientos que me habían invadido. – Empecé a trabajar para ganarme la vida, viajando de circo en circo y ayudando como podía. Finalmente vinisteis a Atlanta y… Dios, creo que sois el mejor circo que he conocido jamás. – Reconocí. – Por eso decidí quedarme.

Me llevé la mano a la nuca para hacer algunos estiramientos y desencajar mi cuerpo e intenté pensar en otra cosa. Su pregunta sobre el hombre con el que habría estado y la gracia que me había causado aquello volvió rápidamente a mí y recuperé la sonrisa. Volví a tomar una posición cómoda y alcé la mano para señalarle con el índice.

Cierto, querías también que te explicara por qué parece que me haya atropellado un carro. – alegué con una sonrisa ladina. – No me ha atropellado un carro… – puedes estar tranquilo, las patas de aquellos pobres animales de cuatro patas se encuentran a salvo – pero sí que estaba con alguien. De hecho, me iba a descansar a mi caravana cuando nos hemos encontrado; ha sido una noche auténticamente larga. Es una bestia en todos los sentidos, puedes creerme. – Dije, asintiendo con la cabeza. – En un principio había ido a su carpa con la intención de pasarme allí… ¿qué sé yo? …unas cuantas horas. Pero el animal no me ha dejado marcharme. Maldito bicho… ¿ves esto? – me arremangué ligeramente la ropa y le  enseñé unas líneas rojas que me surcaban la piel; arañazos recientes que había recibido por parte del tigre. No era nada preocupante, Nero tenía las uñas cuidadas y tratadas y sabía controlarse, pero se le había ido la mano. O quizá había sido yo el que no se había apartado a tiempo. – Había ido únicamente con intenciones de hablar pacíficamente con él, pero ha hecho conmigo lo que ha querido. – Volví a colocarme bien la manga y me eché hacia atrás, observándole desde la distancia. Quizá ya habría jugado demasiado con él, ¿no? – Puedo presentárselo si quieres. Quizá podéis pasar un buen rato. Por cierto, su nombre es Nero. Y es un tigre. – Añadí, estallando en carcajadas.


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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por Invitado el Lun Sep 07 2015, 16:31

Parecía que este día no iba a ser como el resto en aquel circo, había conseguido a alguien con quién poder pasar el rato y divertirme, sin importarme nada de lo que pudiese pasar alrededor. Podía hablar con él de lo que quisiese, porque eso me lo había dejado claro con sus frases de ligoteo y coqueteo. Parece que a él le importa un comino o menos aún, lo que piensen los demás de su condición sexual o de las cosas que piense. Sonrío negando con la cabeza, y dando un leve golpecillo en su hombro. Aunque no estaba convencido de que aquello lo diría en serio o solo era por tocarme las narices un poco. Pero espero poder descubrirlo pronto y...poder conocer más a fondo a esa persona que tengo a mi lado. Poco a poco el chico vuelve a sentarse a mi lado, y seguimos con aquel juego. Era un juego que podía acarrear consecuencias, y luego no podía volver atrás después de hacer esa clase de cosas. Quién juega con fuego se quema, y si aquel chico sigue jugando conmigo al final se quemará. Puede que no de la misma forma que me he quemado yo, ni le van a dejar huellas en su piel. O tal vez si, cuando estoy en esos momentos cerca de un chico guapo...sale bestia de mi interior y los arañazos y los leves mordiscos quedan marcados en el cuerpo de la otra persona.

Alzo una ceja sin llegar a comprender sus palabras y mordiendo mi labio inferior, sin dejar de mirar de un lado a otro, para observar si había alguien por allí mirándonos. Pero por suerte estábamos solos, así que...siguiendo su juego y demostrando que yo también sabía jugar...me lancé a sus labios y le di un leve beso, mordiendo su labio inferior de forma leve. - Oh entonces...lo siento ¿Me he precipitado? - digo haciendo una mueca de fastidio. - Espero que me perdones entonces y...no te haya asustad, al menos no más de la cuenta.

Pero entonces es cuando tengo que contar la historia sobre mi pasado, sobre todo lo que pasó y en lo que me llegué a convertir. No se como se tomaría todo aquello, aunque en realidad tampoco tenía que sentirme mal con lo que estaba contando. No había hecho nada malo hasta llegar aquí, no debería sentir vergüenza por ese pasado. Son los demás, los que hicieron aquello sobre mi cuerpo y mi vida, los que debería sentirse avergonzados. Aunque lo que tal vez debería de haberme callado es eso que me dijo aquella mujer que se convirtió en mi madre hasta que falleció. Seguro que llega a creer que estoy loco por pensar que tengo la sangre de dragón corriendo por mis venas. Pero parece que hasta en ese me iba a equivocar hoy. David no era como nadie de los demás.

- ¿En serio crees que tengo algo de dragón en mi interior? ¿No piensas que estoy loco? - pregunto mirando al frente, sin atreverme a mirar al chico que tengo a mi lado, para intentar evadirme un poco y saber si en el fondo tenía razón. - Aunque me hubiese gustado ser más especial, ya te has cargado el momento. - añado sonriente, mientras me acomodo. Coloco mis brazos sobre mi nuca y espero que comience a hablar para saber más sobre su historia y su pasado. Solo quería poder conocer más sobre él y...poder estar a la misma altura. Y cuando empieza a hablar la carne se me pone de gallina, al parecer teníamos demasiadas cosas en común y estoy convencido de que si seguimos hablando durante más tiempo conseguiremos sacar más puntos en común. Pero casi que hubiese preferido que el fuego y la desgracia no hubiesen llegado a su vida. Pero supongo que en el fondo es lo normal, todos los que estamos en el circo hemos tenido una historia parecida. A todos nos han odiado y la ira ha caído sobre nuestros hombros sin que nos demos cuenta siquiera. - Lo siento, supongo que todos tenemos una historia parecida aquí dentro y quién más o quien menos ha tenido algún incidente con los pueblerinos. Pero...mira el lado positivo, seguramente si no hubiese pasado eso...no nos habríamos conocido. Y la verdad es que me alegro de haberte conocido la verdad, no creo que le hubiese contado esta clase de cosas a otra persona. - digo encogiendo los hombros.

Pero por suerte el momento de pena y tristeza se acaba rápido, cuando comienza a hablar sobre lo que le ha pasado esta noche para acabar de esta forma. Poco a poco mi cara va cambiando, al escuchar sus palabras. ¿En serio? ¿De verdad había estado con otro hombre y había acabado así? Y lo que no llegaba a comprender es que si tenía...pareja o amigo o lo que sea...¿Por qué venía a coquetear conmigo? Iba a reprochar y a decir algo coherente hasta que llega el momento de descubrir quién era ese misterioso personaje. - ¿un puto tigre? ¿En serio? - digo soltando una leve carcajada. - Me habías empezado a asustar la verdad, y yo que pensaba que tenía que empezar a competir con otra persona y...estaba empezando a afilar mis uñas. Aunque en eso también me gana. - digo sonriendo, y dando un leve suspiro. - ¿Te cuesta mucho domar a ese animal? A Nero quiero decir. Yo no sería capaz de domar a un animal, creo que no tengo la paciencia suficiente. Y acabaría tirando la toalla ¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Podría ir algún día a ver a Nero contigo?
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Re: ¿y tú que miras? [Beatty]

Mensaje por David Beatty el Dom Sep 13 2015, 15:15

Sí, siento decirte que Nero te gana en muchos aspectos… Pero por suerte él no tiene unos labios tan seductores como los tuyos. – Alegué, observándole directamente a los ojos y mordiéndome el labio inferior al recordar el contacto sorpresivo que habíamos tenido hacía unos momentos, antes de que nos contáramos nuestras propias historias. Iba a preguntarle si yo tendría competencia, pero me fue imposible cuando empezó a hablar sobre el tigre. Aquello había sido un golpe de suerte pues seguramente preguntarle cuando estábamos manteniendo aquella intensa conversación habría sido una tontería y me habría dejado a mí como un estúpido también. Me relajé con aquel pensamiento en la mente y me acerqué más a su posición, para sentarme a su lado. Sentía el roce de la piel de su brazo contra la mía y su cuerpo emanaba un calor agradable que me provocaba ganas de permanecer a su lado… haciendo algo que no sería recomendable hacer en un lugar público como era aquel. – La verdad es que es el animal que más me está costando domar. – Confesé, respondiendo a su pregunta. – Puede que tenga buen material; es un tigre fuerte, grande y atractivo que podría asustar bien en futuros espectáculos, pero precisamente por ser fuerte sigue creyendo que en algún momento me rendiré y le dejaré en paz.

Hablaba de los tigres como si pensaran y supieran lo que sucedía porque así lo creía. En muchas ocasione me había encontrado con domadores que trataban a sus animales como míseros objetos a los que había que enseñarles a no tener voluntad, pero por suerte, yo no seguía aquella filosofía de vida. El tigre razonaba y teníamos que encontrar los dos algún punto de conexión entre nosotros para hacer el espectáculo posible. Con Hop-Frog y con Tripetta lo tenía más sencillo porque habían sido entrenados por alguien más terrible y ambicioso y me veían como a alguien que les ayudaba a que su estancia allí fuera mejor y que no les exigía tanto a cambio. Pero Nero pensaba que él era el mejor y eso no cambiaría con facilidad.

No es tan difícil, no tengo tanto mérito como alguien que escupe fuego por la boca. – Añadí con una sonrisa, golpeándole amigablemente el hombro y dejando mi mano sobre su piel un poco más de lo debido. – Simplemente tienes que encontrar una conexión con el animal que solo se consigue cuando os entendéis el uno al otro. Supongo que es como cuando tienes pareja… poco a poco te vas adaptando a sus gustos y al final sabes lo que quiere con solo mirarle a los ojos. – Anuncié para que me entendiera. Nosotros no habíamos tenido demasiadas oportunidades de conseguir aquello sino era de manera cautiva y escondiéndonos de los demás. Pero estaba seguro de que Edward me entendería pues también habría visto a lo que me refería en los ojos de algunas de las parejas que venían a ver el espectáculo. Preguntó entonces si algún día le llevaría a ver al tigre y su ilusión infantil se me hizo demasiado tierna como para intentar ocultar la sonrisa naciente en mi rostro. – Por supuesto. Cuando quieras y las veces que quieras… Te diría de llevarte ahora mismo, pero no he dormido en toda la noche y dudo que pueda levantarme de aquí sin ayuda. Menos soportar una nueva sesión de “Nero” por la mañana. – Le expliqué, gimiendo de dolor al final para que entendiera que realmente no era lo que más me apetecía en el mundo. – Si consigo dormir ahora, por la tarde cuando despierte te acompaño para que le pidas mi mano. – Añadí con una sonrisa socarrona que demostraba que a pesar de mi cansancio, seguía teniendo ganas de jugar verbalmente con mi acompañante matinal.

Hice los gestos para levantarme y esperé a que Edward bajara la guardia para acercarme a sus labios y besarle lentamente, degustando sus labios y aprovechando para morderle ligeramente el labio inferior antes de separarme. Antes de poder añadir nada más me levanté y le observé desde arriba, pensando en la suerte que había tenido de encontrarle aquella mañana. Y en la suerte que tenía él de que estuviera a punto de quedarme dormido en ese lugar, porque de ser de otra manera habría un entrenamiento matinal al que Edward no podría acudir. – Ahora sí que me marcho a descansar. ¿Qué te parece si nos vemos por la tarde para lo del tigre? Y sí, es una cita. Y no, no quiero escuchar un “no” por respuesta. – Añadí, con una sonrisa triunfal.


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