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Fields of innocence. - Priv. Stella.

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Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Vie Sep 04 2015, 09:01

Sábado en la noche.

No tenía ganas de ir a aquella fiesta, de hecho se había rehusado ir en la mañana porque, aunque no se lo había dicho a nadie, le había parecido mucho más importante quedarse dando vueltas en la cama. No era que estuviera en contra de la guerra. Al contrario: sabía de los beneficios que traería tanto como los demás; comprendía las razones de la celebración e incluso él también estaba contento porque desde el principio había sido partidario de la pérdida de la neutralidad de los Estados Unidos; lo que buscaba evitar a toda costa era estar cerca de la tipa que, ahora que estaba cerca de los treinta años, le habían elegido los padres de ambos para tomarla en matrimonio. Una mujer fea, tonta e insoportable, entrada en años incluso —veintiséis, vamos—, quizá el desperdicio de cuántos otros hombres que no la habían querido, si seguía soltera a esa edad...

A su hermano, en cambio... A su hermano le habían ofrecido a la hija del anfitrión, Stella Marie Mignola, una muchachita en la flor de la edad, con el cabello rojizo larguísimo, un porte elegante, un rostro angelical... Su hermano le había mostrado la foto que le habían dado de ella, casi como si se la presumiera. Maldita sea, estaba seguro de que lo había hecho para presumirla. Y quizá por eso, en el fondo, también era reacio a asistir a la fiesta porque era reacio a ver cómo su hermano se llevaba la mejor parte, por enésima vez en la vida.

Pero en la noche no hubo excusa que valiera. Su padre prácticamente lo secuestró para que lo acompañara, desde luego que no hubo forma de que le creyera que estaba enfermo porque no tenía ningún síntoma, y además el viejo sabía que su hijo menor no tenía interés en la señorita que le sentaron al lado en la mesa de la cena, y a la cual se suponía, cuando sonara la música, que tendría que sacar a bailar. Por eso, cuando efectivamente la música comenzó a sonar, huyó como pudo de aquella bruja que, sin perder un instante, había intentado tomarlo del brazo para salir a la pista de baile. Se mezcló entonces entre la gente, y salió hacia el patio trasero con intenciones de fumarse un cigarrillo en soledad, casi como para simplemente esperar a que la hora pasara.

De hecho, una vez hubo encendido el pitillo colocado entre sus labios, miró el reloj que llevaba en el bolsillo, dando la primera calada. Sólo entonces, cuando levantó la vista, se dio cuenta de que no estaba solo allí afuera.
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Vie Sep 04 2015, 10:21

Para Marie había sido hasta ese entonces uno de los días más extraños de su vida. Desde el incidente con el señor Lefroy hasta la reacción de su padre que en lugar de agarrarlo a fuetazos o correrlo, lo invitó a la puja por la mano de Marie, la princesa de aquel reino de terror que ahora se vestía con las mejores galas. Incluso los esclavos o sirvientes, como esa noche fueron llamados se notaban animados, gustosos pues también para ellos se había dispuesto un banquete que aunque más sencillo, no dejaba de ser algo que ni en sus más locos sueños hubiesen creído comer. Fue así que entre las risas, las flores blancas que adornaban el lugar, las luces, los perfumes exquisitos de las bellas mujeres que acompañaban a sus esposos o prometidos, padres, hermanos, madres y amigos, gozaron y festejaron aquel nefasto suceso: La guerra.

Marie no entendía de eso, ella solamente sabía que su vestido tenía un corte ya no tan infantil y que en su cuello pendía el relicario de oro puro que contenía las fotografías de su padre y del que ya se le había prometido desde hacía un tiempo aunque se había mantenido en secreto pues precisamente, desde que gozó de más libertad para salir a la cuidad, se había hecho de más admiradores... algunos valientes que pasarían por encima incluso del ojo constrictor de un Mignola que por dentro se reía al ver quién ofrecía más por la mano y los favores de la hermosa y pálida princesa.

Entrada más la tarde, Mignola junto a los grandes hombres de la fiesta bebía brandy en su despacho, hablando y negociando la participación de cada uno de ellos pues, además de ser el que más cargada tenía la cartera y la cuenta bancaria, también era el más inteligente. Una tenacidad atroz para los negocios y los placeres más oscuros que precisamente en ese salón se estaban llevando a cabo. Una negrita, de no más de trece años servía las copas y además tenía la obligación de quedarse callada si alguno de esos hombres prescindía de algo más... para ella esa fiesta, sería el peor día de su vida. Todo lo contrario para Marie quién sin Cordelia entre los brazos, andaba por los pasillos de su Finca dejando el rastro de sus rosas recién nacidas que perfumaron el agua de su bañera. Su vestido dejaba entrever la delicadeza de su cintura y su incipiente busto que denotaba ya la mujer preciosa que sería. El cabello se lo habían dejado suelto y ondulaba por debajo de sus rodillas, meciéndose como suave cortina de terciopelo rojo o tal vez llamas.

Estaba contenta, porque se le había permitido quedarse hasta el baile que era bastante entrada la noche y además a la cena en la que conviviría con aquel hombre desconocido que llevaba colgado en el pecho. No tardaría sin embargo, en perder el relicario convirtiéndolo en el objeto más buscado de la tarde. A su prometido se lo cruzó un par de veces por la finca, pero lo ignoro al no reconocerlo en persona, él por su parte había quedado más que complacido.

Las damas casadas cotilleaban acerca de los vestidos usados, de los viajes a una París tensa, del entusiasmo o pesimismo en sus alcobas, de absolutamente nada que le interesara a la chiquilla. Por eso no estaba ahí, formando parte de ellas. Había una en particular que estaba bastante emocionada, la señorita Candice Lobdrok, una mujer muy entrada en años que seguía soltera -y probablemente vírgen- pues no era muy agraciada físicamente. Ella sería algo así como su hermana ante la ley y eran completamente opuestas. Claro, una mujer de casi treinta años no tendría nada que ver con una niñita de apenas catorce. De nuevo, nada que le importara a la pelirroja.

La hora de la cena fue tranquila a pesar de que el corazón se le quería salir y apenas podía respirar. Estaba entre los adultos que conversaban de cosas que no entendía pero entre ellos al final. Su padre, vigilante todo el tiempo estuvo complacido por su comportamiento tan desenvuelto y exquisito, con esa noche, dio por terminada cualquier habladuría sobre ser una endemoniada o una bestia con patas de cabra. Su belleza era notoria aunque apenas estuviera terminando de formarse y el que sería su esposo, estaba más que encantado, lo mismo que sus futuros suegros... ¿Y su cuñado? Con la evidente cara de los que no querían estar ahí.

Entradas ya las once de la noche, la orquesta que tocaría en vivo a petición de la misma Stella, comenzó a afinar sus instrumentos, mientras ellos cenaban felicitándose unos a otros por ser los dueños del mundo. A las doce, comenzó el baile. Stella por supuesto escapó antes; Joseph había apartado casi todo su libro de bailes pero ella no quería... Es decir, contacto físico, la sola idea la llenaba de vergüenza y de nervios. Fue hasta su patio trasero, en dónde las ponzoñozas adelfas blancas que tanto amaba perfumaban el aire que los mastines respiraban, éstos al verla revolotearon y movieron sus pesadas colas dentro de sus jaulas, una mulata, una muy bonita estaba cerca y se atrevió a llamarla, uno de los perros saltó furioso contra la malla de la jaula y Marie entonces tuvo una bonita distracción haciendo salir al perro para atosigar a la pobre esclavita que pedía por su vida... ninguna de las dos había reparado en el hecho de que no estaban solas.

¡Cállate negra estúpida o los invitados van a venir y Padre te va a reventar a latigazos!
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Vie Sep 04 2015, 11:09


La niña Mignola. Qué placer.

Se la quedó viendo desde el primer momento en que la detectó a unos metros más adentro del patio, cuando parecía estar calmada mirando las flores y a los perros que la habían reconocido, respirando el aire fresco de aquella noche templada de primavera. Pero también la vio —observó, en realidad— cuando salió a la luz aquel ser endemoniado que las habladurías decían que era, algo que de partida ningún Dovransky había creído nunca —ellos también sabían hasta dónde podían llegar algunos chismeríos—, aunque ¿no era aquello, no obstante, una evidencia que sustentaba esa teoría, quizá el posible origen de aquel rumor?

Gratamente sorprendido por el giro que había tomado la escena, antes casi digna de una pintura, esbozó una sonrisa de medio lado, divertido mientras la negra, ahora en el suelo, torpemente intentaba cubrirse el rostro de un mastín que ladraba a pocos centímetros de ella, amenazándola con comérsela viva. Continuó fumando serenamente, contemplando cómo el animal pasaba a descuartizarle a la aterrorizada esclava las mangas del vestido con sus poderosos dientes, lo cual le añadía un placer extra a cada calada. Cuando la negra comenzó a revolcarse por el suelo tratando de quitarse de encima a la furiosa bestia, tuvo que contener la risa. Pero también sintió la necesidad de intervenir, apenas hubo un pequeño lapso en que el perro detuvo el ataque, como para darle a la pobre diabla una tregua para que recuperara el aliento antes de pasar a morderla de verdad.

Ya haz que la suelte —le sugirió a la pequeña con tono amigable, dejándole ver con una sonrisa siniestra que estaba de su lado, y unos rastros de la risa contenida todavía vigentes—. Hay mucho ruido ahí adentro para que la oigan gritar, pero si vuelve a entrar con una hemorragia importante va a llamar demasiado la atención. Y supongo que si estás aquí afuera es porque no quieres eso, ¿verdad? —Apartó el pitillo de sus labios, y miró a Marie a través del humo que poco a poco se desvaneció, y quedó entonces únicamente su mirada, clavada impiadosa en la niña—. Estoy seguro de que ella te guardará el secreto si la dejas ir ahora —añadió, en referencia a la esclava que quizá mentalmente le estuviera agradeciendo.
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Dom Sep 06 2015, 00:30

Marie estaba gozando como nunca ver como aquella bonita mulata se retorcía en el suelo queriendo quitarse de encima el hocico de la bestia de casi setenta kilos que la mordisqueaba, como saboreándola. Estaba además contenta, y tenía ganas de ver como sus demás perros acababan con la esclava sin embargo, uno de los más jóvenes, Elliot, cómo lo había llamado al nacer, se alertó y se fue encima de la persona que hablaba y que Marie reconoció al instante. Bastó un "Shht" para que el perro se detuviera en su marcha mortal y regresara con ella pero sin bajar la guardia. Tenía razón...

— Señor Dovransky, buenas noches le de Dios. — Hizo una pequeña reverencia la cual contrastó de forma absurda con la imagen de la negra llorosa y medio mascuchada que pedía piedad al hombre que la miraba con el mismo desprecio de cualquier blanco. — ¿Qué hace acá? Pensé que estaría bailando con la encantadora Candice Lodbrook... — Obviamente fue una burla. Tomó del grueso collar a la bestia que si se levantaba en las dos patas traseras la dejaba muy abajo en estatura y ésta se dejó llevar dócilmente hasta los corrales dónde la despidieron con lamidas cortitas en las manos y pies.

Se dio la vuelta y se acercó al que sería su cuñado, era muy alto y además era igual de apuesto que su hermano, su futuro esposo... Lo escudriñó con la mirada y después volvió a sonreírle de forma tan encantadora y coqueta que parecía otra persona y no la misma que estaba dispuesta a ver como devoraban viva a una negra insignificante. De forma elegante y sin ninguna otra intención, le tomó del brazo y lo encaminó hasta dónde estaban sus perros que al verlo acercarse se fueron encima de las mallas que los contenían, mostrando sus dientes afilados y toda la bestialidad de la que eran capaces. Marie sin miedo alguno, metió la mano en uno de los huecos y acarició la cabeza de uno que dobló las orejitas y emitió un sonido lastimero, como de cariño.

— Mi padre ha dicho que si tu hermano me hace daño... lo echará a los perros. —
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Dom Sep 06 2015, 03:23

No tuvo tiempo de sentir miedo o siquiera una pizca de adrenalina cuando aquel otro perro pareció tomarlo como blanco de un próximo ataque, puesto que Marie lo detuvo prácticamente en el mismo instante en que él percibió las intenciones del animal, bestia bruta e impulsiva que por lo visto no había sabido diferenciarlo de una negra de porquería. Tal vez solo por eso se mereciera una patada en el hocico, pero no fue necesaria. Por otro lado, era lógico que los canes solo confiaran en sus dueños. Con la niña Marie en particular parecían tener un vínculo especial. Lástima que lo más probable fuera que no pudiera llevarse a sus mascotitas a casa de su hermano tras el matrimonio. ¿Lo sabría ya?

¿Le importaba? Se veía demasiado tranquila, incluso de buen humor. ¿Le habría gustado su hermano? Y sin embargo...

—Bueno, tú tampoco estás bailando con Joseph —señaló, tras una leve risa sarcástica que mostró inmediatamente después de la mención de Candice; un comentario que sabía qué connotaciones tenía. Stella podía ser todavía una niña para muchos, pero no era nada inocente, más allá de lo que prefiriera ella aparentar. Era, además, bastante observadora, aunque lo cierto era que él tampoco se había esforzado demasiado en ocultar la incomodidad que le producía la cercanía con la señorita Lodbrook. Si bien no dudaba de la inteligencia de Stella, no había que ser excepcionalmente listo para reconocer su falta de interés en aquella estúpida. Y no le molestaba en absoluto que se hubiera dado cuenta. Sólo faltaba que lo aceptara la misma Candice, o por lo menos los padres de ambos, los verdaderos responsables de esa maravillosa idea de unir a las familias, que no parecían dispuestos a desechar a pesar de todo.

Tal vez por eso cuando, guiado por Marie, estuvo de nuevo cara a cara con aquellos mastines furiosos, ahora enjaulados, quiso que ella se los echara, primero, a su prometida. Así, podría de una vez cerrar ese asunto. La idea de Mignola, no obstante, no le parecía mala en absoluto. Quizá a su hermano también le hacían falta algunas mordidas. Volvió a reír, de nueva cuenta con un deje de sarcasmo.

—No me extraña, es tu padre —respondió finalmente, con naturalidad a pesar de todo—. Claro que va a protegerte. —"Aunque ahora te esté haciendo casar con un idiota", pensó mientras daba una de las últimas caladas a un pitillo que se consumía demasiado rápido para su gusto.
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Miér Sep 16 2015, 08:02

— No tanto por ser mi padre, sino porque tal vez en el fondo sabe que su hermano es un imbécil. —

Soltó con toda la candidez de sus catorce años lejanos a terminar. Apretó los dedos finos y delicados contra el brazo de su cuñado mientras volteaba a verle desde su baja estatura, los ojos ambarinos destellaron con cierta timidez, ¿fingida? Difícilmente, Marie a pesar de su mala sangre y hábitos poco humanos, no dejaba de ser una niñita caprichosa y algo inocente en ocasiones; el problema radicaba en su inteligencia, muy superior a la de muchos grandes caballeros y bien oculta tras los encajes, las sedas y los linos pálidos de sus vestidos y sombreritos de princesita.

Lo soltó después de darse la vuelta en un gesto de exquisita feminidad, dejando que la cercanía dejara algunas hebras larguísimas de su cabello acariciar el saco de su futuro cuñado, impregnando así, el aroma de sus rosas en él. Caminó hasta la negra propinándole un varazo en el rostro, ésta, lastimera y hecha un manojo de temblores y sangre, salió corriendo o al menos intentándolo hasta las barracas de los esclavos, estaba viva, tenía suerte... por ahora. Marie se arregló el vestido y dio los primeros pasos hacia los escalones que conducían a la casa grande, en dónde unos violines, risas y voces sobresalían, la fiesta estaba en pico.

— No quiero bailar. — Murmuró tímida mientras en sus pensamientos cambiaba la última palabra por una más definitiva y triste: "Casar". Se le hizo un nudo en la barriga de tan solo imaginarse haciendo esas cosas que los esclavos a veces hacían a plena luz del día, con ese hombre que le sacaba tanto de estatura y que además la miraba de una forma tan... horrible. Apretó los puños y tragando grueso, volteó de nuevo en dirección al señor Dovransky dando saltitos para bajar el par de escalones ya subidos, él se había acercado o parecía ser, pudo verlo mejor... tenía cara de villano, Mignola a veces hablaba de su familia mientras ella jugaba al té en su despacho con Cordelia, muy ricos, extranjeros... al hermano lo tenían en mejor estima que a él, por eso se la ofrecían. Para él parecía bastar la pobre Lodbrook que además de fea, estaba seca, su madre según decían las damas que a veces cotilleaban en su casa al acompañar a sus maridos, había tenido que recurrir a métodos extraños para concebirla y en pago, la suerte de la pobre criatura fue condenada.

Supercherías ignorantes, Marie solía escucharlas y reírse internamente para no ofenderles. Y por eso, seguramente ese hombre que tenía enfrente no tendría hijos y parece ser que agradecían eso en su familia y en la sociedad... La pelirroja le tendió la mano entonces para que la escoltara dentro de la casa, tenía ganas de probar algo... vería la humanidad en su máximo esplendor.
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Miér Sep 16 2015, 09:51

Rió una vez más, a sabiendas de que no tenía que hacerlo. La niña había insultado directamente a un miembro de la familia Dovransky, lo más lógico hubiera sido que la detuviera, pero tal vez porque se trataba precisamente de Joseph, no salió a defenderlo. Todo lo contrario:

Vaya, creí que se le notaba menos —replicó con el sabor de la transgresión y de lo incorrecto en la boca, entremezclándose con el tabaco, y amplió una sonrisa que en realidad en ningún momento se le había borrado del todo: la niña Marie producía ese efecto en él, más aun ahora que parecía que a ambos les caía mal la misma persona, un dato no menor a la hora de trabar amistad o simple afinidad con alguien. No sabía bien qué quería de ella, pero allí estaba, escuchándola llamar "imbécil" a su hermano sin hacer nada al respecto más que alentándola, viéndola vejar a la esclava aun sin motivos, siguiéndole la corriente en general.

No dudó en tomarla de la mano, aunque no sabía bien qué pretendía. Volver adentro de la casa, como volviendo a formar parte de aquella fiesta si no quería bailar, no era buena idea. Tal vez incluso ya la estarían buscando para que danzara con su futuro esposo, y en cuanto la vieran probablemente la empezarían a acosar —el señor Mignola o tal vez el mismo Joseph— para que lo hiciera, así como también lo incitarían a él a retornar con la insufrible señorita Lodbrook. Ninguno de los dos salía ganando de ello, pero de momento se dejó llevar, depositando la colilla del pitillo casi completamente consumido en el primer cenicero que se le cruzó una vez dentro de la casa.

¿Y qué quieres hacer, entonces? —preguntó, con un aire travieso, casi aventurero, dispuesto a escuchar cualquier propuesta, aunque la sola idea de pasearse por allí con la prometida de su hermano le subía de antemano la adrenalina de una forma placentera.
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Miér Sep 16 2015, 10:15

Frederick Mignola, John y Joseph Dovransky, la Nana Adviento, la mulata, los esclavos... todos buscaban a la amita, a la niña Mignola, a la princesa... a Marie. Si bien el compromiso aún no estaba sellado, era un hecho de que sería la mujer de Joseph y éste la buscaba más que nada por una razón: restregársela en la cara a Adam, el cínico Adam... Los invitados, a la expectativa por supuesto, buscaban entre los muchos ojos y atuendos a la señorita de cabellos rojos que hizo su entrada triunfal minutos después de la mano del indeseable Dovransky.

La música amenazó con callarse, los cotilleos de las mujeres pararon de golpe y todos los presentes contuvieron el aliento al verla entrar; si, era un demonio, tenía mala fama, era una hija del mismísimo Lucifer... pero era hermosa y exquisita, delicada, pequeña, un manjar para cualquier hombre y el centro de la envidia de cualquier mujer, podría decirse que una contradicción a la señorita Lodbrook que miraba a los recién llegados con una lastimera envidia y rabia. Mignola sonrió con una malicia poco sana, la conocía bien como saber que algo se traía entre manos. Bien la hubiese dejado ser perfectamente de no ser porque medio Baltimore, el que valía la pena por lo menos estaba viéndolos y seguro hablarían de eso por meses, quizás años, quizás toda la vida.

Joseph estaba casi amoratado de la rabia. Apretaba las quijadas tan fuertes que por un momento su padre pensó que se le reventarían dentro de la boca, los puños casi blancos de la presión se abrieron para limpiar el sudor de las palmas contra los pantalones. La gente aunque vuelta a sus cosas, seguían con los ojos puestos en las personas principales. El prometido se acercó a pasos seguros haciendo resonar las suelas de sus costosos zapatos hasta llegar a una Marie sonriente, lozana pero su mirada estaba fija en su hermano, en ese maldito hombre que aunque compartía su sangre, siempre había sido un lastre que la familia cargaba aunque en el fondo, el mayor supiera que de los dos, él era y con creces el más inteligente.

— Mi dulce Marie... — Dijo, entonando más que nada el "Mi" antes de tomarle la mano tan pequeña entre las suyas y besar el dorso, cautivado en realidad por el aroma de su piel y lo cálida que era. No llevaba guantes, cosa extraña y poco conveniente, pero no la reprendería, aún no... — Mi nombre debe figurar en tu libro de bailes, ven conmigo...—

Marie alzó una ceja, soberbia como diosa de piedra antes de retirar la mano con cierta repulsión para después voltear a ver a su acompañante y ensanchar la sonrisa. — Lo lamento señor Dovransky, me temo que su hermano acá presente ha escondido mi librito y me ha dicho que todas las piezas serán para él. Así que si nos disculpa, mi pieza favorita está comenzando... ¿Vamos? — Le dijo contenta al menor de los hermanos antes de empujarle levemente del brazo para que la condujera entre los que bailaban. Mignola se equivocaba en algo, no se hablaría de eso durante meses o años... sería tal vez durante toda su vida y la de sus hijos... y los hijos de sus hijos.
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Miér Sep 16 2015, 10:53

Creyó que tendría un problema cuando vio que su hermano se acercaba, pero finalmente fueron las palabras de Marie las que terminaron de confirmarle que, de hecho, tendría un problema, sólo que probablemente no de inmediato, ya que conocía a Joseph lo suficiente como para intuir que no haría un escándalo allí mismo, pero diablos... Marie lo había hecho sonar como un verdadero robanovias y eso, si bien no estaba nada bien, le traía sentimientos encontrados porque, por otro lado, había disfrutado de la expresión que pudo detectar en la cara de su hermano antes de que, efectivamente, Marie lo arrastrara hacia la zona de baile. No sólo le estaba llevando la delantera en algo como pocas veces en la vida se le había reconocido, sino en lo más importante para Joseph en este momento. Alcanzó a mirarlo con una mueca de falsa inocencia y un leve encogimiento de hombros como si él no tuviera nada que ver con eso. En realidad, no lo tenía en el sentido de que no lo había planificado, todo había salido de Marie, pero ya que estaba en el baile... iba a bailar, así que llevó a la muchacha a la pista.

Eso fue muy cruel, Marie —le comentó con evidente cinismo y una sonrisa pícara, no quería que pensara que realmente la estaba reprendiendo por haberle dado aquel placer, a pesar de que no era muy cómoda la idea de que lo había hecho sin consultarle, y por lo tanto lo había envuelto en esa situación, anulándole toda escapatoria. Y de hecho, sabía que no sería Joseph el único disgustado con ello. Mientras se movía a la par de la niña, siguiéndole los pasos, miraba disimuladamente sus alrededores, escaneando los rostros de cada uno de los invitados de la fiesta (muchos de los cuales aún volteaban a verlos), buscando principalmente a Candice.

Su reacción no pintaba muy buena y por obvias razones. Quizá, para Candice, esa fuera la última oportunidad de contraer matrimonio y, sin embargo, allí estaba su prometido, bailando con una niña antes que con ella. Percibía su enfado desde los lejos, podía verla discutir con el señor Lodbrook y si bien, por supuesto, no oía nada de lo que estaban diciendo, creía entender la situación. Candice parecía querer hacer algo, quizá acusar a la niña con Mignola o a la niña misma, era una mujer escandalosa y no le extrañaría que montara un show delante de todos, pero por fortuna allí estaba Lodbrook para contenerla. Apartó la mirada antes de que pudieran advertir que los estaba viendo, y esbozó una leve sonrisa divertida que sabía que, tarde o temprano, le borrarían los mayores.
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Miér Sep 16 2015, 11:29

Marie guardó silencio mientras ahora era guiada hacia el gentío que bailaba, una de sus piezas predilectas resonaba de forma tan perfecta que sentía un extraño cosquilleo en la barriga. Los enormes ojos se clavaron en Adam quién quedo frente a ella, no era la emoción de bailar con el hermano de su prometido, ni la de la travesura que estaba haciendo, era la de bailar... desaparecer entre sonidos y silencios pausados, sus labios ligeramente entreabiertos se apretaron en cada vuelta y cada roce de las manos del otro sobre su cintura o sus manos, se dejaba guiar con la gracia de una bailarina nata o tal vez solo era la juventud. A su vista no escapó el berrinche de la horrible Candice y eso la alegró aún más.

— No, no es crueldad querido hermano... — Le espetó eso último, para que no olvidara que después de todo, lo serían bajo la ley. — Es solamente confirmar algo... Otro me hubiese reprendido por el mote con el que me referí a su hermano; otro me habría soltado y ofrecido mi mano para regresarme a quién pertenezco, pero tu eres igual de ruin que yo... y verás que lo dirán mucho. —

La lucidez de la pequeña al hablar imitaba muy bien a la de su padre quién los veía desde su lugar con un vaso de coñac en la mano, Candice al parecer estaba dispuesta a hacer un escándalo y eso se confirmó al verla caminar con torpeza entre la gente en dirección de Mignola quién se levantó para ofrecer su asiento a la señora Lodbrook que venía detrás de la horrible hija, ¿cómo se atrevía a siquiera enojarse? pensó Mignola antes de aclararle al señor Lodbrook con un solo gesto que si no controlaba al monstruo que tenía por hija, iba a pasarla realmente mal después toda la familia. Sin embargo, el ofendido ahí era Joseph quién apretaba de nueva cuenta los puños y las quijadas mirando a su hermano con los deseos naturales de atravesarle el corazón con lo que fuese en esos precisos momentos. Pero fue Marie la que, en la segunda vuelta y quebrando la breve cintura, dio por terminada la pieza para ofrecer una leve reverencia al más joven de los Dovransky y despedirse.

— Un placer, señor Dovransky. Su prometida estará feliz de verlo en la pista listo para recibirla. —

Candice apareció como el genio de una lámpara, con su sonrisa boba y su mal aliento. Marie con un gesto de inocencia tan creíble como el que más, se acercó a su prometido y le tendió ambas manos desnudas para recibir dos besos, uno en cada mejilla. Del brazo de su -a punto- prometido, caminó de nueva cuenta por dónde había llegado, dejando en la jaula de los peores perros al pobre de Adam, con eso bastaría para enseñarle que nunca, jamás, debe interrumpirla mientras juega con sus perros y sus esclavos. Antes de irse por supuesto, volteó a verle por última vez antes de desaparecer con el alto Joseph Dovransky quién buscaba un lugar apartado para hacer la petición y tal vez llevarse el primer beso de aquella preciosa niña que sería suya, tarde o temprano...
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Re: Fields of innocence. - Priv. Stella.

Mensaje por Invitado el Jue Sep 17 2015, 11:29

«No perteneces a mi hermano», quiso replicar en cuanto ella esto hubo afirmado, como para recordarle que todavía no estaba casada con Joseph de la misma manera en que él tampoco estaba casado con Candice, pero a diferencia suya, Marie parecía haber aceptado su destino, más allá de que antes le hubiese hecho creer lo contrario. Aunque con esa niña nunca se sabía nada, esa era la lección que había aprendido.

La odió. La odió porque odiaba que lo dejaran con las palabras en la boca, odió que se fuera tan rápido y que, más rápido aun, Candice estuviera allí frente a él, tratando de ocupar el puesto que Stella había dejado vacante, aunque esa tipa era el menor de sus problemas por entonces. Así lo indicó una breve pero intensa mirada llena de furia que recibió de su hermano a espaldas de Marie, instantes antes de que ambos se perdieran por completo entre la multitud. Tenía que concederle razón a la niña en eso de que era ruin, pero ella tampoco había descubierto América. No era la primera ni la única que lo sabía y su hermano era otro de los enterados, eso creía entender en sus ojos enrabiados y amenazantes, y comprendió de inmediato que la cosa no acabaría allí.

Apartó a Candice, quien le cuestionaba el haber bailado con su futura cuñada en vez de con ella, su futura esposa. Tenía cara para autodenominarse así, ¿realmente creía que los Lodbrook se saldrían con la suya? Pero él casi no pensaba en eso; ni siquiera miraba a Candice pese a que le estaba hablando, sino que continuaba mirando en la dirección por la que se habían marchado Joseph y Marie, sintiendo que eso era mucho más importante que la señorita Lodbrook y su estúpido matrimonio.
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