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La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

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La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Tate el Vie Jul 31 2015, 15:37

1 de Abril de 1917, al sur de Baltimore.

La tarde empezaba a caer, haciendo que el lugar se oscureciera.
El puerto en el que se encontraban no era precisamente un lugar privilegiado, era lo suficiente espacioso pero también terriblemente lúgubre al hallarse abandonado. Almacenes con ventanales rotos, máquinas que ya no funcionan, barcos a medio hacer... Un puerto que en su día había estado lleno de actividad ahora no era más que el cobijo de unos circenses cansados.
Y ellos serían quienes le devolverían la vida al lugar, a su manera.

Daba igual cuan cansados estuvieran, acababan de llegar y eso significaba trabajo porque tenían que instalarse.
Tate estuvo prácticamente todo el día al lado de su amo para asistirle en lo que pudiera, sus piernas que no estaban acostumbradas a soportar todo el peso de su cuerpo acabaron resentidas, y a mitad de la jornada se había sentado en un rincón a mirar con pena como los más fuertes no tenían ningún problema en cargar material pesado de un lado a otro, o a encaramarse a la gigantesca carpa principal para dejar la lona en perfectas condiciones. Al final del día, él no había hecho mucho, y le apenaba.

Los ánimos y el griterío empezaron a ser menos cuando la gente terminó la jornada y empezó a retirarse a sus respectivas carretas, carpas y casas rodantes. Les esperaba una cena para recompensar el trabajo más tarde, pero aún no era la hora, y todos estaban demasiado ocupados como para prestar atención a la expresión desolada del cachorro que quería ayudar. Siempre era un poco exagerado.
Como nadie le prestaba atención y su amo estaba con demasiadas tareas pendientes, el cachorrito decidió probar suerte yendo a hacerle compañía, o mejor dicho, buscando la compañía, de una de las personas del circo que más le gustaban.
A Tate le gustaba todo el mundo, menos el antiguo dueño del circo, pero también tenía sus preferencias a la hora de elegir la compañía, y lo cierto es que Madame Sosostris siempre lo había tratado muy bien.

Esforzándose por andar en dos patas el resto del trayecto, y muy orgulloso de si mismo, llegó encorvado y cansado a la puerta de la carreta. La subida de los complicados escalones fue una tortura, pero alcanzó a llegar arriba y apoyándose en uno de los lados, para no caer dentro cuando se abriera la puerta, golpeó con sus nudillos y luego esperó. Se inclinó un poco para ver si había luz en el interior de la carreta o algún indicio de que Madame estuviera allí dentro, porque la verdad tenía ganas de estar un rato con ella.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Invitado el Vie Jul 31 2015, 17:58

El espejo le devuelve una mirada lánguida y de brillo apagado, algo bastante normal teniendo en cuenta lo largo que se ha hecho este último viaje. A su izquierda, sobre la cómoda, hay un tarro abierto con una sustancia verde. Los dedos de Madame Sosostris se hunden buscando atrapar un poco de la singular mezcla para esparcírsela por su rostro. Se echa un par de pegotes en las mejillas, uno en la frente y otro en la barbilla. A partir de ahí, los va extendiendo en movimientos circulares por el resto de la cara. Tiene la piel algo seca, pero los surcos son más evidentes y, aunque todavía no son profundos, a ella le disgusta encontrar esas inequívocas señales de su avanzada edad respecto a la media de sus compañeros. La abuela Sosostris, cuchichean algunos, tal vez sin malicia, pero sí de una forma traviesa, como si fuera un apodo la mar de ingenioso. A ellos también les alcanzará la edad, a ellos también.

Después de embadurnarse con su potingue, probablemente artesanal, se dispone a descansar un rato en la cama mientras hace efecto, pero unos golpecitos en la puerta le hacen desestimar la idea. Sabe quién es, porque nadie más da esos golpes, casi arañazos tímidos, en su puerta. No abriría a nadie en medio de su tratamiento de belleza, pero el perrito tiene carta blanca para acompañarla si así lo desea, así que le franquea el paso y le indica una alfombra en el suelo donde puede acurrucarse. Todavía no se ha puesto una peluca, sino un pañuelo con soles de color amarillo con un aire agitanado. Fue un regalo de un admirador.

-Hola, bonito-susurra al cachorro y en cuanto se acomoda, le acaricia el cabello. Ahora no tiene los anillos y puede hacerlo sin que se le enreden en el pelo del pobre muchacho. A Madame Sosostris le resulta agradable su compañía. Suele ser silencioso, a menos que tenga un día retozón, pero incluso así es un placer pasar tiempo con él. No se le ocurre una persona más pura que ese joven, aunque se debe a su condición. A menudo se pregunta si se adentró demasiado en terrenos pantanosos o si simplemente se desbordó.-Ha habido mucho ajetreo hoy, ¿verdad? Todos de aquí para allá, levantando esto, levantando lo otro... Pero es parte del encanto. Espero que no te hayas asustado mucho, ¿alguien ha sido malo contigo?-no todas las personas que participan en el circo son pacientes con Tate, a pesar de que este no es un chucho especialmente molesto. Algunos creen que fingen, otros que es un idiota y muy pocos que hay algo que todavía puede rescatarse de él.

Madame Sosostris busca un tarro en su alacena. La comida que guarda dentro de su caravana son algunas conservas, dulces secos y otros aperitivos de esa clase. Saca un par de galletas; una la deja sobre el tocador y la otra la parte para entregársela a Tate a cambio de que le dé la pata. A veces, cuando toca a las personas y está especialmente inspirada, Sosostris puede ver cosas.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Tate el Vie Jul 31 2015, 21:24

Cuando la puerta se abrió el rostro del cachorro se iluminó y mostró una sonrisa amplia, la idea de que Madame si que estuviese allí y dispuesta a recibirlo para estar un rato juntos simplemente le alegró el día. Al igual que era muy sensible también era muy fácil de contentar, pues sus simples emociones de perro se llenaban con cosas tan simples como unas palabras de afecto o una caricia, también el hecho de poder estar con sus personas predilectas tenía una gran repercusión en su estado de ánimo.

Apoyado frente a la puerta abierta del carromato a la espera de que lo dejaran pasar Tate se veía más grande de lo que él se percibía a si mismo, pues pese a que su estatura llegaba al metro ochenta y cinco con sus andares encorvados y torpes hacían que diera la sensación de ser más bajo, más niño y menos hombre. Aquel chiquillo delgaducho parecía poco más que un crío grande cuando sonreía de aquella forma dulce con los labios juntos.

Madame terminó por dejarlo pasar al interior y él se dirigió torpe a la alfombra, donde se sentó muy obediente, su único saludo había sido un gimoteo entusiasta que salió inconscientemente de su garganta, mostrando a su manera cuanto se alegraba de verla un día como aquel.
Asintió con cierta energía cuando mencionó el ajetreo, y luego movió sus manos haciendo el gesto de cargar cosas en sus brazos.
Tate intentó, pero cansado —fue lo que dijo, en tono bajito, casi como si se avergonzara. Pero instantes después, cuando sus ojos volvieron a toparse con ella, sonrió de nuevo. Era tan simple como ver a alguien y sentirse feliz—. No malos —añadió luego. La mayor parte del tiempo había estado solo, incluso había recibido algunos comentarios por parte del resto de la troupe, pero Tate que era tan inocente ni siquiera había captado el mal tono con el que lo llamaban «perro».

Siguió con la mirada a la mujer y al ver lo que estaba haciendo automáticamente su mente lo relacionó con galletas, y fue audible la forma en la que tragó una mayor cantidad de saliva por haberse puesto a salivar inconscientemente. No se movió, se quedó muy muy quieto esperando a que la mujer notara lo buen chico que estaba siendo y le diera su premio por ello.
Era graciosa la forma en la que sus ojos bien abiertos se fijaban en ella, su mandíbula en tensión, su pose tan rígida que parecía a punto de echarse a temblar, y cuando ella le hizo la señal de que le diera la patita, Tate levantó su mano y la puso sobre la de la mujer sin pensárselo, esperando luego por la galleta.
Su mirada clara oscilaba entre la comida en las manos de Madame Sosostris y los ojos de ésta.

En su interior, en la parte más encerrada y oculta, algo se removió con el tacto de la mujer, y aunque él no lo notó por lo concentrado que estaba atendiendo la galleta, su corazón dio un vuelvo.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Invitado el Vie Jul 31 2015, 22:09

Claro que Tate es un buen chico; Madame Sosostris le daría todo el tarro de galletas sin pedirle ninguna pirueta perruna a cambio, pero le interesa buscar una manera de llegar al joven más allá de la clásica interacción que este ofrece porque está convencida que debajo de esas babas, esos aullidos y esas -a menudo- rodillas sucias todavía hay una persona, hay una esencia, eso no puede haber desaparecido del todo. Siempre hay un rastro que se puede seguir. Esa analogía es muy apropiada, por cierto, para un perro como Tate.

El corazón de Madame Sosostris late con fuerza a la vez que el del hombre perro, pero no se altera ni hace ningún intento por ir más allá. Premia al cachorro con la mitad de la galleta, le revuelve el pelo, y le ofrece la otra parte.

-Tate es un buen chico-le recuerda para que lo tenga presente, pero su memoria a corto plazo lo olvidará, igual que afortunadamente olvida otras cosas. Madame Sosostris ocupa de nuevo la silla frente a su cómoda. Su piel ya ha absorbido parte de la loción casera, pero todavía quedan trazas verdes que la hacen parecer un monstruito. Se quita el pañuelo, que le da algo de calor en la cabeza y lo deja a un lado. Nunca se muestra ante sus compañeros de esa forma, tan solo hace esa concesión con Tate.

En el espejo, por el rabillo del ojo, puede percibir la forma familiar de un niño de no más de diez años, con los brazos caídos y su traje a medida y unos zapatos lustrosos que no puede manchar de ninguna manera. El niño tiene la cara larga, una terrible mueca de tristeza que poco a poco se va convirtiendo en un gesto de reproche. Madame Sosostris hace un gesto con la mano como si pretendiera apartar una mosca y esa visión desaparece. Enseguida se pasa un trapo húmedo por la cara para quitarse el potingue. La piel parece más suave al instante, más descansada. La belleza cansa, oyó decir una vez.

-Tate es un buen chico-recuerda, de repente, al ver la galleta entera que tiene en su cómoda y se gira para dársela. En esta ocasión se la lanza para ver si es capaz de atraparla al vuelo. Madame Sosostris es una mujer musculosa. Tiene una espalda ancha y unos buenos hombros de los que salen unos brazos modelados, por eso, quizá, es gracioso verla jugar con un perro, aunque sea un perro humano.

Dos golpes en la puerta indican que Timothy ha llegado de sus encargos. Sosostris pide un momento antes de darle permiso para entrar para anudarse el pañuelo a la cabeza; luego le da permiso al chiquillo, que llega con un paquete grande envuelto en papel de estraza. Son cajas de cigarros.

-Las vueltas-le dice rápido. El niño se mete la mano en su bolsillo raído y entrega unos centavos a Madame Sosostris sin dejar de mirar a Tate con curiosidad y miedo al mismo tiempo. La mujer capta los sentimientos del chico y sonríe de medio lado.-No muerde, Tate es un buen chico. ¿Quieres acariciarlo?

-¿Qué le pasa? ¿Es retrasado?-pregunta el niño con toda la ingenuidad del mundo. Ahora que tiene las manos desocupadas, se quita el gorro y lo estrangula con una pizca de nervios. Sus pantalones cortos dejan a la vista dos rodillas huesudas y unas patas finas.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Tate el Dom Ago 02 2015, 04:12

La crispación en el ambiente cuando ambos se tocaron se evidenció por unos segundos, las pupilas de Tate se contrajeron como si estuviera expuesto a una luz fuerte, pero tan pronto como aquel momento había empezado se rompió al recibir la galleta y romper el contacto directo, entonces el perro volvió a su lugar, mostrando una sonrisa enorme al haber recibido su premio por ser bueno. Su máxima felicidad y la razón de su vida se resumía a cosas como aquella.

El chico tomó la media galleta con la mano contraria que le había dado con su "truco" y luego se la llevó a la boca para comerla de buena gana, lo siguiente que hizo fue gimotear de felicidad por la caricia en su largo cabello, y después recibió la segunda mitad de la galleta cuando ya no le quedaba nada. Esta mirad se la comió más despacio, dándole mordisquitos diminutos como si pretendiera hacerla durar por siempre.
Mientras estaba sentado en la alfombra mordisqueando la galleta se dedicó a contemplar a Madame moviéndose por el carromato. Él no la juzgaba, él no pensaba nada malo de ella, de hecho no pensaba nada, se limitaba a observar lo que hacía con curiosidad innata, sin más.

Se vio terriblemente feliz cuando Madame Sosostris volvió a entonar su "buen chico", y poniendo atención muy rápido vio como le lanzaba la galleta.
Su expresión se volvió la viva imagen de la determinación, mirando fijo y con el ceño fruncido la galleta que se acercaba a él, y calculando el momento justo abrió la boca y la atrapó teniendo que levantarse un poco del suelo.
Al principio un trozo se le fue al fondo de la garganta y empezó a toser, hizo un ruido muy feo mientras trataba de desatorar la garganta y por un momento parecía que iba a ahogarse, pero la galleta salió de su garganta y regresó a su boca y entonces se le olvidó todo y empezó a masticarla siendo la viva imagen de la felicidad.

El sonido de la puerta llamó su atención y se giró a mirar, Madame Sosostris se preparó para recibir a alguien y luego lo dejó pasar. Era un chico y él no se movió de su sitio pese a que se volvió un poco tímido. Le habían nacido ganas de moverse hasta bajo la cama, pero lo único que hizo fue permanecer ahí con las mejillas sonrojadas y los labios apretados.
Ya conocía a aquel chico, solo que lo había olvidado, lo había visto cuando llegaron, antes de instalarse.
Cuando Madame le preguntó si quería acariciarlo Tate, que había estado sentado, se tumbó en el suelo boca abajo, sobre la alfombra, y usó sus manos para apoyar su mentón, teniendo los brazos flexionados a cada lado del cuerpo.

Desde donde estaba ahora, en aquella posición más baja, Tate se quedó mirando a los ojos al chico a la espera de caricias. Sus mejillas seguían rojas y mostraba una posición sumisa para conocer al otro mejor, esperando a que fuera el joven el primero en acercarse.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Invitado el Miér Ago 05 2015, 20:46

Madame Sosostris sonríe de forma ambigua ante la pregunta del niño y da gracias a que Tate no logre entenderla del todo; ya sabe que el pequeño no ha querido ser ofensivo y su sinceridad es producto de envidiable ingenuidad infantil, pero lamentaría mucho que el perro más simpático del circo se sintiera herido por una apreciación incorrecta de su situación. La mujer se levanta y sus pasos fuertes y seguros la dejan al lado de Tate, al que acaricia de inmediato en esa enmarañada mata de pelo. Después lo hace bajo la barbilla con las uñas postizas, pero sin apretar.

-Es una enfermedad-explica a Tim con paciencia, concisa porque es inútil compartir sus hipótesis con un niño tan pequeño. A pesar de su estilo de vida y de su astucia desarrollada para sobrevivir en las calles, no tiene la madurez que requiere adentrarse en los problemas de las dimensiones, en espíritus atrapados y demás misterios que solo se pueden abordar con una mente abierta.-Pero no es contagiosa, no tienes nada que temer. Debes tratarlo como a un perro-dice con toda esa dulzura que saca a relucir especialmente con Tate, como si fuera una especie de protegido suyo.-De lo contrario, lo pondrás nervioso.

-¿Y muerde cuando se pone nervioso?-pregunta Tim entre fascinado y horrorizado con la extraña enfermedad que le fríe a uno los sesos y lo hace comportarse como un cuadrúpedo baboso. De repente, se le agolpan muchas preguntas en la garganta, pero teme ofender a Madame Sosostris. James ha encontrado trabajo en el circo y él también, lo cual es fantástico, por eso tiene miedo de hacer algo mal y que lo echen a patadas.

-Puede darse tal contingencia, querido, pero Tate tiene un carácter apacible y no te hará daño mientras no le des motivos-y quizá entra en juego el factor de que Tate es demasiado tímido y retraído; a lo mejor resiste cualquier conducta desagradable con tal de que no le griten o lo regañen por ser un perro. Si Tim se aprovecha de ese temperamento sumiso, será ella misma quien le deje el culo caliente. Nadie molesta gratuitamente a Tate si Madame Sosostris puede evitarlo. Al final el niño se acerca un poco más al humano, hinca sus nudosas rodillas en el suelo y extiende la mano hacia su cabeza para tocarlo. Se siente raro porque le encantan los perros -como a cualquier chiquillo-, pero este es un caso especial. Si al menos tuviera el cuerpo cubierto de pelo parecería más auténtico.

-¿Sabe hacer algún truco?-desvía sus ojos oscuros hacia la mujer. En ese circo todo está al revés: ese perro es un chico y la Madame es un hombre, pero no se atreve a razonarlo en voz alta. Eso es parte del encanto y tiene ganas de saber qué opina su amigo James de todo eso.

-¿Sabes hacer algún truco, Tate?-Madame Sosostris le da un apretón cariñoso a Tate en el hombro y lo invita a compartir con Tim alguna acrobacia perruna.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Tate el Vie Ago 07 2015, 20:21

Las caricias de la adivina hicieron que el cachorro cerrara los ojos, complacido en ser tocado. Le gustaban ese tipo de mimos, pero no había muchos que se tomaran la molestia de hacerlo. A ellos era a quienes más se acercaba, pero siempre estaba el hecho de que era a su amo al que veneraba como a un Dios.
Abrió los ojos cuando las voces de ambos volvieron a llenar el carromato, y la mirada de Tate fue pasando de uno a otro sin interrumpir la conversación.
Sosostris dijo que él estaba enfermo, y aunque al propio Tate le resultó raro porque estaba bastante sano no replicó, sino que empezó a dudar sobre su propia salud ¿Realmente estaba enfermo? ¿Les contagiaría algo? Su cara se puso blanca del susto, pero fue cuestión de segundos que descartara eso ya que ella misma dijo que no era contagioso. Entonces sonrió como bobo, como siempre hacía.

Cuando el chiquillo se aproximó a acariciarlo pareció incluso más feliz que antes, su rostro lo reflejaba perfectamente y un profundo suspiro abandonó el pecho del rubio, quien mantuvo ahora los ojos cerrados disfrutando de ello. Si fuera un can verdadero estaría moviendo el rabo de forma frenética, lo que en su forma humana se traducía a un ligero tic nervioso que hacía que su cuerpo temblara ligeramente con la emoción de una mano nueva haciéndole caricias.
Juraría que había visto al chico desde detrás de su amo cuando llegaron a Baltimore, pero no se habían relacionado, él era demasiado tímido a esas alturas de su vida.

Cuando le pidieron un truco el ya se irguió hasta quedar sentado en la alfombra, donde desde el principio Madame Sosostris le había ofrecido quedarse, y él muy obediente así lo hacía.
Quedó en un pequeño conflicto interno porque no sabía que clase de truco esperarían de él. En el circo había un domador de perros que les ponía vestidos y los hacía saltar en una pelota, pero él no hacía nada de eso, él solo paseaba y... Bueno, paseaba.
Se le escuchó gimotear nerviosamente, a excepción de cuando le daba la pata a Madame Sosostris no hacía mucho más, y lo primero que se le ocurrió fue tirarse al suelo de espaldas y hacerse el muerto.
Se quedó muy, muy quieto, casi parecía que ni respiraba, y sus ojos muy abiertos estaban fijos en ellos dos a la espera de que le dijeran si eso estaba bien o no.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 08 2015, 01:24

Timothy observa al perro humano con el ceño marcado. Una arruga de confusión evidencia el tremendo esfuerzo que hace el muchachito por entender qué demonios está pasando en la caravana. Mira a Madame Sosostris con la esperanza de que ella pueda explicar qué es lo que hace Tate, pero de sus labios no sale ninguna palabra que le aclare el comportamiento del joven, sino una sonrisa. Esa sonrisa, precisamente, arranca una punzada de envidia a Tim. No recuerda que nadie le haya dedicado un gesto tierno antes y es patético que una criatura retrasada como Tate, que se cree ser un chucho, sí pueda tener algo así. Un brote de rabia incontrolable le hace ser cruel, como solo puede ser un niño, con el perrito muerto y le arrea una patada en una rodilla.

El arrepentimiento de Tim no es más rápido que la mano de Madame Sosostris, pues enseguida siente el característico escozor en la mejilla y, poco a poco, la silueta enrojecida de los dedos y la palma aflora en forma de relieve colorado.

-Escúchame bien, jovencito-pide en tono exigente mientras sujeta al niño por un hombro con una sola mano. Las uñas están pintadas de rojo.-Ni se te ocurra volver a hacerle algo así a Tate. Está muy feo y no es propio de un caballero. Si quieres quedarte aquí, aprender un oficio y ganar tu propio dinero tendrás que ajustarte a unas normas. La primera de ellas es no golpear o insultar a Tate. En el circo, querido, no hay segundas oportunidades.

Madame Sosostris cree que ha sido un poco dura con el chiquillo porque los ojos de este están anegados, pero no puede incentivar comportamientos que vayan en contra de la integridad de Tate y en eso tiene que ser muy clara para que no vuelva a repetirse. Manda a Timothy a que se dé una vuelta fuera de la caravana, que consiga algunas flores para adornar su casa rodante, lo que sea con tal de alejarlo un rato. Enseguida se vuelve hacia Tate y le acaricia la cabeza.

-Lo siento, precioso mío. A veces los niños no saben lo que hacen ni por qué. No ha sido nada personal. Tate es un buen chico, yo lo sé.-De nuevo, se permite la excentricidad de tocarle la mano e intentar establecer una conexión con lo que habita dentro, en el subconsciente.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Tate el Sáb Ago 08 2015, 23:09

El chillido agudo por parte de Tate no se hizo esperar al recibir la agresión. El cachorro se revolvió en su lugar muy nervioso y con expresión desolada por el golpe buscó esconderse donde fuera. El mejor lugar que encontró fue bajo la cama de la mujer, pero era él mismo era tan grande que al hacerlo logró moverla un poco de donde estaba colocada.
Desde debajo sus gimoteos se escucharon perfectamente, pensando que no había sido lo suficiente bueno y que sería castigado por no saber hacer trucos como los perros entrenados del circo, que se merecía aquel golpe, pero cuando escuchó el regaño de Madame Sosostris hacia el menor no pudo sino asomar la cabeza desde debajo de la cama, con la mirada aguada amenazante de que iba a echarse a llorar en cualquier momento.
No le había dolido tanto como él se comportaba, sino que lo que temía era las represalias que pudieran seguirle luego por no haber sido capaz de hacer un buen truco... Pero Madame Sosostris no parecía estar enojada con él, y eso era un alivio.
Tate parpadeó varias veces y dejó que las lágrimas cruzaran por sus mejillas, aunque ya no con tanta pena en su expresión como había mostrado instantes atrás.
El chico se había ido y él salió parcialmente de debajo de la cama, regresando a la alfombra donde la adivina le había permitido quedarse.

¿Tate malo? —lloriqueó un poco, haciendole pucheros a la mujer antes de recibir su acercamiento y con él sus caricias, eso provocó que el nudo en el pecho se apretara y pese a que no había tenido intenciones de llorar sollozó brevemente antes de terminar de calmarse, descargando aquel miedo de ser reñido que desapareció tan pronto como Madame Sosostris lo excusó diciéndole que era un buen chico.

Cuando notó el contacto de la mano ajena sobre la propia el corazón de Tate se encogió ligeramente y él de inmediato giró para ver esa conexión. Mantuvo la mirada por unos momentos fija en aquel punto y luego giró para mirar a Madame Sosostris, sin saber qué era lo que pretendía con aquello.
Sentía como dentro de su pecho algo se revolvía como si lo estuviera forzando a salir de allí, tirando de él con fuerza, y al sentir que los latidos de su corazón se estaban alterando de sobremanera, incluso que su respiración se había acelerado, dio un tirón para romper aquella unión y llevar ambas manos a su rostro, cubriéndose los ojos con ellas.
¡No! —chilló—. ¡No me lleves! ¡Mamá, papá! —volvieron a escucharse sus sollozos. Aquellas palabras salieron desde lo más hondo de su ser, un grito desesperado del Tate encerrado bajo aquella mente de perro, pero que fue tan breve como sus sollozos.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Invitado el Dom Ago 09 2015, 22:28

La mano de Madame Sosostris es suave como la de cualquier persona que no ha tenido que verse sometida a trabajos físicos. Solo tiene un callo en el dedo corazón de la mano derecha, donde un lápiz o una estilográfica suele apoyarse cada vez que escribe. Esa acción, tan nimia y cotidiana, supuso un auténtico infierno para el Montgomery de los años de escuela. Si lo veían agarrar el instrumento de escritura con la izquierda, enseguida lo golpeaban con una regla de madera en los huesecillos de la muñeca. Su padre también compartía el mismo método si, por ejemplo, en las comidas se equivocaba y el cubierto principal era dirigido por su mano siniestra, solo que en su caso mandaba a alguien a hacerlo porque había que desquiciarlo mucho para que fuera el propio señor Brogan-Moore el que aplicara el correctivo. Monty nunca perdió del todo la destreza con su mano izquierda, pero incluso en la actualidad es la derecha la que se adelanta a coger el paquete de cartas o enciende el cigarrillo. Sin embargo, es la izquierda la que ha usado para entablar relaciones con la existencia oculta dentro del cachorro humano; es la izquierda la que ahora palpita, la que tiene un peculiar calor justo en el centro. No ha sido como un chispazo, eso haría que la sensación durara un segundo. No. El modo que ha tenido Tate de rechazarlo ha sido algo más que puramente físico.

-Ya está, ya está, Tate buen chico. Lo siento-sin el menor atisbo de duda, rodea al joven con sus brazos y lo aprieta contra su cuerpo aplastando las prótesis de algodón que usa para dibujar la figura de sus senos en cada vestido femenino que usa. Frota su espalda en círculos mal trazados, pero llenos de cariño y disculpa por la sensación amarga que acaba de provocarle. Ha sido su curiosidad, no la de Tate, la que ha hecho que el chico se pusiera a llorar por un terrible recuerdo que no ha podido desgranar en su totalidad.-¿Tate quiere jugar a la pelota?-Por ahí hay alguna pelota de cuero mordisqueada y medio rota que lanza a Tate algunas tardes tontas para que se entretenga.-¿O prefiere un premio? ¿Una galleta tal vez?

Madame Sosostris se siente culpable, pero ahora sabe algo más. Sabe que dentro de Tate hay alguien. ¿Debería hablarlo con el patrón, explicarle la breve conexión que ha experimentado con él? ¿Y si él ya lo sabe y le gusta así? Podría ordenarle que no volviera a establecer ningún contacto con lo de dentro.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Tate el Miér Ago 12 2015, 02:21

Tate estaba en plena crisis en aquel momento, una crisis provocada por el afán de Madame de indagar en lugares prohibidos, el fondo de su mente donde aún residía la persona mucho antes de el perro.
Los recuerdos habían revivido con tanta fuerza que los sentía agitar su pecho en oleadas, causándole un nudo en la garganta que lo hacía incapaz de hacer otra cosa que no fuera llorar. Revivía aquella escena una y otra vez, aquel hombre que se lo llevó cuando apenas era un crío. En aquel momento le dio la mano convencido de que se trataba de una persona que, como le había dicho, lo llevaría a donde estaban sus padres, pero después de eso había chillado y llorado incansablemente.
«No vayas, no», se decía mentalmente, cruzando la realidad con sus recuerdos, mientras se encogía cubriéndose el rostro en pleno llanto, temblando incluso.

Los brazos de madame Sosostris rodeándolo en aquel abrazo en un principio le resultaron terroríficos, incluso chilló lleno de miedo y trató de apartarla, pero tan pronto como fue consciente de la realidad, al verla, empezó a calmarse, quedándo atrás el llanto para dejar solo su gimoteo lastimero con un par de ojos llenos de gruesas lágrimas.
Lo había pasado muy mal, pero ya mismo se le había olvidado... ¿Por qué estaba llorando? Se preguntó, y se limpió las lágrimas de un par de manotazos mientras apoyaba la cabeza en el hombre de la mujer.
Su mente, para protegerlo de terminar de quebrarse, le omitía información y bloqueaba recuerdos, pero al forzarlos a salir se había desestabilizado por unos momentos, ahora parecía estar mejor.

No... —respondió, negándose a ambas cosas mientras sorbía. Era raro en él que negara un dulce o la pelota que tanto le gustaba, pero en ese momento no se encontraba del todo bien, no estaba animado, y su mente de perro no alcanzaba a comprender por qué era, así que lo relacionó con cansancio—. Cansado —dijo, y frotó la mejilla en el hombro de la mujer antes de separarse un poco para mirarla.
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Re: La dama y el vagabundo (Madame Sosostris)

Mensaje por Invitado el Vie Ago 14 2015, 00:34

Madame Sosostris, con su pañuelo amarillo de soles todavía fuertemente anudado a la cabeza, aprieta el cuerpo del cachorrillo contra ella, aunque al principio sienta que la rechace. Sabe que eso forma parte de su recuerdo, por lo que no se siente herida ni se lo toma como una reacción personal. En cuanto nota que el Tate que ella conoce está de vuelta, entierra los dedos en su lustroso cabello y se lo acaricia siguiendo la dirección de los mechones. No lleva las uñas postizas, así que no se enreda ni puede hacerle daño... Tampoco querría hacérselo. No a él. Tate tiene una de las almas más puras que ha visto en sus cinc...cuarenta y cinco años de vida, por eso desprecia a cualquier persona que atente contra la integridad del ingenuo perro humano. Despeja su frente con movimientos maternales y deja un beso contra la suave piel que aparece tras la cortina de cabello.

-Sí... Ha sido agotador, tesoro-. No se disculpa de nuevo para no recrear la inquietud en el joven. Seguro que la miraría con sus expresivos ojos enormes buscando una explicación y se frustraría al no poder comprender lo que ha sucedido, por más que ella se esforzara en desmenuzarlo en conceptos sencillos para él. No, es mejor que Tate olvide por ahora.-¿Quieres echarte un rato en la alfombra? Ahí estarás calentito.-Le coloca un mechón dorado tras la oreja y señala la alfombra con un gesto amable de la cabeza.

Cuando Tate se acuesta, Madame Sosostris le pone un plato con agua fresca al lado, por si tiene sed y quiere beber, y deja una galleta troceada en el borde. No es un premio, pero no sabe qué otra cosa ofrecer al muchacho. Ella vuelve al tocador, donde debe continuar con su ritual de belleza para arrancar vello en zonas poco femeninas, combatir las arrugas y ayudar a su piel a recordar cómo demonios lucir tersa.

Sin embargo, el proceso se ve ensombrecido por el pensamiento recurrente de lo que acaba de suceder. Hay alguien en Tate, hay alguien atrapado. Madame Sosostris tiene tantas dudas al respecto que se siente abrumada, pero la que más le preocupa es que si ese alguien desea ser rescatado, si se da cuenta de lo que sucede a su alrededor sin poder emitir una endemoniada señal de socorro. Sosostris se gira sobre su asiento y lanza una mirada anegada de inquietud  a Tate.

¿Debería ella intervenir?
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