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Mercy, my angel of darkness|| Deimos. +18 [Baltimore]

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Mercy, my angel of darkness|| Deimos. +18 [Baltimore]

Mensaje por Jack Stracci el Mar 22 Sep - 1:15

Recuerdo del primer mensaje :

Cuando llegó no estaba tan cansado como debería por la droga que le había dado Nicola, por lo que se fue directo a trabajar y luego se llevó la sorpresa de verlo en la feria acompañado de su primo, aunque las escenas que armó el italiano lo molestaron bastante. Había sido tan intensa la noche anterior que no se imaginó que reaccionara así, aunque era normal ¿no? No debía besarlo en público.

Jack se había criado en un manicomio, sin moralidad, sin normas, sin saber de la sociedad, por lo que muchas veces actuaba de forma incorrecta. Deimos era su guía en muchos sentidos para saber como hacer algunas cosas, cosas como la etiqueta en sociedad, pero no podía contarle a él, se sentía un traidor y aunque Deimos hiciera cosas con otros, puntualmente con el dueño del circo. No significa que él se diera la libertad de engañarlo, pero el peso de su conciencia lo hizo ir hasta su carromato con la intención de confesarle todo.

No sabía si Deimos era celoso, pues nunca había estado con nadie más una vez había decidido estar con él, pues tampoco nadie le atraía más que Deimos, lo amaba profundamente, de eso estaba seguro, por lo que no sabía cómo reaccionaría cuando le contara, pero a juzgar por su carácter tal vez debía decirle y buscar un refugio para que no se las diera de lanzador de cuchillos con él de diana.

Meditaba en todas las posibles reacciones de su pareja cuando golpeó su puerta y después que abrió entró sin mirarlo, sin besarlo, sin saludarlo y se sentó en su cama, luego se acostó. Debía explicarle porque no apareció la noche anterior y por qué llevaba una venda en el cuello. Pero en su expresión-además de su actitud- demostraba que algo malo habia hecho.


Última edición por Jack el Dom 25 Oct - 21:49, editado 1 vez


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Re: Mercy, my angel of darkness|| Deimos. +18 [Baltimore]

Mensaje por Magnus Vólker el Jue 21 Abr - 21:44

Al principio, las primeras semanas que llegaron al circo, eran varios los que se acercaban al carromato y llamaban con preocupación a la puerta, preguntando a viva voz si se encontraban bien pues habían sido atraídos por los gritos, los golpes y los ruidos del interior. Algunos incluso se tomaron la libertad de entrar para auxiliar al posible herido sólo para encontrarse a los, por aquel entonces, adolescentes, parcialmente desnudos en el lecho o el sillón. O el suelo, dependiendo del momento, con varios golpes decorando su anatomía. Los rumores se empezaron a extender con timidez al principio y pronto dejaron de preocuparse dejándoles a merced de sus propios instintos y demencias.
Después de varios años ya nadie se molestaba en prestarle atención a esos detalles, aunque muchos eran los que pensaban que terminarían matándose entre ellos algún día por descuído. Solo los nuevos parecían confusos y hacían amago de acercarse para ver qué ocurría antes de ser desalentados.

-Sin duda nos haríamos ricos -comentó en referencia a un espectáculo sexual- Vendrían a vernos de todas las ciudades. Los dioses de una bacanal romana moderna -rió antes de quejarse por el mordisco, sonriendo divertido ante su gruñido. La sonrisa se torció, orgullosa, ante su cumplido y le mordió el labio inferior- Los gemidos son nuestra canción -bromeó, levantando un poco la cadera por su gesto, suspirando aún por los últimos resquicios del orgasmo.

Le siguió con la mirada cuando se levantó, limitándose a acomodarse un poco mejor hasta apoyar la cabeza en uno de los cojines. Contempló distraídamente cada movimiento que hacía su novio, viendo como los músculos de su brazo se tensaban un poco al coger la jarra o la piel se humedecía ante el toque del paño. Su desnudez era gloriosa, por lo que hizo un pequeño mohín de desagrado al ver que empezaba a vestirse. No obstante, el gesto desapareció de un plumazo ante la pregunta y enarcó una ceja con sorpresa.

Jack no solía nunca ofrecerse para ir a por algo de comer, menos aún cocinar; de echo solía ser el mago el que se encargaba de eso puesto que cuando el trabajo les agobiaba parecía ser el único que recordaba que comer era un bien necesario. Se relamió los labios, desperezándose como un gato y asintió. - Si, la verdad es que estoy hambriento... -como para dar mayor peso a sus palabras se llevó la mano izquierda al vientre, acariciándoselo pensativo. Negarse a aquello sería de estúpidos. - Hmm... No sé, sorpréndeme. -se incorporó con pereza y le agarró de un brazo, tirando de él para besarle, suponiendo que se ofrecía a eso por lo ocurrido con el ricachón italiano - Tendré que curarte lo del cuello, se te han abierto un poco los puntos... ¿te duele? -le acarició de pasada el cuello, mirando la herida. - ¿Tienes algún antojo en especial? -cuestionó volviendo al tema de la comida mientras caminaba hacia la mesa, cogiendo él también la jarra para llenarla- Carne, nada de las gachas esas que suelen poner. Estoy harto de ellas. Y tenemos que conseguir algo dulce... -sonrió, cogiendo un paño nuevo y empezando a limpiarse, mirando de reojo a Jack y dedicándole un guiño, pareciendo completamente dispuesto a olvidar su infidelidad, aceptando sus gestos.
Fue hasta el sillón después de ponerse la ropa interior y se tumbó boca arriba, estirándose y cerrando un instante los ojos.



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Re: Mercy, my angel of darkness|| Deimos. +18 [Baltimore]

Mensaje por Jack Stracci el Dom 5 Jun - 9:02

Sonrió cuando lo jaló hacia él y respondió a sus besos tratando de dejar de sonreír para relajar los labios. Acarició su espalda desnuda mientras él miraba su herida. Quería simplemente olvidarla, pero Deimos se empecinaba, afortunadamente no pasó más allá el tema y aceptaba su ofrenda de comida. Debía pensar entonces que hacer.

-Me gusta la carne.- mencionó, aunque eso ya lo sabía Deimos. Besó su cuello con suavidad antes de separarse y mirar como se aseaba. Vio como quedaba en ropa interior regalandole la visión de su delgada figura, amaba su cuerpo, cada rincón, cada lunar, todo estaba registrado en su mente, desde que eran adolescentes y viendo como su cuerpo florecía hasta su etapa adulta. Suspiró enamorado, tranquilo y satisfecho. Se acercó para robar un beso que se llevaría consigo al dejar el carromato. Una vez afuera su rostro se fue endureciendo para no regalar a otros las sonrisas que eran para Deimos únicamente. Caminó hasta la bodega y buscó de la carne que conservaban para las fieras, sacó lo suficiente para los dos, para quedar llenos y también sacó papas. Mientras cocía los tubérculos en agua caliente cortó la carne un bistec con una precisión de cirujano, mientras hacia eso a su mente llegaron los recuerdos de la noche anterior asaltándolo de forma invasiva, incomoda incluso, no quería pensar más en lo que había hecho, pero aún sentí el olor del italiano, su calor, la suavidad de su piel, su cuerpo más grueso... Cocinó en una olla la carne, con vino, mantequilla y algunas especies, inventaba en realidad, no sabía ninguna receta en concreto, pero no se le daba mal cocinar, sólo que no era de las cosas que le gustara hacer. Metió las papas cocidas en la olla que tenía la carne y revolvió de forma distraída mientras en su mente se mezclaban las escenas de sexo con Deimos y las que disfrutó con Nicola. Tenía un buen motivo Deimos para sus celos, pues no podía dejar de pensar en él. De pronto su gesto se endureció al pensar que tal vez Deimos experimentaba lo mismo cuando lo engañaba con Kóstyk , podía pasar que Deimos se encontraba pensando en él, en sus manos, su besos, la forma de hacer el amor, cosa que él mismo había conocido hace años atrás, había visto muy de cerca a Deimos gemir entre sus brazos y a pesar de que no quería que volvieran a estar juntos esto se había repetido esporadicamente durante todos los años que llevaban ahí ¿Como se atrevía a hacerle semejante escena de celos siendo que él le había perdonado sus infidelidades?

Rompió la cuchara de palo contra un mesón de rabia, se vio a si mismo desde otro angulo, cocinando para él, sintiendo culpa y expiandola como una ama de casa subyugada a un hombre que podía tener aventuras mientras que una suya era imperdonable. Se odió, odió a Deimos a Kóstyk y su cuerpo, su nariz de pajarraco, sus ojos de buho, su pelo desaliñado como el de un cadáver. Ese acento, el volumen de su voz, su olor, su perfume, la melodía de su risa, su voz al presentar a a gente. Odió todo lo que alguna vez le había fascinado, lo que tenía embobado a Deimos. Era un hombre horrible intentaba engañarse guardando en secreto cuando en sus sueños recordaba haberle pertenecido o como su mente recreaba escenas que terminaban del odio en algo mucho más candente.

Cuando la comida empezó a oler a quemado se alarmó saliendo de golpe de sus pensamientos y apagó el fuego viendo como se había ennegrecido el metal de la olla. Revolvió con el palo sin la cuchara viendo como el fondo se había pegado. Arrojó el palo de la ex cuchara con frustración perdiéndolo en la oscuridad de la noche. Tomó aire y soltó lento, no había nada que pudiera hacer. Sirvió en dos platos lo que pudo salvar de la fracasada comida y lo llevó junto a la botella de vino al carromato de Deimos.

Abrió la puerta y dejó ambos platos en la mesa y la botella que llevaba bajo el brazo. Le dedicó una amarga sonrisa a Deimos y se encogió de hombros.

-Se quemó una parte, espero que no este malo...- suspiró tratando de dejar de lado lo que había acosado su mente para que la comida se arruinara. Aunque los recuerdos pesaban como si fuese una infidelidad de parte del otro la que hubiese pasado hace poco también, aunque no lo sabía, podría ser que si ¿Que había hecho Deimos la noche que él no estuvo?... No lo sabía.


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Re: Mercy, my angel of darkness|| Deimos. +18 [Baltimore]

Mensaje por Magnus Vólker el Jue 23 Jun - 18:31

Sonrió al escucharle, ¿a quién no le gustaba la carne?. Aunque, ciertamente, sabía a lo que se refería. No eran pocas las ocasiones en las que tenían que conformarse con sopas , guisos de verduras o cosas semejantes. La carne y el pescado, sobretodo lo primero, era un bien algo caro que no siempre podía costearse la gente del circo. Meses atrás, antes de la llegada a Baltimore, habían sido muchos los artistas que habían expuesto su descontento ante la situación que les acosaba, contentándose con raciones de comida más pequeñas y, además, poco contundentes.
Todas las voces, incluyendo la suya, se alzaban para acusar al gitano, aunque en el fondo sabía que el hombre no tenía toda la culpa.
Si no tenían espectadores, no había dinero y, sin dinero, no había carne.
Por desgracia, las fieras estaban antes que los hombres en ese aspecto.

Abrió los ojos para intentar atrapar a Jack tras el beso, queriendo exigirle uno más pasional, pero el chico ya caminaba en dirección a la puerta, así que se lo guardó para después. No obstante, a sabiendas de que la pereza iba a ejercer de cadena tarde o temprano, se obligó a recoger y tirar los cristales que estaban desperdigados por el suelo para así no correr el riesgo de cortarse los pies. Después, ya libre de ocupación, el sillón volvió a reclamar su atención.

Volvió a estirarse, hundiéndose entre los cojines, y cerró los ojos completamente relajado, quedando medio dormido. Sus sentimientos habían estado jugando a la pelota con la situación, desde el día anterior, pasando de uno a otro sin cesar. De la confusión inicial de no saber dónde demonios se encontraba su novio y qué le había hecho desaparecer al enfado que le regaló a su ayudante cuando esta era inocente de cualquier cosa. Y de ahí a la rabia y la ira al descubrir lo que él consideraba la peor traición antes de caer rendido a la pasión y el enamoramiento más adolescente, ese que les unía.

Gruñó entre dientes, farfullando una maldición, al sentir un repentino dolor de cabeza que ya había olvidado. La resaca había decido que era hora de volver, pero al menos le había permitido disfrutar de la nada delicada reconciliación.

La relajación recorrió su cuerpo y el sueño terminó por vencerle, pues la noche anterior no había dormido más allá de un par de malas horas, mientras esperaba que Jack regresara. En cuanto escuchó los pasos sobre la madera abrió los ojos perezosamente, despertando de la pequeña siesta, y se incorporó para que no ocupar todo el sillón y que pudiera tomar asiento a su lado- Seguro que no. Huele de maravilla -aseguró dedicándole una sonrisa antes de atrapar sus labios en un beso cariñoso - ¡Y vino! El plan perfecto -exclamó al ver la botella, en la que no había reparado. Una parte de su cabeza le sugirió que era preferible acompañar la comida con agua, pero la otra parecía asegurar que la recién encontrada resaca desaparecería del mapa si subía un poco el nivel de alcohol en sangre. Lo suficiente como para ignorarla.

Fue a por los cubiertos, servilletas y un par de copas, colocando después todo en la mesa antes de volver a sentarse, sirviendo también el vino. No se había molestado en vestirse, pero no creía que eso fuera una molestia para Jack. Frunció levemente el ceño, mirandole. Le notaba más serio e incluso taciturno, y no tenía del todo claro que todo aquello se debiera tan sólo a una comida que no había salido como esperaba- ¿Qué pasa por tu mente? -curioseó, probando la primera pinchada de estofado, suspirando de satisfacción en cuanto mordió el pedazo de carne. - Está delicioso -aseguró tras tragar. Jack cocinaba bastante bien, aunque usualmente se negase a hacerlo, y se notaba en aquel plato. La carne, pese a tener un poco del sabor fuerte a quemado, estaba perfecta. Atrapó un trozo de patata con el tenedor y volvió a mirar a Jack. 



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