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FLASHBACK: ¿Cómo has caído del cielo? [Kóstyk Záitsev]

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FLASHBACK: ¿Cómo has caído del cielo? [Kóstyk Záitsev]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 02 2015, 07:13

Esquivar la seguridad de mis captores no me había resultado difícil. Aquello era algo que había comenzado a planear con antelación, cuando mi cuerpo ya no pudo resistir aquellas torturas que le infringían y me gritó "¡Basta", fue el momento en el que inicié a ver a mi entorno con otros ojos, advirtiendo cada punto débil, cada grieta en aquel elaborado plan que me ayudara a escapar. Fue así como me di cuenta de varias cosas: Gertrudis, la enfermera encargada de prepararme antes de cada incursión quirúrgica, se movía a la sala contigua después de disponer mi cuerpo para la operación y rezaba siempre lo mismo, "¡Cómo has caído del cielo, oh lucero de la mañana, hijo de la aurora! Has sido derribado por tierra, tú que debilitabas a las naciones.". Aquella letanía era tan constante para mis oídos como la sensación del bisturí profanando mi espalda. Mientras ella rezaba, Hans, el marinero fortachón que me arrastraba hasta el quirófano cada que el pánico se apoderaba de mi, y que siempre custodiaba la puerta, salía al baño que estaba frente a la puerta de la sala. Tardaba exactamente 32 segundos, diez segundos menos de lo que me tardaba correr hasta la puerta de emergencias del hospital familiar, la única que se mantenía sin candado cuando yo estaba ahí. En aquellos 32 segundos estaba completamente sola.

Mi cuerpo se tensó cuando el hombre salio y escuché la puerta del sanitario cerrarse a su espalda. Salté de la cama de operaciones y me calcé los zapatos blancos de tacón y me colgué el bolso que había escondido meses antes en uno de los aparadores. Mis alas se escondían dentro. La escondí dentro de la bata quirúrgica y eché a correr por el pasillo que se extendía entre el baño y el quirófano, a unos metros de mi libertad. Escuché las plegaria de Gertrudis cuando pasé por la puerta de la capilla del hospital y pude ver el látigo alzar vuelo hasta posarse en su espalda, descubierta, cuyas gotas de sangre rompían el silencio al caer en el suelo de mármol. ¿Tal pecado era para aquella mujer convivir con un ángel caído, que debía pagar aquella dolorosa penitencia? No me detuve a mirar, morbosa, aquella escena. Continué mi carrera con la esperanza de que el sonido de las laceraciones al abrir la carne fuera lo suficientemente alto como para amortiguar mis pasos, que se acercaban cada vez más a la puerta.

Escuché a Hans lanzar una maldición y el golpe de algo al caer al piso, sin embargo yo ya estaba muy lejos de todo aquello. Había abierto la puerta de servicio y corría por la acera, sin detenerme a mirar por encima del hombro. Escuchaba unos pasos que corrían cerca de mí, aunque quizá se tratara de mi corazón ebrio de adrenalina. Me introduje en el primer callejón oscuro que se apareció en mi caminó y corrí por aquel laberinto de ladrillos que discurría en el corazón de Baltimore. Mi destino era la calle principal, donde en aquel momento se presentaba el desfile del nuevo circo que llegaba a la ciudad. Lo había escuchado de boca de uno de los colegas de mi abuelo, un importante operario del puerto.

Se trataba ni más ni menos que de un espectáculo que incluía fenómenos -"bestias", lo había llamado el-. Personas con condiciones como la mía acogidas por un benévolo hombre: el Doctor Záitsev. Aquella era mi última esperanza de salir del infierno que me había tocado vivir. Corrí más deprisa mientras sacaba las alas de su refugio y sin aminorar el ritmo las colgué de mis extremidades traseras. Sentía como el viento hacia volar mi cabello y una fina capa de sudor se posaba en mi rostro. Los zapatos me apremiaban los pies y a punto estuve de caer cuando salí de nuevo a la luz del día. Frente a mi una multitud se amontonaba en la acera de la avenida principal. Sentí la mirada curiosa de varios presentes mientras me abría paso entre el gentío, hasta llegar a estar en plena avenida. Ante mis ojos desfilaban elefantes ataviados con estrafalarios colores, gente envuelta en fuego, mujeres en poca ropa con plumas de todos los colores en su cabeza. ¡Incluso había un hombre perro que parecía buscarse la cola!

A pesar de presenciar todas aquellas maravillas, mi mirada no le tomó importancia a nada de eso. No descansé hasta encontrar al hombre que buscaba. Lo vi jovial y altivo caminando mientras dirigía aquella tropa de artistas. Corrí de nuevo hasta situarme a su lado, interceptándolo en mitad de aquel espectáculo. Esperaba que no me tomará como una loca que se había escapado del centro psiquiátrico.

¡Doctor Záitsev! Le suplico me acoja entre sus tropas. Le prometo ser el mejor show de todos, la más obediente de sus miembros —le dije con tono suplicante. Observé su rostro inmutable, con aquella radiante sonrisa y aire triunfante.

Noté como los vítores estallaban cuando movía las extremidades que sobresalían de mi espalda, asombrados con aquel error de la naturaleza. No pude evitar sentirme orgullosa pues aquello era justo lo que necesitaba para demostrarle al Doctor que no se arrepentiría si me permitía unirme a el.
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Re: FLASHBACK: ¿Cómo has caído del cielo? [Kóstyk Záitsev]

Mensaje por Kóstyk Záitsev el Dom Ago 02 2015, 08:10

No importaba cuantas veces me dijeran que no, yo sabia que mi show era único, que mis criaturas lo eran y que eran mucho para un mundo que había olvidado la magia. Era frustrante, era increíblemente frustrante haber estado en un lado donde todo era real y luego en ella lo sólido, donde lo real se creía imposible, donde todos esperaban lo predecible y se maravillaban con cosas mundanas. "¡Mamá, mira! una piedra con forma de corazón....Oh que increíble hijo, guárdala, te dará suerte" Yo he venido con magia real ¡magia! ¡gente única! coleccionada de los rincones de la tierra o atraídos a mi como un imán y aun asi no lo aceptaban...¿Por qué...por qué...?

No importaba cuantas ciudades cerraran sus puertas, cuantos se ocultaran tras las cortinas temiéndonos...o temiéndose a si mismos pues en sus corazón yo sentía como pulsaba el deseo...Sé que te preguntaste mujer; "¿Y si dejo a mi esposo y me uno a ellos, podría bailar como una vedette?, podría ser deseada como nadie me desea..." Se que tú hombre deseaste dejar de usar corbata, dejar de contar dinero de otro y pensaste en abrir el hocico de un león, sentir su aliento en tu nuca y ser admirado por tu virilidad...¡Todos lo deseaban! y por esos nos temían, porque somos los que cumplieron su sueño y llevan sueños a los que perdieron esa capacidad. No me importa cuantas veces digan que no. ¡El show debe continuar!

Habíamos salido de una ciudad e ido por días por la carretera para llegar a Baltimore. Estábamos cansados y hambrientos, escaseaba la comida, pero nos pusimos el maquillaje, nos pusimos los atuendos y cuando llegamos al limite urbano y vimos el cartel de "bienvenidos a Baltimore" lo tomamos como una invitación.

Ordené abrir las jaulas y salieron con sus mejores atuendos los animales; Un elefante, un tigre, un león, seis dromedarios guiados por un hombre jamás visto en esas tierras, un príncipe del medio oriente. Los perros, perros tan inteligentes como niños, iban con ropa y dando saltitos. Tate amaba encabezar ese grupo, pues era el cachorro más listo, mía amado cachorro.

Por los costados hacían malabares y delante iba el malabarista de fuego, el que aterraba con su aspecto exótico y su temeridad. También había un carro para mi Madame desde donde podía saludar con la elegancia de una reina y yo iba delante, con mi ganso aun lado y Tulipana al otro lado, vestida de lentejuelas azules, se veía preciosa. Yo mismo estaba con un sombrero de copa cubierto de lentejuelas azules que había sido cocido uno a uno por mi costurera preferida. Una chaqueta azul con hilos plateados haciendo ondas que hacían un efecto de cielo estrellado, como el que había pintado Van Gogh y mi sonrisa triunfal lo mejoraba todo. Esta vez nos instalaríamos, estaba seguro que verían lo hermoso que podía ofrecer....

Entonces oí los gritos que se elevaban por sobre los aplausos y vítores. ¡Pero claro que se alzaban por sobre todo! estaba a mi lado y no la había visto hasta que alzó su voz, pero cuando la vi....


Kóstyk había quedado anonadado con su belleza, se detuvo y con eso lo hizo el resto del desfile. Si el líder se detenía los demás le seguían.Los ojos claros del maestro de ceremonia recorrieron de inmediato de sus hombros hasta las alas que se extendían y a diferencia de lo que cualquier otro hubiese pensado, que se trataba de un disfraz, Kóstyk vio una gallina, la más hermosa y majestuosa gallina que hubiese visto antes, incluso al ver su rosto vio la belleza de la gallina en ella, aunque no era gorda como para parecer una gansa, su animal preferido, era una hermosa y perfecta gallina.


Era lo más hermoso que había visto en mucho tiempo y me pedía ser mía. ¡Mía! me decía que seria la mejor, me prometía obediencia...Era un regalo, la mejor bienvenida a Baltimore. No dudé en abrazar a mi regalo, era mio y si no lo atrapaba entre mis brazos alguien más la querría. La buscaban, lo supe de inmediato, no por algo preciso, no era de deducir de acuerdo a la escena, o de decir que veía el futuro, pero mi mente era un torbellino que ni  Madame, ni Reynard podía leer y aquella mente en espiral hablaba...La buscan, advirtió.

-Mujer pájaro, mi bella y elegante gallina, por supuesto que te quiero conmigo, yo te protegeré de los que te quieren dañar, no te podrán seguir hasta mi reino, en mis dominios no entra nadie que yo no acepte. Ven conmigo mi ave hermosa.
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Re: FLASHBACK: ¿Cómo has caído del cielo? [Kóstyk Záitsev]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 02 2015, 10:41

"¿Cómo rayos me había llamado?", fue lo único que pude pensar cuando el hombre terminó de hablar. Los gritos de la multitud inundaban el ambiente: eran alaridos de felicidad, clamores que anunciaban una grata bienvenida a Baltimore. Pero más allá de la alegría y la jovialidad que se podía percibir en aquellos aullidos, había algo tan presente que casi era tangible: el alivio. Lo notaba no solo en la voz elevada que bramaba a unisono el nombre del Doctor, sino también en la mirada esperanzada de una madre harapienta con un bebé en brazos. Lo podía vislumbrar en la manera en que los hombros de un pescador se enmarcaban al posar sus callosas manos en el rostro de su esposa. Aquel repentino espectáculo representaba para ellos lo que para un sediento el agua. Era un escape para su mísera realidad, un súbito haz de luz entre el barro que se adhería insistente en sus vidas. El circo representaba un escape a sus problemas; un lugar para distraerte de la sombra de la guerra que se cernía sobre el país y de los conflictos socio económicos que aquejaban a la mayor parte de la población.

Aquel hombre ataviado con un chaleco plateado que asemejaba una bola de disco, había traído, quizá movido por otros intereses, un rayo de esperanza que iluminaba la sonrisa de los más pequeños y apaciguaba el corazón de los veteranos. ¡Cuan grande fue mi jubilo cuando escuchó atentamente mi súplica y me incluyó en aquel milagro andante!

Con un simple gesto de manos había detenido toda aquella tropa. Los ojos no sólo del público, sino también de todos los artistas se habían posado en mi, en aquella joven que no vestía más que una fina bata de algodón que no le cubría mucho y unos pintorescos tacones blancos. Me encogí incomoda ante aquel inesperado escrutinio. De repente la música había cesado y lo único que se escuchaba era la respiración acelerada de Kóstyk, quien no tardo en envolverme con sus brazos en un fuerte abrazo, a lo que el público volvió a estallar en vítores y la música a resonar, espantando a los pajarillos, que se habían quedado inmóviles al contemplarme a mí, su encarnación humana. Podía sentir el corazón del doctor latir desenfrenadamente en su pecho, así como su mirada repasar atenta mis extremidades traseras.

Y sin previo aviso, tras culminar aquel abrazo y recitar aquellas palabras con las que ponía punto final a mi larga vida de tortura, la caravana continuó su marcha sin darme oportunidad de agradecerle.

De repente, dos pares de manos me cogieron por los hombros y me arrastraron hasta una carpa ambulante que permanecía oculta a los ojos del público por varios carros alegóricos que la sostenían. Mientras era llevada contra mi voluntad pude ver a Záitsev sonreír triunfante y lanzar una carcajada.

Dentro de aquella carpa reinaba el caos. Las boas brincaban de mano en mano, la purpurina había pasado a ser parte del aire y los hilos y agujas podían hacerte tropezar si no tenías mucho cuidado. Era como improvisar en el baile de tu vida. Unas cinco mujeres, con la cara tan maquillada que por poco formaban parte del show de payasos, avanzaban al ritmo del circo mientras remendaban trajes con lentejuelas o maquillaban a alguna vedette que se había corrido el rímel con el sudor. ¡Se trataba de las costureras y maquillistas del circo! Aquellas que se encargaban de que todos deslumbraran impidiéndote apartar la mirada.

Se quedaron en silencio cuando entré en aquella guarida apestosa a perfume de rosas. Me miraron atónitas de pies a cabeza y repentinamente, me rodearon y despojaron de la poca ropa que cubría mi ceñido cuerpo. Traté de tapar todas las partes que pude mientras caminaba empujada por el caminar de la tropa. Nadie más me veía más que aquellas mujeres, era como una casa de acampar rodante, así que debías seguir caminando si no querías acabar aplastada.

¡Pero qué desastre nos ha mandado ahora el loco de Záitsev! —exclamó una de ellas mientras me medía rápidamente la cintura, con una voz peligrosamente aguda.
Ahora si me voy a desmayar. ¿Podría alguien explicarme qué vamos a hacer con estas dos cosas saliendole de la espalda? —quiso saber otra mientras tocaba mis extremidades. Aquel contacto no era usual pero tampoco me molestó o lastimó.
Al menos tiene buenos pómulos —coincidieron el resto de las ahí reunidas.

Estuve a punto de tropezar varias veces victima de un ataque de polvo y voces que me gritaban que me pasará cierto vestido por la cabeza o que me lo quitara porque los muslos no se alcanzaban a apreciar tan bien. Había perdido ya la noción del tiempo entre el torbellino de maquillaje que inundo mi cara cuando exclamaron en una sola voz: "¡Totalmente lista!". Me empujaron fuera de la carpa, hice de lado la cortina que las mantenía ocultas y me abrí paso entre los carros en movimiento que las protegían de miradas indeseadas.

Súbitamente, volvía a estar frente a la mirada de todo el pueblo de Baltimore. Miré como atontada a mi alrededor pues parecía como si había dado a parar a otro mundo. Comprobé que solo habíamos avanzado unos cuantos metros, no había estado ahí dentro más de un minuto. Era impresionante la rapidez con la que me habían engominado el cabello y me habían llenado los labios de brillo.

Avancé hasta el Doctor quién me extendía una mano jovial y me sonreía de oreja a oreja. Me situé a su lado y tomé de su mano mientras movía entusiasmada las alas. Ebria de alegría, le cogí la mano y la alce por encima de nuestras cabezas. Lo único que podía escuchar era el público estallar ante mi presencia.

Por primera vez en mi vida no sentía miedo, no sentía vergüenza de aquella condición que jamás había deseado. Por primera vez en mi vida moví orgullosa las plumas que colgaban a mi espalda y pude disfrutarlo.

Disculpe, señor —le dije al doctor mientras bajaba nuestras manos—. ¿Acaso me ha llamado "gallina"?
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Re: FLASHBACK: ¿Cómo has caído del cielo? [Kóstyk Záitsev]

Mensaje por Kóstyk Záitsev el Lun Ago 03 2015, 18:53

Me habia caido un ángel del cielo, en bata de hospital y zapatos divertidos, tan descoloridos como la nieve, pero seguia siendo un regalo, ya se encargarian mis mujeres de decorarla y adaptarla. Un gesto y sabian que hacer, la arrastraron y la metieron en su tienda ambulante donde tenian todo en barras que se movian con la tienda misma, trajes, sombreros maquillajes y todo de forma que pudieran avanzar con él. Los del staff se lucian cuando querian en sus artefactos.

Reanudamos la marcha y aunque no la saqué de mi mente seguí con mi camino hasta el ayuntamiento, el alcalde no nos esperaba formalmente, pero de haber escuchado la parada de seguro ya estaba afuera espérando por nosotros.

Cuando vi a mi mujer pajaro volver le xtendí la mano y le dedidque una aun más amplia sonrisa. Quizás era un lugar privilegiado que fuera de mi mano, en primera fila, pero estaba recien llegada y queria mostrarle mi cariño al recibirla. Luego dependeria cien por ciento de ella si seguia a mi lado. Levantó ambas manos en un gesto trinfual y miré su rostro relajando mi sonrisa hasta hacerla desaparecer, pero no por seriedad, si no por admiración, estaba feliz y se veia en sus ojos que no lo habia estado en mucho tiempo. La gente celebraba, era una entrada triunfal, me sentia como el Emperador romano volviendo a Roma.

Bajamos las manos y escuché su pregunta extrañada y supuse que la habia ofendido, claro Kóstyk, a la mujeres no les gustan ser llamadas gallinas, ni a los hombres...pero son tan bellas.

-Si señorita, ¡pero una gallina muy bella!, si tuviera más pechuga seria una gansa- apunté al ganso a mi lado, mi bello animal, aunque de un terrible caracter. Y miré su busto escaso y luego su trasero, tambien escaso.- Si, tiene muy poco para compararla con una gansa. ¡Pero me encantan sus alas! deben creer que es un ángel si sumamos a sus alas su cabello rubio y su bello rostro. Podré decir que fui al cielo y como San Pedro no me queria ahi me robé uno de sus angeles. ¡Es maginifico!
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Re: FLASHBACK: ¿Cómo has caído del cielo? [Kóstyk Záitsev]

Mensaje por Invitado el Lun Ago 03 2015, 19:55

Era extraño el sentimiento que inundaba mi pecho. Por primer vez me sentía como en casa, sin embargo, pude ver en un reflejo mi cara maquillada de vividos colores y con pestañas larguísimas. En aquel momento podía asegurar que era yo, sin tapujos ni máscara alguna, más que aquella capa de maquillaje que se me antojaba ridícula. Aquella persona que me regresaba la mirada en el espejo no era yo, era alguien nuevo. Alguien que deja atrás una vida y se decide a vivir otra.

Una lágrima de felicidad recorrió mi rostro y casi pude escuchar a las mujeres de la carpa aguantar un suspiro cuando sentí el rímel correrse. Me la sequé rápidamente sin intenciones de que el Gran Doctor me creyera débil -aunque aquellas lágrimas eran de felicidad pura-. En cambio, le devolví las sonrisas a los niños que seguían corriendo de cerca el desfile, tan cerca de los elefantes que temí por un momento que los aplastaran y terminasen en el suelo cual tortillas. Incluso le mandé un beso a un apuesto joven que parecía fascinado con mis alas.

Escuché la respuesta de Záitsev y seguí su mirada cuando ésta escrutó los relieves de mi cuerpo. ¡Por supuesto que carecía de un gran atractivo físico! No era especialmente fácil que tus tetas sobrevivieran después de que el loco de tu abuelo te las cortase para tener un mejor panorama de tu anatomía.

Aquello empezaba a molestarme un poco; ya me había llamado gallina y ahora me decía que no era mejor que un ganso. ¿Qué me esperaba en aquel lugar? Seguramente el perro humano tendría un mejor dormitorio que el mío.

Quería comentarle algo respecto a aquellas palabras hirientes pero, en ese momento, un pequeño del pueblo se acerco corriendo con un jaula abarrotada de palomas blancas que me miraba con sus ojos rojos. No pude decidir si aquellas criaturas me miraban por envidia a mi destino o si eran espías de mi descerebrada familia. De cualquier manera, el niño salto en brazos de su padre y se las entregó al doctor, que parecía complacido a mi lado

¡Abra la jaula, señor! —le indicó el pequeño a Kóstyk antes de alejarse en hombros de su padre.

Giré mi cabeza hasta que mi mirada se encontró con la del Doctor, que tenía una pizca de suspicacia en los ojos. Yo me limité a disponer de la avenida como escenario, sintiendo el sol posarse en mi artificial rostro. A la espera de que aquellas palomas me envolviesen.
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Re: FLASHBACK: ¿Cómo has caído del cielo? [Kóstyk Záitsev]

Mensaje por Kóstyk Záitsev el Jue Ago 06 2015, 17:58

Ignoraba todas las ofensas que le daba a la muchacha que pedía incorporarse con tantas ganas y felicidad, pero no era de maldad ¿Era acaso yo culpable de que de verdad encontrara bellas a las gallinas? Nunca una mujer entendería eso como un elogio, pero en mi mente lo era, pero dile a una mujer “cisne” y reirá como hiena coqueta. Ajeno a todas las molestias que le causaba a la chica seguí mi camino de su mano orgulloso y sonriente, pensaba que en ese lugar al fin nos estableceríamos.
Estábamos a poco de llegar al ayuntamiento y con todo el revuelo que habíamos hecho la gente se había entusiasmado, incluso llegó un niño con una jaula, por un momento creí que era un regalo para mí, pero solo se trataba de algo que quería aportar para el desfile y ¡era perfecto! Tomé la jaula en una mano y caminé encabezando la marcha y una vez estuvimos en la plaza central liberé a las aves. En un primer instante no salieron, pero con una suave sacudida a la jaula salieron y sus alas sonaron al chocar entre sí para emprender el vuelo. Miré a mi ángel y tuve deseos de preguntarle si quería volar, se me ocurría que podría tener un espectáculo aéreo, pero para eso debía practicar por meses. De momento sólo lo dejé en mi mente y me giré para ver al resto de mi gente.

-Hemos llegado, El Gran circo ha llegado- miré a las personas reunidas- Pasen a “La casa de las pesadillas del Doctor Záitsev” No encontraran un lugar más maravilloso y aterrador. Preparen todos su sentidos para presenciar el espectáculo de sus vidas, aquel del que se hablaran por generaciones, él que le contarán a sus nietos para asustarlos en la noche…- estaba en medio de la presentación a la gente cuando salió el alcalde con otras personas y pidió silencio y me indicó que entrara. Me llevé a alguno de los míos, los otros debían esperar. Pero entraba con las más altas expectativas.


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Re: FLASHBACK: ¿Cómo has caído del cielo? [Kóstyk Záitsev]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 06 2015, 20:07

Mi corazón se desbordó cuando el doctor aceptó aquella jaula y avanzó con aire teatral. Dudo que haya sido posible, pero por un momento, escuché sus pasos a través del estrepitoso ruido que formaba el público eufórico, como si aquellas pisadas se acompasaran de repente con el latir en mi pecho.

Pude notar como el público contenía la respiración cuando Záitsev abría la jaula. Comenzaban a dolerme las mejillas, tenía en el rostro una sonrisa bastante exagerada, con todos los dientes pelados y los ojos radiantes, mientras saludaba al público como una princesa. Entorné los ojos cuando las malditas aves se rehusaban a abandonar su celda ¡Desagradecidas del demonio! ¿Acaso no pueden seguir mi ejemplo y huir libres por el viento?

Cuando por fin decidieron salir de la jaula, los espectadores retomaron los vítores, formando un sonido casi bello con el aleteo de las palomas, que me rodearon como si quisieran estudiar más de cerca aquellas alas sin precedentes. Yo aleteé de manera teatral y alcé los brazos cuando la última de las aves emprendía vuelo. Alcé la mirada y, mentalmente, les deseé suerte. Comenzaba a descubrir que el mundo real podía llegar a ser bastante cruel con los seres aladas como nosotros. Sí, nosotros; en plural porque, hace mucho tiempo, me despojé del adjetivo "humano".

Posé mi mirada en Záitsev y le sonreí con agradecimiento. Me sorprendí bastante cuando escogió a los artistas que entrarían en su visita al alcalde y me señaló a mí.

Entré con el pecho hinchado y las alas en ristre. Sí el amo quería que fuera un gallina, le daría a la gallina más bella que pudiese existir.

¿Esa no es la nieta del Doctor Hopkins? —escuché que murmuró una mujer a lo lejos.— ¡Sí! La tullida...

No me detuve a mirar de quién se trataba; continué caminando hasta que las puertas de madera nos engulleron por completo y nos encontramos expectantes a que llegase nuestro turno.

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