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Necesito mis cosas (Deimos)

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Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Nicola Stracci el Vie Feb 26 2016, 23:38

Cuanto más tiempo llevaba en el circo, más incómodo se empezaba a sentir por el hecho de no tener nada que le perteneciera. Incluso la ropa que llevaba tenía que ser prestada porque la camisa que había llevado a la fiesta la había tenido que rasgar para hacer un torniquete y la chaqueta tenía un agujero en la parte del brazo derecho donde se le clavó el cuchillo. Lo único que se había salvado medianamente eran sus pantalones y sus zapatos.

Por eso ya no podía aguantar más de esa manera, uno de esos momentos en los que Jack y Deimos estaban ocupados en sus respectivas tareas y él se encontraba solo y hastiado, usó el dinero que le quedaba de haber llevado para la fiesta en el hotel para ir a Salem y usar un teléfono con el que llamó a casa. Le dio una propina a una mujer para que hablara en su lugar preguntando por Domenica, y cuando ella se puso al teléfono la pasó con Nicola y él habló con ella sin que nadie más tuviera que enterarse.
No quería que su familia supiera todavía donde estaba, necesitaba más tiempo para disfrutar de la libertad que le otorgaba vivir en el circo, y cuando hizo presente su voz y le dijo que estaba bien la escuchó llorar de preocupación al otro lado de la línea y le pidió discreción, por lo que su llanto tuvo que ser cortado pronto.
Le dijo que quería su ropa y todo el dinero que pudiera sacar de la casa, que con ello se verían en las afueras de Salem donde lo recogería todo y que no le dijera nada a nadie.
Sabía que ella obraría en silencio y sin dejarse descubrir por su fidelidad y su amor hacia él, pero en cuanto abandonara la casa  y vieran que faltaba dinero seguramente la acusarían de de haberlo robado. Nicola también tenía cubierto ese asunto.

Le dio exactamente un día para prepararlo todo, confiando en su eficacia, y cuando el momento llegó tomó prestado uno de los coches del circo y, pidiéndole a Deimos que lo acompañara, fueron a la zona donde le había indicado a Domenica que se verían, a las afueras de Salem donde nadie podría ver la entrega.
Por ella había sabido que estaban removiendo Baltimore en su búsqueda, y lejos de cualquier tipo de reacción coherente el italiano había sonreído de con travesura al enterarse. Que siguieran buscando, se dijo.

Había preferido que fuera el rubio el que manejara porque le gustaba tan solo relajarse en el asiento del copiloto, pero se arrepintió tan pronto como lo vio conduciendo por el carril contrario. Le gritó en varias ocasiones en las que estuvo cometiendo imprudencias, y en general se mantuvo bastante histérico por su culpa.
Finalmente, y desde su asiento, señaló frente a ellos mientras se acercaban en el vehículo, indicándole al rubio un lujoso auto estacionado que a todas luces estaba fuera de lugar allí.
Ahí está —añadió con su voz lo que ya había señalado.
Estaban en una amplia extensión de campo en la que no se veía mucho más que la ciudad al fondo y más allá el mar.
A la vuelta no conduces tú —advirtió, en forma de reproche pero a la vez con una sonrisa entretenida—. Aparca cerca.




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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Magnus Vólker el Jue Mar 03 2016, 03:18

Era más que evidente que el italiano no se sentía del todo cómodo allí, el circo no era su medio natural sino las mansiones, las fiestas recargadas y pomposas, las conversaciones profundas y filosóficas con el noble millonario de turno... Y Deimos lo sabia, era plenamente consciente y, aunque no se lo dijera, disfrutaba con sus expresiones de desagrado y refunfuños poco discretos donde sacaba a relucir sus manías de sibarita.

Le veía coger casi con la punta de los dedos las tazas o prendas que le prestaban, husmeandolas como si fuera un gato desconfiado y aquello pudiera constituir un final aberrante. Y mirar de reojo a los engendros como si sopesase en una balanza invisible si eran dignos o no de compartir su mismo aire.
El mago consideraba adorables sus pataletas de niño rico y consentido y hacía todo lo posible por provocarselas.

Deseaba que se acostumbrase a aquella vida, lejos de sus caras posesiones, rodeado por fin de auténtica libertad. Pero, a la vez, no deseaba que cambiase ni un ápice. Era parte de su contradicción. Recordaba, a muy grandes rasgos debido a la droga, lo ocurrido en la improvisada fiesta del gitano y como Jack y él le habían pedido que se quedara a vivir con ellos. El rubio no fue consciente realmente hasta bien entrado el día siguiente, cuando las lagunas mentales empezaron a clarear. Pero no se desdijo, su yo drogado había dicho lo que él callaba. Y eso le alegraba.

Fue interceptado por Nicola poco después del ensayo, y aceptó con una sonrisa la petición. Una en la que, al parecer, ocultó lo suficientemente bien sus pensamientos maliciosos.

No solía conducir y, desde luego, no tenía el carnet. Fue Kóstyk el que le enseño a conducir dándole clases de vez en cuando, la primera de ellas al poco de llegar al circo y con la única intención de que Deimos olvidara la necesidad imperiosa que tenía su cuerpo por volver a ingerir las pastillas que le daban en Byberry. Copió varias manías del adulto y una falta absoluta por respetar las señales o la velocidad.

Decir que intentó controlarse una vez estaba frente al volante habría sido mentir, pues al ver a Nicola acomodarse como todo un mandamás en el asiento del copiloto, la tentación le pudo. Rió a carcajadas con cada grito ajeno y dio volantazos aún más exagerados solo por molestarle.

Miró hacia donde apuntaba una vez estuvieron allí y enarcó una ceja al ver el coche de lujo. Comparado con aquel el que conducían era una auténtica basura deslucida y chillona. Aparcó de cualquier manera, derrapando más cerca del otro coche de lo que debería, habiendo olvidado por un instante como se frenaba del todo sin perder el control. Miró al castaño y le lanzó un beso divertido y descarado - Cuanto más me prohíben una cosa, más deseo hacerla. Deberías recordar eso, amor... - aseguró, dándole a entender que conduciría de regreso - ¿Esa es tu criada? Creo que es la primera vez que veo una  - preguntó curioso, como si la mujer fuera algo único, mas salió del coche antes de poder recibir respuesta alguna. - Buenas tardes, señora -saludó acercándose a ella mientras el viento agitaba su melena rubia.


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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Nicola Stracci el Sáb Mar 05 2016, 23:22

Se aferró a donde pudo en el coche cuando Deimos aparcó de aquella manera, respirando rápido incluso, y por como vio que Domenica se movía y cubría con sus brazos se dio cuenta de que ella también se había asustado.
A la vuelta manejo yo —dijo, pese a las palabras que recibió de Deimos, tratando de sonar autoritario—. Sí, me crió de niño y me ha estado cubriendo todo este tiempo, así que pórtate bien con ella...
No le dio tiempo a bajar del auto cuando Deimos ya lo hizo y se acercó a la mujer, así que él hizo lo mismo para seguirlo.

Buenas tardes, señor —respondió al saludo del rubio, notándose un momento de duda al no saber que tratamiento respetuoso usar con él.
Domenica —la llamó Nicola, al alcanzar su lado—, me alegra mucho verte ¿Hiciste lo que te pedí?
Un suspiro salió desde lo más hondo de su pecho.
Señorito, las cosas que me pide... Ha sido muy arriesgado, pero he traído todo lo que pude. —A pesar de su gesto serio, terminó por formar una sonrisa llena de afecto, con un aire maternal, mientras miraba a Nicola—. Estaba muy preocupada —confesó—. Lloré día y noche pensando que estaría muerto.—Pestañeó rápido, notándose como se humedecían ligeramente sus ojos—. Le ruego que me disculpe —dijo por anticipado, para luego abrazar al joven.
Nicola recibió su abrazo y lo respondió firmemente, luego se separó de ella y le señaló a Deimos.
Él es Deimos —lo presentó al fin, mirando luego a su novio para hacer la presentación hacia el otro lado—. Y ella es Domenica. —volvió hacia la mujer mayor—. Deimos es mi... —Dudó un momento—... Novio —dijo al fin—. Me voy a estar quedando con él, así que no tienes que preocuparte de nada.
En el rostro de la mujer se hizo evidente la desaprobación en cuanto mencionó qué era lo que unía a Nicola con el rubio, y es que a pesar de que había visto a varios hombres pasar por su cama, a ese no lo conocía, había llegado a pensar que si se hubiera fugado con alguien había sido con el chico de cabello blanco que tanto frecuentaba la mansión.
Ella no apoyaba los actos homosexuales de Nicola, pero su deber era procurar que no le pasara nada, por eso durante tantos años había estado cubriéndole las espaldas.
Entiendo —dijo ella, y entonces se dirigió a Deimos—. Le ruego con el corazón que lo cuide, porque sé que no lo convenceré si le digo que regrese.
Lo único que sí tenía que admitir Domenica, es que era un joven muy apuesto.




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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Magnus Vólker el Sáb Mar 12 2016, 01:55

Rodó los ojos infantilmente, dando a entender que le daban igual sus quejas y ordenes, mostrándose cabezota sin dar el brazo a torcer. No permitiría que le arrebatara el volante, menos aún cuando no tenía normalmente demasiadas oportunidades para conducir. Lo cuál le hizo preguntarse cómo había conseguido que le prestasen el del circo, intuyendo un posible soborno de por medio. Asintió a lo dicho en referencia a la mujer antes de salir del coche, sin ser del todo capaz de imaginar a una criada semejante haciendo las labores de madre. Para él, que se había criado en la calle bajo el protección de putas y ladrones, el simple hecho de imaginar a una madre ya era, de por si, suficientemente complejo.
Sabía que la gente rica hacía uso de niñeras semejantes, matronas o nanas que pasaban toda su vida cuidando al hijo de su señora como si éste se hubiera creado en sus propias entrañas, pero no sabía hasta qué punto esa era la situación de Nicola. Pese a la relación que les unía ahora, no sabía demasiadas cosas acerca de su vida. Sólo había acariciado la superficie, y el resto se mostraba esquivo.

Inclinó la cabeza como gesto de cortesía y saludo, deteniéndose a unos cuantos pasos de la mujer, permitiendo que el italiano se adelantara y entablase conversación. Se les veía muy unidos, desde lejos habría sido imposible distinguir que ella no era más que una subordinada a juzgar por las sonrisas que se regalaban, los gestos cálidos y el tierno abrazo con el que pareció querer formar un escudo en torno a Nicola para impedir que le pudiera llegar cualquier daño. La mujer se comportaba como una madre preocupada por su retoño.

Dio un paso hacia delante, acercándose a ellos, cuando la presentación tuvo lugar, regalándole una pequeña sonrisa a la mujer. Una sonrisa que se congeló de sorpresa al escuchar el tratamiento que le había dedicado. Sus ojos claros pasaron de Domenica a Nicola, sin decir nada, pues había estado seguro de que el chico se inventaría una historia rápida sobre una amistad o camaradería masculina. No había esperado en absoluto que confesara, sin problemas, su relación. Le sonrió, encantado, sin mostrarse ofendido cuando, al devolver su atención a la mujer, ésta había mudado su tierna expresión de preocupación y curiosidad por una de desagrado.

-No hace falta que me ruege. Ya lo hago, no permitiré que le ocurra nada, Nicola sabe que sería incluso capaz de matar por él si alguien se atreviese a dañarle -aseguró, mirando fijamente a la mujer- No intente convencerle de algo que sería un error, Domenica. Viviremos juntos y será libre, dejará atrás los grilletes de lo que la sociedad impone. Conmigo no tiene que ocultarse -miró de reojo a su pareja- No se preocupe por mis intenciones, le amo. Y ya es hora de que abandone el nido-Esbozó una nueva sonrisa y les miró.


Última edición por Deimos el Lun Abr 11 2016, 21:22, editado 1 vez


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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Nicola Stracci el Mar Mar 15 2016, 16:27

La mujer se mantuvo en duda tras haber escuchado al joven rubio, pensó que definitivamente, si se decía capaz de matar por Nicola, aquel par serían un auténtico peligro juntos. Desconocía que había un tercero, que el chico tan alto que ayudó a salir de la casa también estaba involucrado en ese extraño romance.
Entiendo, muchas gracias —le dijo a Deimos, aunque de forma absolutamente formal e incluso fría. No era culpa del muchacho, él no le había hecho nada, pero estaba en completo desacuerdo con las prácticas del Stracci. Por una parte lo comprendía, por otro no lo hacía para nada—. No hagan nada imprudente, el resto del mundo no los verá con los mismos ojos. En realidad me alegro de que el señorito por fin se vaya de esa casa, pero las formas... —negó, sin añadir nada más. Al menos se contentaba con ese amor que el escapista profesaba hacia el italiano, y su expresión cambió a una más suave cuando miró a Nicola.
Siempre había sido un chico solitario, y en el fondo se alegraba de que tuviera a Deimos aunque se tratara de un hombre.
Domenica —la llamó Nicola, dispuesto a cambiar de tema—. Quiero que te quedes en Salem cerca. Espera —la interrumpió primero al ver que ella hizo el ademán de hablar—. Si vuelves a Baltimore te acusarán de haber robado todo esto, así que te quedarás aquí conmigo y me servirás de apoyo extra. No quiero que mi padre sepa que estoy aquí.
Pero señorito, debería decirle, está muy preocupado...
Nicola negó, como respuesta.
Es mi deseo Domenica, y tú te quedarás conmigo.

Se acercó al coche para ver las cosas que había traído, y empezó a rebuscar entre aquellas pertenencias que eran las suyas. Había varias maletas repletas con su ropa, así que por fin podría despedirse de la que llevaba, y miró a Deimos.
Ayúdame a pasar todo esto al otro coche —le pidió, y comenzó por pasarle una de las maletas, luego él mismo tomó la otra y lo siguió para dejar todo allí, Domenica también puso de su parte.

También está esto —dijo ella al final, dándole un grueso sobre a Nicola.
El italiano lo tomó y abrió desvelando una gran cantidad de dinero dentro, y luego de repasar los billetes sacó un buen pellizco y se lo dio a Domenica.
Esconde mi coche en alguna parte y alójate en un hotel hasta que se me ocurra como arreglar del todo el asunto. No vayas al Black Swan.
Cerró el sobre con lo que quedaba y se lo guardó.
Necesito tiempo —insistió, al ver la duda en la expresión de la mujer—. Tú espera a que yo vaya a buscarte, pero si por casualidad alguien de la familia te encontrase diles que estoy en el circo y explícales, para que no tomen represalias contra ti.

Por favor, tengan mucho cuidado, esta locura nos traerá problemas a todos... —se despidió de ambos al final, a Nicola le dedicó una caricia maternal, y a Deimos le ofreció su mano para estrechársela, luego se montó en el auto en el que había venido con intenciones de cumplir órdenes, esconder el vehículo y luego ir a un hotel con el dinero que tenía. Era bastante así que podía estar por mucho tiempo en uno decente. Lo que le pesaba era que ahora ella también tenía que estar escondiéndose por capricho de Nicola.

El italiano suspiró cuando el coche comenzó a alejarse, sintiendo como se vaciaba de toda energía, y en ese preciso momento, al necesitarlo, se acercó a Deimos y lo abrazó, aproximandose a sus labios en busca de un beso que le resultara tranquilizador.
Esto es una locura, debería volver a Baltimore —dijo, flaqueando en su seguridad.




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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Magnus Vólker el Lun Abr 11 2016, 22:04

No hizo gesto alguno como respuestas a las palabras de gratitud, si es que realmente lo eran, de la criada, aunque volvió a sonreír al decir- Los ojos del resto del universo me traen sin cuidado, señora. No obstante, no tiene nada de lo que preocuparse, seremos buenos chicos -La sorna estaba más que clara para los oídos de Nicola, sin duda. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón, recargó el peso del cuerpo en la pierna derecha y esperó a que terminaran de hablar sin interrumpirles, mirándoles distraído.

Una de sus finas cejas se enarcó con curiosidad, ¿Nicola iba a mantener a Domenica durante el tiempo que durase su estancia allí o había llevado un dinero extra que desconocía? De por si el detalle del dinero estaba ahora de lo más complicado pues carecían del suficiente para conseguir una casa extra para esa mujer. Pensó en decir algo al respecto, pero sabía que no iba a servir de nada.

Bufó sin hacer demasiado ruido, pasando un momento la mirada por los árboles del horizonte. No le hacía la menor gracia tener que cargar con esa mujer, al principio había creído que su novio iba a cortar toda relación con su pasado aristocrático pero no parecía así, al menos hasta que ella estuviera en peligro. Suponía que tenía lógica, aunque eso no le quitaba el desagrado que sentía. Volvió a poner su mejor expresión neutra cuando la mujer le miró de soslayo y pensó en que, de una forma u otra, se comportaba como una esclava. Unas palabras del italiano habían sido suficientes para ordenarle que dejara su trabajo y quedara como clara culpable al huir.

Le ayudó a acomodar todo en el maletero del coche, apartando un par de panfletos y una diana que alguien se había dejado ahí dentro. Sin duda tenía muchas más cosas de las que había pensado, y tuvieron que jugar al tetris para hacer que encajara sin problemas. Jack y él tenían juntos menos ropa de la que parecía haber ahí, y eso que él siempre se había vanagloriado de tener un buen fondo de armario. Miró con discreta sorpresa la gran cantidad de dinero que había dentro del sobre, muchas cosas iban a cambiar a partir de ese momento.

Cerró el maletero y se giró para estrechar la mano de Domenica - Lo mismo digo. Encantado, y lamento que nos conoscamos en éstas circunstancias. -se apoyó en la parte trasera del coche y vio como el de la criada se alejaba y con ella se acercaban los problemas. Nicola había dejado en el aire la idea de que su familia se acercase por allí yendo en su búsqueda, y Deimos se preguntaba si eso era o no una posibilidad. No le importaba tener que enfrentarse a ellos directamente, pero no sabía si el castaño realmente lo haría. El concepto de familia biológica era algo sin sentido para él, igual que los valores de la misma. Pero no pensaba perder a Jack y Nicola, que daban forma a la suya.

Correspondió al abrazo y le besó, tirando de él para que se pegase al máximo y llevando sus manos a la cintura ajena. - No, no deberías. ¿Quieres dejarnos, volver con tu familia y seguir con esa vida que tenías?. No seas necio -cuestionó mirándole fijamente- Has empezado de cero con nosotros, y te prometo que no te arrepentirás. Lo que le he dicho a ella es cierto -volvió a besarle, sonriente- Lo único... ¿podrás acostumbrarte a no tener a una criada que vaya detrás de ti como si fueras su polluelo o tendré que empezar a bañarte y a vestirte? -bromeó antes de poner una expresión más seria, tocando un tema que tenía en mente- ¿Crees que vendrán a por ti? -cuestionó en referencia a sus padres- Nunca nos has hablado de ellos, en realidad nunca nos has contado nada acerca de tu historia... y queremos reconocer cada recodo de ti- Ciertamente él tampoco había preguntado acerca de la de Jack y Deimos, pero todo era un principio. - No te dejaré marchar.


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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Nicola Stracci el Vie Abr 15 2016, 15:36

El contacto con Deimos logró tranquilizarlo un poco, pues con ello recordaba por qué estaría haciendo todo eso, por él y por Jack, aunque los nervios y una ligera sensación de ansiedad no desaparecían del todo.
Dejaba mucho en Baltimore, una vida llena de lujos, una vida vacía pero en la que tenía todo lo que podía desear ¿Y qué estaba ganando? Aún tenía dudas al respecto, se había dicho que lo hacía por estar con ellos, pero dejar todo por un par de personas era muy «romántico», y él nunca se lo había considerado.

Mientras se mantenía abrazado al rubio miró sus ojos y escuchó las palabras que le dedicaba, quizás con el propósito de animarlo. Sus manos se quedaron en la espalda ajena, y, aunque rió ligeramente por su broma y negó con la cabeza ante ello, por su parte se hizo el silencio. Ni siquiera contestó inmediatamente cuando le hizo la pregunta de si irían a por él, dejando claro con su mutismo que la respuesta era obvia.

Al final volvió a besarlo, contentándose con eso.
Mi familia no sabe que estoy aquí pero me buscarán —le aseguró—. Dejo mis estudios inacabados y el legado familiar, en realidad es una gran irresponsabilidad por mi parte y entendería que se molestaran... —arrugó ligeramente el entrecejo, en realidad, lo que más le preocupaba a él era todo el dinero que no podría usar. Allí era pobre, un pobretón que no podía permitirse mucho, pues aunque tenía el dinero que había traído Domenica, tarde o temprano se acabaría.
Su ropa era el consuelo que le quedaba, aunque no había podido llevarla toda y se lamentaba por eso. Al menos una gran mayoría estaba cargada en el coche, y el otro vehículo, que era suyo, tampoco podía quedárselo. Era demasiado característico, lo reconocerían rápido, esperaba que Domenica supiera deshacerse de él o lo escondiera bien.

Se soltó de Deimos y se dirigió al coche, estaba dispuesto a usurpar su lugar de conductor para no tener que sufrir la sensación de que chocarían.
No necesitan saber de mi o mi familia, es una historia común y corriente —le dijo a Deimos, aunque en parte era mentira.
Simplemente, no quería hablar de ello, y por alguna razón, aunque había sido capaz de contarle la parte más horrible de su historia a Werther, con ellos no se sentía lo suficiente seguro como para hacerlo. ¿Y si lo ridiculizaban? ¿Y si trataban con poca importancia algo que le afectaba tanto? Werther había visto a su madre y comprendía, aunque fuera minúsculamente, lo que le había sucedido, ellos no tenían ni idea.
Vámonos a casa —sentenció, dispuesto a terminar aquella excursión—. Dejaré que te pruebes mi ropa, seguro que te queda bien.




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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Magnus Vólker el Dom Abr 24 2016, 22:06

Suspiró al oírle, desviando unos instantes la mirada hacia el mar de árboles que había a su derecha. No comprendía porqué aquel condenado legado familiar era tan increíblemente importante, aunque era más que probable que algún título importante le estuviera esperando en su cómodo lecho de rosas y algodón. - Por la forma en la que pretendes proteger a esa niñera tuya, cualquiera diría que de encontrarte no sólo se limitarían a un castigo... -comentó tras devolverle la mirada, enarcando una ceja- Te preguntaría qué crees que estaría dispuesto a hacer tu padre si eso ocurriera, no obstante... -rodó los ojos- intuyo que no me contestarás, por lo que guardaré mi curiosidad para otra ocasión.

Le dejó zafarse de su abrazo con una pequeña sonrisa, aunque no tardó en apresurarse en ir tras él y, tomándole del brazo, le hizo girarse para que apoyara la espalda contra la puerta del coche que previamente había cerrado sin permitirle entrar. - ¿Dónde vas, precioso? Pensé que habíamos quedado en que yo conducía también de regreso, no destroces mi ilusión. -bromeó teatralizando al llevarse una mano al pecho.- ¿Me dejarás tu ropa cara y de aristócrata? Fantástico, nunca he tenido la oportunidad de lucir algo semejante. Vísteme de rey -contestó encantado con el ofrecimiento, pese a que su sonrisa se borró levemente al retomar un tema que era más que evidente que el italiano quería cerrar.

-Escúchame un momento. Si necesitamos conocerte, tanto Jack como yo. Es más, lo deseamos. Podría fingir que me creo esa sandez de que no hay nada diferente en ti o en tu familia, pero los dos sabemos que soy más listo que eso. -le acarició el pómulo con dulzura, sin romper el contacto visual- Si fueras normal y corriente, Nicola, no te amaríamos como lo hacemos. No tienes porqué hacerlo hoy mismo, tienes todo el tiempo que necesites para ello pero, recuerda que estamos los tres juntos en esto. -Elevó la comisura izquierda en una sonrisa de medio lado- Por otra parte, de la misma forma que para ti es extraño vivir en un circo rodeado de "ratas", tal y como en una ocasión nos llamaste, para mi lo es hacerlo en una mansión rodeado de comodidades.  

Se apartó de él y sacó del bolsillo la llave del coche, que no dudó en lanzarle para que la atrapase al vuelo mientras él iba hacia el asiento del copiloto. - Ten, pero sólo porque me dejarás esa ropa tuya. Seguro que le puedo sacar partido a algo - le guñó un ojo y tomó asiento, mirando al frente. Si al final todo se trastocaba y los padres de Nicola conseguían dar con él, no permitirían que le dañasen de forma alguna. Deimos se veía perfectamente capacitado para hacer desaparecer del mapa al progenitor ajeno si con eso solucionaba sus problemas, al fin y al cabo lo bueno de vivir en un circo era que cada no demasiado tiempo cambiaban de ciudad. En cuanto al tema de su historia familiar... le dolía que Nicola no parecíese confiar en ellos y siguiera ocultándoles su pasado, además de que ni tan siquiera les había preguntado por el suyo, pero tenía la certeza de que todo cambiaría. Sólo era cuestión de tiempo. Al menos Baltimore les había unido, y eso no podría arrebatárselo nadie. Eso era lo que importaba.  


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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Nicola Stracci el Lun Mayo 09 2016, 01:51

Piensa que se llevó todas mis cosas y mucho dinero, seguramente pensarán que es una ladrona y habrá consecuencias... No me gustaría que se deshicieran de ella, me ha servido mucho —le comentó, como quien habla de un objeto, a pesar de que era más que evidente que guardaba afecto por aquella mujer, que había sido más madre suya que la verdadera.
Suspiró al escuchar sus siguientes palabras, y aunque Deimos ya se resignaba a no recibir una respuesta, Nicola se la ofreció lo mejor que pudo:
No lo sé. No sé que haría, pero definitivamente si supiera que estoy viviendo en un circo con dos hombres, bueno... Imagina el resto, igual que lo hago yo. —Se encogió de hombros—. Créeme que no quiero averiguarlo, por eso prefiero dejar las cosas en secreto, además... —Una sonrisa perversa se hizo visible en sus labios, una que delataba las malas intenciones de detrás—. ¿No crees que es maravillosa la incertidumbre de saber o no si tu heredero está muerto? Aunque sería un alivio para algunos ¡Ja!

Se vio contra la puerta del auto sin poder entrar, con Deimos muy cerca, y se limitó a ampliar su sonrisa ante aquel juego.
Es lo que Nicola consideraba, un juego, y levantó su mano para acariciar el bello rostro del escapista, delineando sus facciones sin ningún reparo, dejando que su mirada expresara lo demás.
Se lo había presentado a Domenica como su novio, eso era muy atrevido de su parte, también asimilaba cosas que hasta el momento no había hecho, pero tenía mucho que cerrar.
Te verás bien —comentó, refiriéndose a la ropa que pensaba prestarle, pero no solo a eso, así lo delataba la sonrisa que mantenía.

Y de nuevo allí estaba el tema que quería evadir.
Esta vez la caricia le fue dada a él, y las manos del italiano quedaron al margen, limitándose a recibir ese gesto y a compartir su mirada con Deimos. Si tan solo pudiera hacerle sentir lo mucho que le incomodaba hablar de esos temas estaba seguro de que dejaría de interesarse. O tal vez  tan solo alimentaría más su curiosidad...

Suspiró y quedó en silencio, agradeciendo luego en su mente el momento en el que recibió las llaves, que cazó al vuelo, y pudo ocupar el asiento de piloto.
Ahora solo quedaba poner rumbo de vuelta al circo, y antes de poner en marcha el motor se le notó dudar. Su duda se alargó por unos largos minutos, y finalmente alzó la mirada, que había dejado perdida en algún punto frente a ellos, y miró a Deimos.
Ya que tanto ansiaba saber, Nicola pensó que podría empezar desde el principio.
Nací en Italia, el 25 de mayo es mi cumpleaños —le comentó, y mostró una pequeña sonrisa porque la fecha estaba cercana—. Mi padre tiene bancos, mucho, por Europa y por aquí por Estados Unidos, también tiene... Otros negocios... —le dijo, dejando entrever que se trataban de cosas turbias—. Veamos, qué más... —Se apoyó en el volante, pensativo. Las partes más intimas de historia se las reservó, pues no se sentía preparado para compartirlas con Deimos—. Mi madre está loca, mi padre viaja mucho... Mi abuelo me enseñó a disparar desde muy pequeño... —Hizo una pequeña pausa, apretando los labios. No sabía como hacer encajar en lo que contaba esa parte de al historia, pero terminó por soltarlo—. Cuando cumplí 14 años maté a un hombre. Fue mi primera vez, antes sólo había matado animales porque me daba curiosidad ver como eran por dentro. —Se puso un poco ansioso, estremeciéndose ante el recuerdo, pero no porque le resultara negativo, sino porque alimentaba su excitación—. No me tembló el pulso —confesó, mirándolo directamente a los ojos, con los suyos ligeramente más abiertos y una sonrisa amplia—. Le disparé en el estómago. —Puso su mano como si estuviera sosteniendo un arma invisible, y después apuntó al frente, hacia el supuesto estómago del hombre que en su día mató.
Por sus ojos, su expresión, se hacía evidente que estaba reviviendo aquel recuerdo. Su respiración se cortó un momento, y luego salió de forma violenta, con la siguiente inspiración comenzó a reír de forma maniática, descontrolada, llevando ambas manos a su rostro ocultando la mitad superior de este, que no su sonrisa que no dejaba de ensancharse para mantener aquella risa.

De golpe descubrió su rostro y se inclinó hacia Deimos, mirándolo muy de cerca, colocando sus manos sobre su regazo en el que se apoyaba.
¿Te haces una idea de cuanta era su agonía? No iba a morir inmediatamente, tardaría un buen rato en el que los jugos de su estómago le causarían un terrible dolor... Y eso me gustó tanto. —Rió un poco más, aunque su risa fue más baja, como si se estuviera acabando—. Mi padre me miró como si fuera un monstruo, pero mi abuelo se estaba divirtiendo mucho, me dijo que le disparara en las rodillas... Y eso hice.




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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Magnus Vólker el Sáb Mayo 14 2016, 00:17

Tenía que reconocer que el punto de vista del italiano era del todo acertado. Debido a que la mujer que acababa de conocer le resultaba tan insignificante como una mota de polvo, no se había parado a pensar en lo que ésta había hecho para contentar a Nicola. El chico tenía razón, se había arriesgado y mucho. El señor Stracci no iba a estar nada contento si se enteraba de la verdad, desde luego, pero la mentira tampoco le resultaría demasiado grata. De una forma u otra, la mujer había puesto su vida en peligro. Todo dependía de los recursos que tuviera la familia para dar con ella, y, por lo que sabía, eran de todo menos escasos.

-No seré yo quien le diga donde estás -comentó con una pequeña sonrisa de medio lado- Y si al final consigue descubrirlo por sus propios medios, se arrepentirá de todo aquello que intente hacerte. -Era muy sencillo lanzar amenazas al aire sin saber realmente a quién debería enfrentarse si las cosas se torcieran, pero no se molestó siquiera en plantearse alguna duda. - Siempre me veo bien. -aseguró con narcisismo, levantando un poco el mentón para dar mayor peso a su confianza en si mismo.

Jack y él se lo habían pasado en grande usando de maniquí al castaño, probándoles prendas de ambos hasta que daban con alguna que le favoreciese o no le quedase demasiado larga o demasiado estrecha. Jack incluso parecía haber relajado su mente mientras lo hacían, contagiándose suavemente del buen humor que reinó en el carromato antes de que las sombras desconocidas le acosasen de nuevo. Estaba claro que para Nicola volver a vestirse con su propia ropa (cara, elegante y probablemente hecha a medida) iba a ser tan placentero como un orgasmo.

Ya dentro del coche se estiró un poco, tanto como le fue posible, y bajó la ventanilla para que el viaje resultase más cómodo mientras esperaba que su chico se decidiera a entrar. Por desgracia ese automóvil no era ni por asomo tan cómodo como el que conducía Domenica, que ya a simple vista se notaba lujoso y bonito.
Arqueó una ceja al ver que no encendió el motor y le miró de reojo, silencioso, esperando que le descubriera el motivo de su repentina meditación. Al ver que por fin se disponía a hablar giró el rostro hacia él para mirarle directamente.

-Tendré que ir pensando en un buen regalo entonces... -comentó regalandole a su vez otra sonrisa con la que intentó suavizar su notable tensión. La noticia de que su padre era banquero le hizo enarcar un poco una ceja, conteniendo las ganas de hacer un gesto aún mayor. Si era el propietario no solo de uno, sino de varios y en múltiples países, la fortuna de la familia Stracci era mucho mayor de lo que pensaba. ¿Prostitutas, mafia, drogas...? eran demasiadas las posibiliades de esos otros negocios y su curiosidad crecía.

La forma que tuvo de decir que su madre estaba loca no dejaba lo suficientemente claro si era un adjetivo al azar o la más pura realidad, pero la continuación de la historia le impidió preguntar nada al respecto. La confesión de ese aseinato, dicha al principio casi de pasada y después con emoción, le llamó poderosamente la atención. Le devolvió la mirada con una curiosidad propia de adolescentes, encantado con aquel cambio de expresión que había tenido lugar. Deimos desvió la mirada un segundo hacia donde debía encontrarse la víctima invisible y la volvió a posar en el perfil del italiano.
La brusta respiración, aquella forma de soltar el aire de golpe, fue acogida casi como si del propio disparo se tratara. El rubio sonrió abiertamente, sádico, ante la imagen mental que se había hecho de la narración, contagiado por la risa de Nicola.

No se asustó ante la cercanía repentina, pero borró la sonrisa, relajando un poco la expresión. Atento a sus palabras. - ¿Aún recuerdas sus gritos de horror? -cuestionó suavemente- ¿le miraste a los ojos mientras moría?. Es un momento glorioso... te conviertes en un dios que tiene en sus manos la vida de uno de sus fieles. -se mordió el labio inferior, sonriendo- Apuesto que tu padre te odió en ese instante, sin ver tu potencial. ¿Qué ocurrió después?

Se relamió los labios, volviendo a mirar un momento hacia donde había apuntado su novio, pensativo. Rememorando él también algo de su pasado. - Yo tenía quince años la primera vez. Fue en el circo... -volvió a mirarle, apoyando la cabeza en el respaldo- Supongo que ya has oído algunos rumores, y la mayoría son ciertos en ese aspecto. -llevó la mano hacia la de Nicola, rozandole la piel como si aún llevara esa pistola que jamás había visto- Le llamaban Rufus, era el payaso del circo. A los niños les entusiasmaba, hacían cola para ver sus juegos nauseabundos y escuchar su voz grotesca y aflautada. -arrugó la nariz con desagrado- Una tarde se dedicó a seguirme tras destrozar uno de mis primeros trucos. Creyó que mi enfado era pasajero y consideró aquello como una nueva forma de diversión no compartida. Podía verle por el rabillo del ojo, asomandose con su falsa sonrisa inflada, husmeando mis movimientos. Entró en mi tienda y... -inclinó la cabeza- En algún momento cogí uno de los bates que el malabarista se había olvidado ahí y empecé a golpearle. Con el primer roce su rechoncho y feo rostro quedó desfigurado. Nunca olvidaré el sonido de sus gritos y el de los huesos de su cráneo quebrándose como si fueran ramitas, pero, a la vez, con cada grito me enfadaba más. Era como un chirrido vomitivo. Le detestaba... Cayó al suelo y seguí golpeándole -encogió los hombros y rió entre dientes- Una de sus piernas se movía espasmódicamente- imitió el movimiento previo a la muerte con su pierna izquierda y volvió a reír- Por primera vez vi porqué le encontraban tan divertido. Su chiste final. -sonrió nuevamente, mirándole, habiendo correspondido la confesión- Tu fuiste más elegante.


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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Nicola Stracci el Jue Mayo 19 2016, 15:51

Asintió a ambas preguntas con una sonrisa, notando con placer como el otro parecía disfrutar tanto como él de viajar hasta aquellas memorias tan oscuras de su vida.
Luego hicimos un picnic allí —respondió a la última, riendo con un deje infantil—. Era uno de los terrenos de mi familia, un lugar hermoso con buenas vistas y una pérgola de madera.
Aparte de eso no recordaba mucho más de aquella velada, pues lo que más lo había impactado y se había gravado en su memoria fue el hecho mismo de su primer asesinato, que traían a su vez una oleada de sensaciones que Nicola reviví con placer, el peso de la pistola, el retroceso de ésta, los gritos de dolor y agonía del pobre desgraciado, la sonrisa de su abuelo...
El silencio de su padre, su pesar y su preocupación habían quedado en el olvido, ya nada quedaba de eso en la memoria de Nicola, solo la excitante sensación de haber segado una vida con tanta crueldad e indiferencia.

El turno fue ahora de Deimos para contar su jugueteo con la muerte, y tal y como el otro había hecho él guardó silencio y escuchó la historia que compartía con él en ese momento tan íntimo, dejándose cabalgar por las sensaciones que el escapista narraba.
Quedó prendado de sus ojos mientras las palabras fluían, y al notar el suave roce en su mano la movió sin pensarlo para atrapar la de Deimos entre sus dedos.
Su risa comenzó en cuanto llegó al punto en el que destrozaba el cráneo de aquel payaso, siendo baja y lenta, regocijándose en tan divertida idea del final del payaso, y cuando Deimos imitó el espasmo post-mortem de su pierna rió de forma más abierta, divirtiéndose realmente con esa idea.
Habría merecido algo peor, por molesto —fue su comentario, sin darle más importancia a esa vida tomada por las manos de su novio que al de una cucaracha aplastada.
Aún saboreando la dulce muerte de su historia se aproximó lo suficiente para dejar un beso sobre sus labios, y aunque éste fue inocente y casi dulce, el segundo que le dio no fue nada recatado.
Un buen comienzo de historias compartidas—rió bajo, terminando con una mordida suave en los labios ajenos, según observaba sus ojos—. ¿Qué pasó después? —ofreció la misma pregunta que él le hizo antes, dejándose llevar por la curiosidad.




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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Magnus Vólker el Dom Jun 05 2016, 02:13

Su rostro dibujó una pequeña expresión de sorprendida curiosidad. Un picnic... era extraño como algo tan aparentemente inofensivo, casual e idílico podía evocar imágenes tan sumamente grotescas. La extravagancia siempre iba de la mano con la riqueza.

La mente del escapista había esbozado aquellos terrenos que le habían sido descritos a grandes rasgos y podía visualizar con claridad la hermosa pérgola de madera labrada, quizá algo oculta por bonitas enredaderas, que se alzaba unos cuantos metros hacia el cielo libre de nubes.
La familia estaba sentada cómodamente, rodeando un mantel de tela que, pese a parecer vulgar, probablemente era de una calidad excelente. Comían, reían y charlaban despreocupados mientras el hombre al que habían disparado yacía tirado cual guiñapo en el suelo. Muerto desde hacía rato y con el rigor mortis ya acosando sus miembros, bañado en sangre. Podía imaginar a Nicola degustando un postre dulzón mientras observaba de soslayo a su víctima, aburrido ya de la misma. - Sin duda el espectáculo de su muerte os abrió el apetito -comentó sonriendo con naturalidad.

Entrelazó sus dedos en los ajenos mientras le hablaba, casi sin darse cuenta de aquel detalle, guiándose por el suave tacto de su piel. Su sonrisa se amplió ante el ataque de risa de su novio, contemplándole con deleite. - Por supuesto. Me arrepiento de no haberle hecho trocitos en vida, podría haberlo servido como estofado, ¿no crees? -bromeó, haciendo después un gesto de asco ante la idea de comer algo semejante, rechazando su propia idea.

Correspondió a sus besos, tirando un poco de su brazo para que se acercara ligeramente, asintiendo, suspirando un poco ante ese mordisco que le hizo perder por un momento el hilo de sus pensamientos- Si, seguro que Jack también estará más que encantado de contarte la suya -la sonrisa que acababa de esbozar se borró hasta desaparecer debido a la pregunta. Le soltó las manos y se acomodó hasta volver a apoyar la espalda en el asiento del copiloto, con un semblante serio y oscuro.

Él no tenía picnics que ofrecer, ni escenas sublimes o hilarantes, sólo su caída por al infierno- Después Christopher consiguió que me encerraran en Byberry por asesinato y demencia -resumió sin mayor floritura, aún sin tener claro si Nicola era consciente de que el encargado de limpieza había sido el antiguo propietario del circo. Hombre que, a decir verdad, solía escapar de la vista de Deimos tanto como le era posible pues sabía que éste le atesoraba un odio único y una venganza que no había llegado a cumplir tan sólo por Kóstyk. Adoraba demasiado el circo como para arriesgarse a ser alejado del mismo una vez más.  

Se echó un mechón de cabello que le molestaba hacia detrás y giró el rostro, primero hacia el horizonte y después para mirar a Nicola. Era tan curioso que dos vidas tan opuestas, nacidos en escalones muy dispares de la sociedad, les hubiera llevado hasta el mismo punto...


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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Nicola Stracci el Lun Jun 06 2016, 02:38

Arrugó la nariz con asco cuando comentó lo de haberlo hecho estofado. Para Nicola no era la idea más atrayente del mundo, sobretodo si pensaba que después tendría que comerlo, pero si omitían ese detalle habría sido fabuloso, dárselo de comer a los demás sin que hubiesen sabido.
Terminó por negar con la cabeza, y luego rió, pues parecía que Deimos había pensado lo mismo, eso dedujo al ver su expresión asqueada.

Sus dedos entrelazados en aquella suave unión, las miradas y los movimientos, lo cerca que estaban, les daba aspecto de ser un par de dulces amantes, y aunque sus palabras distaban mucho de ser las convencionales confesiones de amor, en su propio mundo aquello era maravilloso.
Jack... —dijo su nombre en un susurro, con duda.
Que Deimos lo hubiera mencionado hacía que Nico recordara que él no estaba allí con ellos, y quería que estuviera.
Su mundo de tres era muy particular, nunca se había planteado tener parejas, novios, compañeros de vida o como fuera que los quisieran llamar, y de pronto tenía dos.

Soltó la mano de Deimos y se puso recto cuando notó los movimientos de éste, y se dedicó a observar y escuchar la siguiente parte de la historia, aunque fue mucho más breve de lo que esperaba.
La curiosidad nació en él, pero no estaba seguro de si era el momento de indagar ¿No debería estar Jack delante? Se dijo.
¿Christopher no es el tipo viejo que limpia? —dudó, pues no recordaba con facilidad nombres y caras de gente que no le interesaban lo más mínimo—. Byberry... —Arrugó el entrecejo y desplazó la vista al frente, poniendo las manos sobre el volante mientras intentaba pensar si había oído alguna vez de aquel lugar.
No estaba muy seguro, pero imaginaba que debía ser o bien una cárcel o una hospital psiquiátrico, probablemente el segundo.

Compartió y una mirada silenciosa con Deimos, sin palabras trataba de comprender, y se dijo que todavía no era el momento.
... Volvamos ya —comentó—. Espero que Jack esté un poco más desocupado ahora. —Mostró una sonrisa, aunque fuera pequeña—. Así podremos estar los tres.
El rugido del motor se hizo oír cuando Nicola arrancó el coche.
Quiero saber el resto después, yo también les contaré.




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Re: Necesito mis cosas (Deimos)

Mensaje por Magnus Vólker el Jue Jun 23 2016, 20:56

Asintió como si aquel asunto no le importase lo más mínimo o incluso lo considerase en extremo aburrido aunque, por supuesto, no era así en absoluto.- Si, el mismo, tienes buena memoria. -esbozó una sonrisa cargada de amargura- Antes era el dueño del circo, pero el gitano se encargó de bajarle tantos puestos como le fue posible. Si por mi fuera, se lo habría dado de juguete a los leones...-no puso demasiado énfasis en el comentario, pese a que le miró de soslayo.

Escuchar como pronunciaba el nombre del lugar que tanto daño les había causado le resultaba muy extraño. Esa cadencia de sílabas, ese delicado acento italiano que tanto le gustaba, parecía teñir ese nombre propio con una elegancia de la que era por completo indigno.

Volvió a asentir con un pequeño cabeceo, volviendo a acomodarse y a perder la mirada en el horizonte. - Si no lo está, le obligaremos. Cuando trabaja, el resto del mundo parece evaporarse y no recuerda que incluso él necesita descansar -comentó con una suave sonrisa, apoyando el antebrazo en el hierro de la ventanilla. - Perfecto.

Que Nicola se mostrase interesado en sus vidas y, además, dispuesto a contarles la suya, era un avance inmenso. A decir verdad la relación que tenían distaba mucho de ser semejante si quiera a una cotidiana, por lo que no habían seguido ni por asomo los pasos clásicos antes de iniciar un noviazgo. Y eso incluía desconocer por completo el pasado del contrario.
Deimos sentía una profunda curiosidad al respecto, curiosidad que no había dudado en demostrar en numerosas ocasiones ganándose una mirada esquiva. Pero por fin parecía que había llegado el momento de saber qué era lo que realmente escondía el castaño.

-Espero que, pese a lo que te contemos, no huyas despavorido de regreso a tu bonita y enorme mansión -bromeó, disfrutando del aire que se colaba en el interior del automóvil- Estoy deseando saber de ti, Nicola Stracci.  -otorgó al nombre ajeno un deje nobiliario y solemne gracias a un tono de voz un poco más grave y lento.

El parque  y los árboles pronto se vieron sustituídos por la carretera mientras conducía en dirección al circo, compartiendo un cómodo silencio tan sólo roto por el rugido del motor y el viento.



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