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Ficha de Japhet

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Ficha de Japhet

Mensaje por Japhet D'Adhémar el Lun Mar 28 2016, 01:30

Malleus Malificarum
se afirma que una sólida creencia en los brujos no es doctrina católica: véase el capítulo 26, pregunta 5 de la obra de Epíscopo. Quiencrea que cualquier criatura puede ser cambiada para mejor o para peor, o transformada en otra cosa u otro ser, por cualquiera que no sea el Creador de todas las cosas, es peor que un pagano y un hereje. De manera que cuando informan que tales cosas son efectuadas por brujos, su afirmación no es católica, sino simplemente herética. Más aun, no existe acto de brujería que posea efecto permanente entre nosotros. Y esta es la prueba de ello: que si así fuera, sería efectuada por obra delos demonios. Pero asegurar que el diablo tiene el poder de cambiar los cuerpos humanos e infligirles daño permanente no parece estar de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia. Porque de este modo podrían destruir el mundo' entero, y llevarlo a la más espantosa confusión.
Más aún, toda alteración que se produce en el cuerpo humano -por, ejemplo el estado de salud o el de enfermedad - puede atribuirse a causas naturales, como nos lo demostró Aristóteles en su séptimo libro de la Física. Y la mayor de estas causases la influencia de las estrellas. Pero los demonios no pueden inmiscuirse en el movimiento de las estrellas. Esta es la. opinión de Dionisio en su epístola, a San Policarpo. Porque eso sólo puede hacerlo Dios. Por lo tanto es evidente que los demonios no pueden en verdad efectuar ninguna transformación permanente en los cuerpos de los humanos; es decir, ninguna metamorfosis real Y de ese modo debemos atribuir la aparición de cualquiera de esos cambios a alguna causa oscura y oculta.
Y el poder de Dios es más fuerte que el del diablo, así que las obras divinas son más verdaderas que las demoniacas. De donde, cuando el mal es poderoso en el mundo, tiene que ser obra del diablo, en permanente conflicto con la de Dios. Por lo tanto, como es ilegal mantener que las malas artes del demonio pueden en apariencia superar la obra, de Dios, del mismo modo es ilegal creer que las más nobles obras de la creación, es decir, los hombres y los animales, puedan ser dañadas o estropeadas por el poder del diablo. Más aun, que lo que se encuentra bajo la influencia de un objeto material no puede tener poder sobre los objetos corpóreos. Pero los demonios están subordinados a ciertas influencias de las estrellas, porque los magos observan el curso de determinadas estrellas para invocar a los demonios. Por lo tanto, ellos carecen del poder de provocar cambio alguno en un objeto corpóreo, y de ahí que las brujas poseen menos poder que los demonios.
Nacido como uno más de la noble familia Adhémar, Japhet contó con los beneficios que podía darle el ser una de las familias más influyentes del Delfinado.
Al no ser el hijo mayor, y por tanto, no ser el heredero, tenía dos caminos a seguir: la oración o la batalla.
Siendo un niño ingresó en un monasterio en el que recibió educación mientras servía a los monjes, los ayudaba con sus tareas a la vez que aprendía a leer y oraba, formándose en el culto cristiano, aunque más adelante sentiría la llamada a las armas y abandonaría sus estudios monacales para formarse como guerrero, empezando como escudero de un hidalgo al que siguió a España para proseguir con su instrucción.

Teniendo 15 años presenció como la Iglesia católica aprobaba oficialmente la Orden de los Templarios, y el interés en pertenecer a ésta fue superior a los deseos de permanecer con el hidalgo, de quien consideraba que ya había aprendido lo suficiente, pues él se dedicaba a pasear su lanza sin guerrear y eso a un joven como él lo aburría.
Años más tarde, sería iniciado como un recluta de la orden.

El rito de iniciación de los templarios puso en duda las creencias cristianas que se le habían inculcado en el monasterio y pasó a escupir sobre la cruz, negar a cristo y adorar a Baphomet.

Siendo mayor participó en las cruzadas, como un caballero consumado de la orden, junto con otras misiones con las que fue labrándose un nombre dentro y fuera de los Templarios.

Sintió la llamada de su dios oscuro cuando este le ordenó que eliminara al mal sobre el mundo, y él se lo comunicó a sus hermanos. Algunos habían pasado por lo mismo, otros estaban fascinados, e incluso envidiosos, por el mensaje que aquella figura había inducido en ellos.
Japhet estaba muy seguro de hacia donde quería enfocar su vida, y la lucha contra los males del mundo se intensificó por su parte.


Su vida podría haberse resumido en lucha y más luchas, una muerte honrosa en el campo de batalla a sus 37 años, o algo semejante, de no ser por el día en el que una mujer quedó prendada de él.
Japhet mantuvo sus votos de castidad y se negó a ella todas las veces que sus insinuaciones se cruzaron en su camino, pero Japhet tuvo la mala suerte de negarse una y otra vez a una bruja que sintió su orgullo herido, y que con cada negativa tan solo hacía que creciera su obsesión por aquel hombre.
Era hermosa, nadie jamás le había dicho que no, pero el caballero no mostró ningún interés, y eso fue tormentoso para la bruja, que por querer tenerlo de la manera que fuera lo hizo caer en sus garras con embrujos.
Lo mantuvo cautivo en contra de su voluntad, ella le preguntó una y otra vez: «¿Me amas ahora?» y Japhet a todas ellas respondía: «No». Por cada negativa, un puñal se clavaba en la carne abriendo una nueva herida que se sumaba a las hechas durante días de encierro.
La resistencia de Japhet era implacable, y se afirmaba cada día con su devoción a Baphomet.

«¿Acaso no soy hermosa? ¿No me amas?», preguntó ella con los ojos llorosos, y Japhet respondió, con su último aliento: «Tu belleza está corrupta, jamás nadie te amará».
Aquellas palabras fueron las que dieron fin a su vida, y la bruja, aterrorizada al verlo muerto, trató de enmendar su terrible error para traerlo de nuevo a la vida, llorando al sentir el enorme vacío de su ausencia, a pesar de que realmente jamás lo tuvo.

Japhet regresó de entre los muertos cuando sus heridas aún sangraban y cuando su corazón apenas había dejado de latir cuando aquella dama oscura le insufló su energía para devolverlo al mundo de los vivos, pero en consecuencia perdió su encanto y mostró su verdadera forma, envejeciendo de golpe todos los años que cargaba consigo y que se había esmerado por ocultar.
«¡No me mires!», gritó, ocultando su rostro, y Japhet, viéndose libre, la mató con el mismo puñal que horas atrás le había dado muerte a él.
«Tu vida por la mía», sentenció.

Aquel suceso significó una retirada espiritual para Japhet, quien volvió a aferrarse a sus votos y marchó de viaje por toda Europa.
Había eliminado a un ser oscuro, eso lo tenía claro, pero había algo raro en él, y no estaba seguro de qué.

Pasó el tiempo, Japhet se dedicó en cuerpo y alma a erradicar los demonios del mundo, y cuando cumplió 60 años se dio cuenta de que no podía morir, al igual que no podía envejecer.
Atemorizado por la idea de haberse convertido él mismo en un demonio se retiró a buscar a su dios Baphomet en sus oraciones para pedirle consuelo, pero lo poco que recibió de él fue un mensaje que lo ordenaba a seguir con su misión impuesta.

Con el paso de los años la Orden de los Templarios fue supuestamente erradicada, los miembros fueron ordenados a atrapar para condenarlos pero Japhet jamás fue encontrado, pues su nombre ya no figuraba en ninguna parte. Habían pasado tantos años que era imposible pensar que estuviera vivo, aunque nadie jamás hubiese visto su cadáver o su tumba.

Cuando la nueva tierra, América, fue descubierta, marchó allí para continuar con su lucha contra los demonios en tierras lejanas. Contribuyó al exterminio de tribus indígenas de dudosas creencias y terminó por asentarse allí.
Su trato con la gente era prácticamente nulo, a veces se presentaba como un simple monje, y más adelante su faceta luchadora volvería con todas sus fuerzas en los juicios de Salem, en los que quemó en la hoguera a cientos de brujas, y condenó a otras muchas más, uniéndose a la inquisición y a una misteriosa orden llamada Black Cross.

Una última misión se torció.
300 años atrás, aproximadamente, debía transportar una valiosa llave que abría una recámara que solo conocía él, en la que contenía información muy valiosa para los Black Cross, pero para su mala suerte, o tal vez como una prueba de su dios, unas brujas lo atraparon y en venganza por sus hermanas lo torturaron.
Ellas vieron que daba igual cuanto daño le hicieran, Japhet no moría, así que lo encerraron en una roca sin saber jamás que era lo que portaba o donde estaba la cámara.



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Japhet D'Adhémar
Nombre: Japhet D'Adhémar.
Fecha de nacimiento: 16/04/1114.
Género: Masculino.
Procedencia: Francia.
Estado civil: Soltero.
Otros: A pesar de sus votos de castidad, yació con mujeres y dejó descendencia, luego se arrepentía a su dios y era perdonado.
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Re: Ficha de Japhet

Mensaje por Reynard Geist el Lun Mar 28 2016, 03:25

Aceptado
Bienvenido al siglo XX Japhet. Veo que has llevado una vida bastante interesante, aunque no me logro imaginar que se sentirá pasar tantos años encerrado. Bueno, veamos cómo se te dan las cosas en este nuevo siglo con todos los avances que te vas a encontrar y tal, mucha suerte.  


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